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	<title>Antonio Castro, autor en Página 72 Tertulia literaria</title>
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		<title>ANASTÉ (y nosotros)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Castro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 13 Oct 2024 22:56:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión Antonio Castro]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Antonio Castro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Soy, o al menos lo intento, un sempiterno agradecido. Pienso que la vida y el mundo en que me ha tocado vivir son un regalo, pese a los contratiempos, problemas y adversidades que hayan ido surgiendo en el camino a lo largo de los años. Pese a los esfuerzos que hacemos muchas veces en tornarlo invivible e inhóspito. Por eso, doy las gracias todos los días y aprovecho cualquier momento para disfrutar, solo o en compañía, de las oportunidades que me brindan el mundo y la vida. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><br>La tarde del jueves, 10 de octubre, fue uno de esos momentos, que por suerte se repite, cada vez que nos reunimos al calor de la palabra en todas sus formas. La tertulia, nuestra tertulia, y de todos los que acuden a ella como amigos o invitados, es más cada día un espacio abierto al diálogo, a la participación y al crecimiento literario y personal. Y también al sacrificio. Porque el acto de escribir requiere al menos dos rituales de corte sacrificial. Dos voluntarias inmolaciones (al igual que <strong><em>Anasté</em></strong>) para obtener, alegóricamente, un supuesto, imaginado e hipotético beneficio individual y grupal.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br>No voy añadir nada a la presentación de <strong><em>Anasté</em></strong>, realizada con soltura y perfección por nuestro compañero <strong>Miguel Murillo</strong>, y mucho menos a la magnífica charla que nos llevó de lo mítico a lo humano, de la tragedia histórica y real a lo deífico, lo mitológico y lo fabuloso a través de la dramaturgia y de los versos, transmutados en narración, declamación y poesía en la boca de su autor, <strong>Marino González Montero</strong>, nuestro invitado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br>No debo ni quiero añadir nada. Solo aplaudir y felicitar a quienes nos hicieron pasar rato tan instructivo y agradable. Pero sí quiero resaltar, tornando a la alegoría que nos ofrece <strong><em>Anasté</em></strong>, la importancia que tiene esa voluntad de ofrenda que lleva ( que llevamos) a cabo al exponer sobre la mesa -clara analogía del altar- un trabajo que entraña desnudarnos ante los otros y presentar con humildad, cual hecatombe de sentimientos, nuestra creación, esperando que los dioses sean propicios.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br>Gracias, compañeros y compañeras de tertulia.<br></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Luces de otoño</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Castro]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Jun 2024 23:08:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Presentaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Pecellín 2023]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">El día 2 de octubre de 2023, después de nuestra habitual tertulia, en la que nuestro invitado del día, <strong>Manuel Pecellín</strong>, participó como uno más de los que la componemos, tuve la oportunidad y el honor de llevar a cabo la presentación de, por entonces, su última obra publicada: <strong><em>Luces de otoño</em></strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entrecomillado y en cursiva dejo un extracto de la misma:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>&lt;&lt;Natural de Monesterio (1944), se licenció en Teología por la Universidad P. de Salamanca con una Memoria sobre Teilhard de Chardin. Obtuvo la licenciatura en Filosofía por la Complutense, donde <strong>se doctoró&nbsp;con la tesis&nbsp;El Krausismo en</strong> <strong>Extremadura.</strong>&nbsp;Catedrático de Instituto por oposición (1977) y profesor de Antropología en la Escuela Universitaria Santa Ana (Almendralejo), ha publicado <strong>una larga veintena de obras sobre escritores y filósofos extremeños</strong>, así como <strong>once volúmenes de Bibliografía</strong> y <strong>seis libros de creación</strong>. Ha participado en la fundación de la AEEX, la UBEx, el Ateneo de Badajoz, la Asociación Extremeño-Alentejana, la Gran Enciclopedia de Extremadura, el Servicio de Publicaciones de la diputación pacense, la fundación pedagógica Juan Uña y otras instituciones culturales de la región, asumiendo en ellas distintas responsabilidades. Fue director del Centro de Estudios Extremeños y de su revista. Fue secretario de la R. Academia de Extremadura y <strong>tiene la Medalla de Extremadura</strong>. Ha impartido docencia durante tres lustros en el Programa de Mayores de la Universidad de Extremadura.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es solo un ejemplo de su trabajo y su disposición como piedra clave en la construcción del entramado cultural del que somos hereditarios. Justo es hacer un reconocimiento en ese sentido.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>No sé si por la amistad que nos une o por mi tendencia hiperbólica de escritor oso decir que Manuel Pecellín es el hombre que más sabe de libros en toda Extremadura. Incluso voy más allá y afirmo que después de Bartolomé José Gallardo y Antonio Rodríguez Moñino, el más cualificado bibliógrafo y bibliófilo de nuestra comunidad reside en su persona.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La presencia de Manuel Pecellín entre nosotros es como el maravilloso paisaje que se ve desde su querida y cercana Tentudía o como las puestas de sol sobre el Guadiana que podemos contemplar desde la muralla de la alcazaba, que como estamos acostumbrados a gozar de ellas no le otorgamos importancia.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Dicho lo anterior y centrándonos en la presentación de <strong>Luces de otoño</strong> (editado con gusto y minuciosamente por Pigmalión, como su anterior obra, <strong>Máscaras de invierno</strong>) debo, antes de nada, recomendar la lectura del prólogo a cargo de <strong>Juan Carlos Rodríguez Búrdalo</strong>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Luces de otoño</em></strong><em> es difícil de encasillar, por no decir imposible. Porque este libro, al igual que sus predecesores, tiene mucho de todo: crónicas, reseñas, relatos, historia, episodios, encuentros, congresos, personas y personajes, mucha literatura y muchos, muchos recuerdos.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Desde un punto de vista académico sería sencillo incluirlo bajo el epígrafe de miscelánea, pero, desde mi modesto punto de vista, va más allá. Leer <strong>Luces de otoño</strong> es un ejercicio continuo de aprendizaje, de inmersión en la cultura y de memoria.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El propio autor tiene una imagen muy bella que trata de explicar la obra. La considera como un gran puñado de cerezas metidas en un bol, que cuando uno tira del rabillo de una, engarzadas del mismo le siguen otras muchas. Y yo, como amante de las setas, la considero como una gigantesca micorriza, esa invisible y común raíz, ese micelio que une y alimenta cientos, miles de hongos.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Como muestra de su capacidad para generar ese atractivo entramado quiero citar como ejemplo dos reseñas de las muchas que podría haber extraído de <strong>Luces de otoño</strong>: “Hernán Cortés” y “Las ventosas del señor Manuel”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Para finalizar (inspirado en la lectura de su obra) le dediqué el siguiente poema</em>:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>LUCES DE OTOÑO</em></strong><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si mágica se ve la luz de otoño,</em><br><em>su color, al que faltan adjetivos</em><br><em>para nombrarlo del todo, no es</em><br><em>también menos mágica tu palabra,</em><br><em>la humilde precisión de tus relatos,</em><br><em>de tus crónicas talladas a golpe</em><br><em>de cantero de tinta y de memoria.</em><br></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Todo libro que nace es un árbol</em><br><em>que surge y se eleva contra el olvido.</em><br><em>Un libro tiene siempre algo de surco</em><br><em>recién arado, pura sementera.</em><br><em>Sus páginas, son semillas lanzadas</em><br><em>con ilusión labriega hacia el futuro.</em><br></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Y tú, Manuel, amigo, con destreza</em><br><em>y paciencia campesina has labrado</em><br><em>el barbecho, preñándolo de mies</em><br><em>como quien fragua un sueño, porque sabes</em><br><em>que el verano también está en diciembre.</em><br></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Estas hojas de otoño llevan luces</em><br><em>prendidas a sus tallos. Cuando caen</em><br><em>son dulzura de octubre en nuestros ojos>>.</em><br></p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminada mi intervención, Manuel Pecellín manifestó su agradecimiento y dio nuevamente muestra de su humildad al no conceder importancia a su trayectoria biográfica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Posteriormente fue desmenuzando los entresijos de la obra, haciéndonos partícipes de su génesis y de su desarrollo. De su propia voz pudimos escuchar la motivación y origen de sus variopintos comentarios. De qué manera su quehacer cotidiano, ligado indefectiblemente al universo literario (sobre todo en lo referente a autores o publicaciones relacionadas con Extremadura), se constituía en el germen de sus escritos (resumiendo en esta palabra la diversidad que engloba, difícil de encasillar en un género concreto). Y cómo la reseña de una novela, de un poemario, de un congreso o de una conferencia, por nombrar algunas de sus múltiples actividades, no se concretizaba sólo en eso, sino que también servía de excusa o trampolín para lanzarse a bucear en su propia memoria y en sus recuerdos o para disertar sobre aspectos literarios, sociales, filosóficos o científicos de manera aguda y acertada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final de la presentación se estableció un ameno diálogo entre el autor y los asistentes, finalizando el acto con una entrañable foto de familia.</p>



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