El lunes, día 2 de marzo, contaremos con la presencia de Rosa Estremera. Una escritora madrileña que presentará su última obra,Herida propia, en el salón de actos de la Fundación CB, Montesinos 22, a las 19:30.
Importante estar atentos a este cambio de horario: 19:30.

¿QUIÉN ES ROSA ESTREMERA?
Nacida en Ceuta en 1966 se afinca en Madrid en 1988. Psicoanalista y poeta, ha publicado desde 2014 seis libros de poesía con la editorial Vitruvio y ha conseguido hacerse un lugar entre las mejores poetas del panorama actual literario. Con obras ya consolidadas como Las Tierras que nos cubren, El monopolio de los árboles que fue elegido entre los doce mejores libros de poesía por la Asociación de Editores de Poesía (A.E.P) en 2019 y que tuvo dos ediciones, cómo también las tuvo, la segunda ampliada, Todos los cuentos son tu mirada. Nos lleva aún más allá con este personal, valiente y biográfico camino por su historia. Herida propia, su último libro, abre un interesante camino poético.

¿DE QUÉ TRATA HERIDA PROPIA?
André Pérez García-Tomás, en la Revista Cervantes hace una reseña muy significativa:
«Rosa Estremera construye en Herida propia un mosaico autobiográfico que bascula entre la evocación de la infancia, la reconstrucción de la genealogía femenina, la celebración del amor y la constatación de las heridas que deja el tiempo. Es un texto híbrido —a caballo entre la poesía en prosa y la narración lírica— donde la autora no se esconde: se expone con franqueza y ternura, reivindicando la palabra como refugio y como cicatriz.
El libro comienza con el nacimiento, y a partir de ahí el relato se despliega en círculos concéntricos que van del yo a la madre, de la madre a la abuela, y de la abuela a las mujeres de la historia. La autora convierte lo personal en universal: la abuela huérfana, marcada por la guerra y el hambre, simboliza a tantas mujeres silenciadas, mientras que la madre encarna la resiliencia del cuidado. Hay aquí una voluntad de homenaje, pero también una conciencia crítica sobre la dureza de la tradición y la transmisión intergeneracional del dolor.
El texto avanza hacia la educación sentimental, donde aparecen los primeros amores, la desilusión, la traición, la pasión y, finalmente, la madurez del encuentro definitivo. La autora recurre a imágenes cotidianas (el cine, el colegio, las cartas a Peter Pan, los besos robados) para levantar una poética de lo vivido. Su mirada no idealiza: el amor se muestra a la vez como herida y salvación, como naufragio y puerto seguro.
La palabra “herida” atraviesa todo el libro: heridas de infancia, de injusticia, de religión, de pérdida. Estremera no evita la confrontación con la fe: la figura de Cristo aparece no como dogma, sino como símbolo humano de ternura y heroísmo. La experiencia dolorosa con la Iglesia (el episodio del sacerdote que la llama “adúltera”) marca un punto de quiebre, pero la autora transforma la ruptura en un espacio de búsqueda interior y de espiritualidad laica.
El estilo es evocador, cercano al diario íntimo y a la memoria poética. Predominan frases largas, cargadas de imágenes sensoriales (olores, colores, sonidos), lo que convierte cada capítulo en una pequeña cápsula lírica. La voz se mantiene honesta, sin artificios, con un tono que oscila entre la melancolía y la celebración. Quizás en algunos pasajes la abundancia de metáforas y recuerdos dilata demasiado el ritmo, pero esa acumulación también transmite la intensidad de una vida recordada en plenitud.
Herida propia no es solo un testimonio personal: es un relato generacional. Habla de una infancia marcada por la televisión en blanco y negro, los viajes en tren, la disciplina del conservatorio, las fiestas de barrio y las contradicciones de una sociedad española en transición. En ese sentido, la autora convierte su biografía en un espejo en el que muchos lectores pueden reconocerse.
Herida propia es un libro honesto y valiente, donde la autora pone la memoria al servicio de la palabra poética para sanar y dejar constancia. Rosa Estremera logra un equilibrio entre la nostalgia, la denuncia y el canto a la vida. Su escritura se levanta como un puente entre lo íntimo y lo colectivo, recordándonos que todos somos, como dice ella, “herida propia de nuestra historia”.»
