El día 2 de febrero, la Tertulia Página 72, tuvo como invitada a la autora Ana Bermejo Fernández, para darnos a conocer su último poemario, “Todas las bocas”, en la Fundación CB de la calle Montesinos, 22.
Tuve el honor de llevar la coordinación del acto manteniendo un dialogo con Ana Bermejo. Así, ante la pregunta de: ¿Cómo lo haces para compaginar tu trabajo en la enseñanza con las colaboraciones literarias? Ana nos confesó que escribe desde siempre y lo hace de forma natural.
Seguidamente nos comentó que el título es un recordatorio para todas aquellas personas que habían formado parte de su vida.

Algunos componentes de la Tertulia participaron en la lectura de algunos poemas del libro, acercándonos a la personalidad y el semblante de la escritora. Juan Manuel, leyó el que da título al poemario: Todas las bocas
Me alzo invierno con todo su frío y sus nubes grises;
pero no olvides que puedo seguir siendo refugio
mientras pintes los veranos en todas mis cavernas.
Aunque a veces nacen flores que recorren mis arterias
susurrando tu nombre,
aunque te marches,
aunque no me quede…
Porque a veces hiela de noche en todas las bocas.

Y así fueron pasando de boca en boca El beso, que lo recitó la propia Ana
No sé si entiendes cómo puede caber tanto amor
en un músculo tan pequeño.
Ni pienso si este ir y venir en días impares
será la cura para esa distancia de bocas,
de piel y de palabras susurrantes…
Busco la exactitud de las aristas que nos cortan,
esas que nos llevan a quedarnos en silencio
con los ojos cerrados para no encontrarnos
con los miedos que últimamente
se quedan a dormir en nuestro alféizar.
No sé si lo entiendes.
Desnudo, leído por Antonio Castro
Quítame todo lo que quieras,
las horas de sueño, la ropa,
los miedos del cuerpo,
los besos.
Todas las ganas hazlas tuyas,
toda la piel
y hasta mis silencios y mis risas.
Aun así,
seguiré volando entre tus costillas,
planearé sobre la primavera de tu boca,
en veranos como este que nos vamos marcando
a dentelladas en nuestro calendario.
Y todo lleva tu nombre;
quítame cuanto quieras,
menos eso.

Del revés, Antonio Maqueda
No sé si perderme en tus ojos es lo más oportuno,
si es políticamente correcto;
Pero es lo que quiero mientras me siento
en el alfeizar de tu sonrisa
a esperar que lo vuelvas todo del revés.
Después, fui desmenuzando con la autora la dualidad de los términos y las emociones encontradas. El amor se pasea por las páginas del libro sin que nadie lo pueda contener. Dice Ana que “el amor es dejarse llevar sin condiciones, no imponer nada al otro, dejar que fluyan libremente las emociones”.
Así llegamos al poema Sin promesas, que encierra el espíritu mismo de este libro. Nos lo leyó la propia autora.
Puede que un día me pierda
porque no sepa dejar besos en tu piel para volver;
tal vez, no haya mapas que me devuelvan a ti,
o simplemente nos falten las palabras…
Puede que no dejemos que pase.
Yo no te pido que me lo prometas;
pero hasta que llegue ese momento,
si es que llega,
sigue siendo mi faro,
enséñame a besarte todos los días más,
quizá mejor.
Y pídeme, por favor, pídeme que vuelva.
José Manuel Sito Lerate nos recitó “Boca en la piel”
Tengo todas las verdades en la boca,
y en los atardeceres
escrito el sabor de tu piel.

Plácido Ramírez, “Aprender”
Siempre me gustó recorrer los alrededores
que transitabas
y tropecé mil veces con tu boca.
Y en esa caída sigo…
Ambos muy cortitos pero intensos.

En el siguiente bloque de poemas: “La ternura” que lo leyó la propia Ana;
Apagar todos los ruidos,
dejar ese espacio de silencio para,
tal vez, encontrar todas tus orillas en el horizonte…
No poder tocarte porque todo se convierte en herida.
Quedarse quieto o volverse inhumano,
puede que rece en todos los epitafios
de aquellos a los que no les bastó la ternura,
la nuestra.
A pesar de todas las distancias y los gritos que dejan,
a pesar de todos, o por todos
tú y yo cada vez estamos mucho más lejos
de ser nosotros.

“Verano”, lo recitó nuestra compañera Maribel Bazaga;
Podría vivir con todos los soles de tu boca de verano,
podría quererte cada noche
un poco más cerca o más lejos,
no lo sé.
Siempre supe de tus alas.
Podría comprometerme con palabras
después de los orgasmos nocturnos
mientras rodeas mi cuerpo con tus piernas…
Podría hacerlo;
pero tus soles y mi cielo ya se pusieron de acuerdo
para seguir siendo verano
todos los días de nuestra vida
que nos lo permitan nuestras ganas
y el querer.

“Escribirte”, lo recitó Roberto Del Moral
Para decirte que vuelvas cuando quieras.
Que siempre tendré para ti la pista de mi espalda
lista para tu aterrizaje.
Para decirte que siempre guardo un frasco
de tu colonia entre mis cosas.
No me importa decirlo,
en el cajón de las bragas…
Para decirte que todas las esperas
las despedí en el andén
a las siete y treinta cuando entraste en el vagón
y me sonreíste antes del inicio de la despedida.
Para decirte que he dejado parte de mi piel
en otras camas,
en otras manos;
pero los surcos solo los hicieron tus dedos.
Tú dibujaste el camino.
Para decirte que siempre guardo
ganas de vida contigo.
Nos vemos esta noche.

Con todo esto, sentíamos que los versos del libro fluían ya sin control correteando por las páginas del libro, arrastrándonos con ellos.
El amor es certeza e incertidumbre a la vez, afirmó la autora y nos leyó la poesía “Costuras”
He descubierto que amarte no está reñido
con tener el corazón roto.
Que siempre he estado ahí,
donde mi nombre puede herirte
o tenderte una mano.
Que me tengo que coser con estos restos
de amor que nos damos sin medida.
He descubierto que prefiero solo el presente,
porque si construyo futuros me dueles.
He descubierto la forma de quererte.
También, el poema “Incluso”. Aquí, Ana nos habla de la generosidad en el proceso del desamor:
Cuando los dos nos rompamos
de esa forma que duele y deshace,
que sea a la vez.
Así permanecerán las sonrisas en la caída.
Y seguirá siendo hermoso
hasta que dejemos de querernos.
Después, siguió leyendo otra tertuliana, Sandra Martínez, que recitó “Salvavidas”:
He aprendido a querer la parte herida,
la parte vencida en la batalla.
Tú mejor que nadie conoces mis fracasos,
tú mejor que nadie me enseñaste la palabra
que me hizo libre.
Y pienso que al final siempre hay un destino.
Que hay caídas tan inevitables,
tan reducción a fuego lento en la intimidad
que la propia salvación está en no evitarla y sentirla.
La caída sí, en cualquiera de sus formas,
con cualquiera de sus nombres.
Que esa sensación es irrepetible y única.
Que es adrenalina, que es temblores fríos,
manos buscándose,
la cama revuelta y mi cabeza en tu pecho desnudo.
La nevera vacía, las horas de un sábado,
los aeropuertos y los trenes.
Tú.
Caer.
Herida.
Y otra vez tus manos y otra vez tu espalda
y otra vez mis alas…
Seguir aprendiéndote, seguir en la cama,
seguir la ausencia de tu reflejo
en el cuarto de baño.
Seguir cayendo.
Y salvarnos,
siempre salvarnos.

Y así, fuimos llegando al final de la presentación, a la última parte del libro, como a la culminación de nuestros deseos, con el poema “Movimiento”, leído por Antonio Requejo Coronado:
Ir.
Estar siempre en movimiento
hacia donde yo decido.
Ir hacia ti, concretamente.
Dirigirse sabiendo dónde se pone el sol
y marcando mi norte en la cabecera de tu cama,
nuestra cama.
Encaminarse.
Mejor juntos si tú quieres.
Trasladarse de país, de ciudad
o simplemente de calle,
porque mi código postal
siempre está en tus labios.
Partir de cero o de infinito
cuando vamos de la mano.
Andar porque andando se hace el camino
como dijo el poeta.
Transitar aquí y ahora juntos.
Ir para llegar. Quedarnos.

José Manuel Ferrera Boza declamó “Juntos”. Una definitiva declaración de amor
Asomarte de la mano conmigo al precipicio,
reír hasta que amanezca,
dormir abrazados;
que nuestras ganas interrumpan el silencio,
despertarnos juntos
entre caricias que no se gastan;
bailar sobre los charcos
mientras que la tormenta nos empape.
Ir tachando días.
Dibujar en la piel
todas las promesas que sí podemos darnos,
besar todos los miedos,
conocernos y reconocernos con la boca,
también, echar de menos.
Escuchar, pertenecer, querer, vivir…
Siempre de la mano.

El broche final lo puso la propia autora al recitar “Lunas de miel”. Este poema parece las notas de una canción.
“Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas.” J. Sabina
Que todas las noches sean noches de boda…
Que siempre los besos me lleven a ti,
que nunca las pieles nos echen de menos.
Que todas las historias tengan siempre finales felices
en tu cama o en la mía.
Que el deseo se quede encendido siempre que me mires;
pero también cuando me imagines.
Que las razones las dejamos campar a sus anchas
sobre la locura de la risa
para hacernos menos sufridores del mañana
y nos quedemos con el hoy.
Que todas las noches. Que esta noche. Que ahora.
Gracias Ana por acompañarnos, ha sido un verdadero placer conocerte.
EMILIA GONZALEZ VADILLO
