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El lunes santo, día 30 de marzo, los tertulianos de Página 72 tuvimos la presentación de la tercera Antología del grupo. Esta vez se trataba de Plural II, una Antología que, a diferencia de las otras, contiene otros géneros literarios, no sólo poesía. Esta vez, y de manera sobresaliente, la narración y el teatro ocupaban su puesto representando la diversidad de los componentes de Página 72.

Al acto asistimos la mayoría de los tertulianos y tertulianas. Las ausencias, algunas muy significativas, fueron por cuestiones graves y personales. Desde este espacio deseamos la recuperación de quienes están enfermos.

Al acto asistieron una treintena de personas a las que agradecemos su presencia. No es fácil elegir un acto, como este, cuando este lunes santo había otras ofertas culturales en la ciudad. Gracias por estar.

De entrada hay que agradecer a la Fundación CB la publicación de esta Antología, Plural II. Una edición magnifica realizada por Linea4.

Agradecemos al equipo de la Fundación CB la preparación y producción del acto. En todo momento atentos a las necesidades.

Las fotos de este reportaje son de Alejandro Huyro (cerebro-creativo.com) , a quien le agradecemos su otra forma de contar lo que allí ocurrió de forma bellamente gráfica.

INTRODUCCIÓN MUSICAL. PEDRO MONTY

El encuentro arrancó con la música de Pedro Monty, tocando Esperanza. Una maravilla de sintonía que se puede escuchar en el enlace.

PRIMERA PARTE DEL ACTO.

Después, como introducción y contextualizando a la Antología, Antonio Castro, Juan Manuel González y el que escribe, hablamos: de la Tertulia, de los dos ejemplares anteriores a esta Antología y de las ilustraciones de Plural II.

  1. LA TERTULIA EN SÍ

Hablé, primero, de la tertulia y su evolución a lo largo de estos dieciséis años, de sus objetivos, de sus logros, y sus cambios. De cómo se ha comenzado a llamar Tertulia literaria dejando atrás la expresión de escritores.

Objetivos: En líneas generales, desde el principio se trataba de hablar de literatos y de literatura. Y en particular, hacer que los tertulianos salieran de un estado de confort; de romper con ciertos esquemas para el que hace falta abandonar los egos y el narcisismo que abunda en algunos ámbitos de la literatura. Por otro lado, no queríamos ser una especie de cenáculo en la que los participantes se mirasen el ombligo sin un mínimo de crítica, es decir, salir de la endogamia propia de las tertulias al uso de auto contemplarse. Esto hizo que pensáramos en la visita de otros escritores provocando que llegara a nuestra tertulia lo mejor del panorama literario regional y nacional.

  Logros: Gracias al patrocinio de la Fundación CB la tertulia ha conseguido:

Que escritores y escritoras de diferentes puntos de España hayan pasado por ella y que esta visita de autores haya pasado de ser de un autor al trimestre a uno cada mes. Este hecho ha supuesto una riqueza inmensa. Hasta el momento se ha llegado, en estos 16 años de existencia, a casi los cien autores. Importa decir que la visita de estos/estas escritores/as no sólo ha beneficiado a los componentes de la tertulia sino también a aquellas personas que, cada mes, se han acercado para participar de la  presentación de las obras de cada uno de  los autores visitantes.

Cambios: Ha habido un cambio singular en la tertulia y es el de ir adquiriendo, por parte de todos, un mayor compromiso. Esto se hace patente en la presentación de los escritores por los propios tertulianos.

De Tertulia de ESCRITORES a Tertulia LITERARIA. Esto es muy significativo y no es baladí el cambio. En un principio quienes fundamos la tertulia éramos todos escritores y escritora. Mas tarde, a la Tertulia llegaron personas que no escribían pero que tenían un especial gusto por la lectura. La participación de estas personas hizo que fuera más universal la sensibilidad del conjunto. No todo era mirar desde un ángulo, desde la parte del que escribe, sino también desde la parte del que lee e interpreta.

2. LOS EJEMPLARES ANTERIORES A ESTA EDICIÓN DE PLURAL II

Antonio Castro, comentó las tres ediciones de una antología de tertulianos: De cómo cada una de estas ediciones corresponde a una forma de expresión de la propia tertulia en cada una de sus momentos.

La caja literaria, se editó en 2011. Un libro arte editado por Manuel Romero Higes de forma casi artesanal. Contiene ilustraciones de mi autoría y unos magníficos textos poéticos en hojas separadas. Todo envuelto en cubiertas de cartón y atado con una cinta de cuero.
Plural, se editó en 2020, post pandemia,. Con una ilustración de cubierta y contracubierta inspirada en una foro de Rosa María Fernández Serrano. Esta es una acuarela de Vellarino
Plural II. La nueva Antología aparece con nuevos tertulianos y géneros literarios diversos, como el cuento, el relato y el teatro.

3.LAS ILUSTRACIONES DE PLURAL II

Juan Manuel González habló del sentido y representación de las ilustraciones de cubierta. Una mesa vista desde abajo y que no termina se prolonga por un lado de la cubierta. Está rodeada de sillas en las que aparecen pies, como peces que pretenden entrar en una pecera donde nadar juntos. La ilustración de la contracubierta es una ladrona de libros. Todo muy significativo respecto de la filosofía de la tertulia

SEGUNDA PARTE DEL ACTO

Esta se inició con improvisaciones de piano de Pedro Monty

Las intervenciones de algunos tertulianos fueron alternando poesía y prosa ( relato o teatro)

Cada intervención de prosa, un trozo seleccionado, de dos minutos o dos y medio; las
intervenciones de poesía se limitaron a un solo un poema. El poema tampoco rebasó los dos
minutos y medio.

Comenzaron:

  1. JOSÉ MANUEL FERRERA, recitó, entre otros, este poema:

      El Gato Pumba

Se mecen las palmeras
al son del aire.

Sobre el Guadiana
vuelan suspendidas
oscuras
nubes de algodón…

Mi gato Pumba,
se esconde
después de tener conmigo
una refriega;

“Me arañó el sillón”

¡Le riño!

me mira y corre
suponiendo un castigo
que nunca llega…

Siempre se me pasa
y lo perdono
cuando vuelve mimoso
a mi regazo
y entrecierra los ojos
al refregar sus bigotes
en mi cara y mueve
lentamente el rabo…

Inesperadamente
se puso a llover.

En el tejado truena
sin sus chispas, una nube;

¡un nubarrón

se asusta Pumba, y corre
a su guarida favorita:

Debajo de la mesa.
se queda quieto
cierra los ojos, y duerme.

¡O se hace el dormido!

¡Mi listo gato Pumba!


2. LÁZARO CALDERA, leyó un relato:

«De todas las maneras posibles que existen para ser feliz, él escogió la de ser jardinero. Vivía por y para una explanada de césped de dos kilómetros cuadrados donde crecían varios pinos y eucaliptos, algunas encinas y alcornoques, multitud de adelfas y jaras, y donde se levantaba, justo en el centro del perfecto cuadrado verde, un pequeño jardín con buganvillas trepadoras y una fuente, que vertía agua limpia a un pequeño arrayán. De su aspecto se intuía cierta decadencia, pero a juzgar por su actitud, cualquiera diría que su vida dependía exclusivamente del estado de aquel vergel diminuto donde vivía, en perfecta simbiosis, con cada tronco, cada rama, cada hoja y cada brizna de hierba.«

«Ser jardinero te obliga a confiar en que no todo está tan muerto como parece. Otras profesiones no pueden decir lo mismo, menos la de funerario, claro está. Pero la de jardinero, es otra cosa. La rama desnuda, en apariencia inerte, está tan viva como nosotros. Esa retahíla solía repetirla cambiando al protagonista, que unas veces era un grupo de orquídeas a quienes mimaba mientras frotaba con absoluta delicadeza sus sensibles flores. En otras ocasiones era el turno de las lilas. Las otras, las glicinias. Quienes pasaban por allí se quedaban un rato escuchando sus verborreas, clases magistrales de amor más que de botánica.

Cuando arrancáis una rama es como si cortarais un dedo, solo que ellos tienen la suerte de recuperarlos, si todo va bien.«

«Por mucho que intentase repartir su interés por cada criatura con la que compartía aquel lecho verde, el centro de sus desvelos era un vetusto álamo que se alzaba majestuoso a un lateral del pequeño jardín. De su vejez hablaba mejor aquel viejo gris, que casi todos en el pueblo daban por muerto, por no decir todos. Todos menos él. ¿Qué edad tenía? Imposible saberlo. Las mismas arrugas cetrinas y profundas recorrían piel y tronco indistintamente, asombro natural de perfecta concordancia que nada sorprendía ya a los vecinos del pueblo, puesto que aquel paisaje formaba parte indisoluble de la identidad del lugar.

Si tiene líquenes, como vosotros tenéis granos y verrugas, es porque está vivo. Quiere vivir. Moríos vosotros cada vez que el acné os colonice el rostro, gritaba a los vecinos que especulaban con la posibilidad de echar abajo al viejo gris. Esa era su principal batalla, evitar que acabase talado o arrancado. Porque no dudaba en que, de la misma forma que la muerte de una abeja era la muerte de otra flor, la desaparición del viejo gris podría suponer la muerte del parque, para dar paso a otro banco, otro columpio u otro quiosco. La muerte de un árbol, de los árboles, no es una muerte sin más, decía a quien se paraba todavía a escucharle. Es la pérdida de un terreno, un reino que de golpe da paso a otra textura donde el abandono es el único que da permiso a las plantas para crecer. Asfalto, plástico, goma, qué más da. La derrota del verde es mi derrota.«


3. ANTONIO CASTRO, nos deleitó con unos poemas

OJOS

Levantar la mirada.
Tener cielos que contemplar sin límites,
ríos que descubrir en cada lágrima.

Ignotas superficies
que reclaman la vida y la esperanza.

Sementeras al tacto de los dedos,
rincones de la piel
que aguardan erizados el futuro,
que sueñan con amor y que son llagas.

Al final todo es
caminar hacia el verso sin palabras.

Ternura y voluntad en un desierto
donde alzar orgullos nuestros ojos
sin dolor ni añoranza.

Dirigir hacia el sol nuestras pupilas
y llenarlas de luz.

                                                Colmarlas.

OLVIDO

Cuánto tiempo lleva aprender olvido.
Tal vez sólo en la infancia, cuando todo
parece como nuevo y hasta el odio
desconoce su nombre cuando nace.

El olvido no lleva la renuncia,
la venganza como flor en sus manos.

Los pliegues temporales que lo habitan
son caminos de fuego y de ceniza.

Tiene la desmemoria abecedario
singular de aprendizaje, suturas
que dejan en el alma cicatrices
como nombres grabados en las piedras.

Palabras milenarias esculpidas
que lame el tiempo hasta desgastarlas
y tornarlas apenas perceptibles
cual vestigios al tacto y al recuerdo.

El antiguo dolor siempre latente.
El corazón anhela su refugio,
la cueva del perdón y del silencio
donde nada perturbe su latido.


La música de PEDRO MONTY
hacia pausas de gran belleza con sus improvisaciones.

Los asistentes al acto escuchaban con atención las improvisaciones al piano de Pedro Monty. Un lujo tener a este virtuoso del piano con nosotros. Nunca le agradeceremos lo suficiente su disponibilidad en cada uno de los actos que la tertulia celebra.


4. PEDRO CENTENO, nos leyó un magnifico relato:

«Jacinto observó la casa que iba a atracar esa noche. Ni mansión ni chalet, se encontraba lo bastante fuera de la ciudad como para proporcionar paz y tranquilidad a su dueño, que Jacinto sabía de sobras  que estaba ausente. Era la noche para la que se había preparado desde su infancia.  -“Los Caballero nos lo han robado todo”, le decía su abuelo Abelardo cuando era niño; “si alguna vez tienes la ocasión, véngate. ¿Por qué, abuelo -repuso Jacinto- si no los conozco? Porque lo suyo te pertenece, nieto. Porque es tuyo.”

Las amargas palabras del abuelo – Abu -le trabajaban el ánimo mientras cortaba alambres y pelaba cables en un pequeño sector de la linde del bosque, justo donde acababa la propiedad, a la vera de un rumoroso arroyo. Pocos metros más allá, las traseras de la casa y un doblado que caía sobre la leñera le proporcionaban toda la privacidad necesaria para entrar; “mejor que no sepan que has pasado por allí”. Sonrió al recordar a Karim, su viejo amigo iraquí de Tormenta del Desierto, con su bigote a lo Nasser, su gusto por el martini y las mujeres rubias. “Hay cosas que mejor no saber ni tú”, reía, mientras se comía la aceituna. Lástima lo que le pasó en Chipre. «

«Penetró en la casa casi sin darse cuenta; al tocar el marco del ventanal notó la teca y el cristal reforzado. Sonrió. De poco había servido tanta inversión en seguridad. Se movió con lentitud, tenso y vigilante, por la alfombra de la sala, con aspecto decididamente de biblioteca, al tiempo que recordaba la historia de los Caballero y los Tena que le contaba su abuelo. -“Aunque no te lo creas, hijo, nuestra familia fue una de las más ricas del pueblo, pero eso fue antes de la guerra. Teníamos una joyería en Villavera, tierras, ganado, de todo. Y sobre todo teníamos el anillo de Antonio Pérez. -¿Qué anillo es ese, abuelo? -Por lo que veo, no os enseñan gran cosa en el colegio. Mira, Antonio Pérez era un ministro de Felipe II. Rico, poderoso y popular con las damas. Vamos, que se daba la gran vida; tenía amigos poderosos, y también muchos enemigos, pero como era muy vengativo, se le ocurrió una idea satánica: un anillo de muerte. -No sé qué es eso, Abu.  -Un anillo, hijo, aparentemente una joya con un zafiro precioso en el centro rodeado de doce pequeños diamantes. Doce como los apóstoles, ¿comprendes? Solo que uno de ellos tenía trampa. Contenía una pequeña aguja y un depósito minúsculo, que le había forjado un orfebre florentino, Di Negro. Un artista de su tiempo. Cuando un enemigo le molestaba en demasía, se reunía con él, le invitaba a comer o cenar con la excusa de la reconciliación y al despedirse le estrechaba la mano. Rasguño en la piel, y el veneno entraba sin notarse apenas. Unas horas más tarde, comenzaba la fiebre, sudores fríos, ardor de garganta, convulsiones y por fin, la muerte. Una idea diabólica digna de un malvado”. 

La puerta de la biblioteca se abrió con un muelle suspiro y Jacinto se dirigió con cautela a la habitación aneja al dormitorio. Allí comenzaba la diversión de verdad. Un sistema Ares para entrar y una cerradura Glubb en la caja fuerte. Nada que un técnico hábil no pudiera copiar ; hay maneras. 

El sistema fue lo más fácil, la tarjeta abrió la puerta de la habitación a la primera. La puerta de la caja fuerte sí que se resistió un poco más, pero Jacinto recordó a su instructor, un viejo y canoso boina verde, que le decía: “las cerraduras son como las mujeres, amigo mío. Con delicadeza y paciencia siempre acaban por caer”.

El glorioso chasquido de la puerta de la caja fuerte fue tan suave, tan íntimo apenas, que Jacinto casi se sintió decepcionado al contemplar por fin el anillo. Sobre una cama de terciopelo azul, casi negro, una caja de cristal y la joya, por fin, gloriosa, única, esperando sus manos para llevarla a casa. «

«Conducía de camino a casa, feliz, mientras la vieja historia recorría su mente una y otra vez; cómo fusilaron por rojo a su bisabuelo Matías, y cómo Caballero, “El Borrega”, el falangista más violento de Villavera, entró en su casa con su camisa azul, su 9mm y se quedó con todo lo que quiso, después de violar a la bisabuela y echarla de casa con Abu y su hermana pequeña, Agustina, la pobre tía Tina que nunca se recuperó de aquello y que se quitó la vida con veintitrés años. Los años de miseria y humillaciones, de trabajo por cuatro perras en el campo, de cartero en Colonia y de soldador en Beasain; el asco que le daban lo que le habían quitado todo y reducido a un esqueleto, apenas cubierto con jirones de rencor. Pobre Abu.

Sonrió complacido mientras contemplaba el anillo encima de la mesa del estudio, a media luz en la madrugada, mientras lo sacaba de la caja aún con los guantes puestos. Los dejó sobre la madera y contempló el exquisito azul -con delicadas venas negruzcas- del zafiro central; las mínimas facetas de los diamantes; el oro de la montura, que había pasado -quizá- por los dedos de príncipes y prelados. Decidió recorrer con su índice los diamantes, uno por uno, cuando para su sorpresa, dio un pequeño respingo. Vaya- musitó- parece que la aguja aún pincha. Claro que el veneno se habrá secado hace quinientos años por lo menos. 

Mientras abría la botella de Lagavulin y se servía un vaso con hielo y una generosa dosis para celebrar su gran noche, Jacinto no advirtió cómo del anillo caía sin ruido una minúscula gota.«

5. EMILIA GONZÁLEZ, elegante como siempre, recitó varios poemas. Aquí dejamos uno de ellos:

ESPIGA ROTA

Con las rodillas hundidas en la tierra
y las uñas clavadas en el suelo
se revuelca y arrastra por el lodo
en surcos infectados por el miedo.

Se deshace, se rompe… Se derrumba
en océanos bañados por sus muertos
mientras llora impotente y se desgrana
abrazada a los huesos de sus huesos.

En su cuerpo de espiga idolatrada
ya no crece la hierba, solo queda hojarasca.
Se quiebra y se retuerce su talle de amapola,
se reseca su vientre y su garganta llora.

Clama mirando al cielo y el cielo no la mira,
el cielo no contesta, el cielo no le habla.
Orgulloso y herido también le da la espalda
hastiado de este mundo de guerras y venganzas,
de bombas y misiles, de minas y granadas.

Allí la deja sola en medio de la nada.

Exhausta se ha parado al borde del camino.
Sentada en la cuneta, descansa y toma aliento
y mientras se pregunta si merece la pena intentarlo de nuevo,
ha cruzado sus manos protegiendo su cuerpo
y esparce su semilla lanzándolas al viento.

6. JUAN MANUEL GONZÁLEZ, nos introducía en otro relato:

«En la salita, la butaca de la izquierda guarda la sombra de su cuerpo, la mirada irónica y su media sonrisa, gorra y gafas oscurecidas con la luz. Vacíos llenos de recuerdos, imágenes congeladas, cine mudo tras la comida o la cena, entre películas, repetidas o no.

Desde que tengo memoria, mi padre y yo, compartíamos el cine, era nuestra rutina. Al principio elegía él la historia y con los años, las fuimos consensuando, aunque algunas se vieran sin previo acuerdo. En los últimos tiempos, debido a su enfermedad, me tocó elegirlas a mí. Tarde aprendí que la elección resultaba irrelevante, lo permanente era compartirlas, eran nuestro puente, dónde por más niebla que hubiera, siempre nos encontrábamos. Le gustaba marcar pertenencias con sus iniciales, M.G.M., y durante mi niñez me repetía que era su nombre el que figuraba en la productora de las superproducciones Metro Goldwing Mayer. Durante años hice cábalas por cambiar el orden de mis iniciales, por si pudiera coincidir con las de alguna afamada productora holiwoodiense. Mi padre, cada día hacía listados con las películas que programaban en televisión, para organizarse una agenda en algún papel usado, y grabarlas en cintas de vídeo VHS, con reproductores reciclados, tenía varios. Grababa las que coincidían en diferentes cadenas, además utilizaba las mismas cintas, una y otra vez, para que no supusiera gasto extra.  A veces, me llamaba de noche y me avisaba de una de nuestras películas o de alguna que sospechara nos podría interesar, para que la viéramos cada uno en su casa, y al día siguiente citarnos en nuestro puente, y hablar.«

«No recuerdo cuál fue la última película completa que vimos juntos, en la misma sala. Sí recuerdo, en los últimos años, elegirla, sentarme a verla con él, compartir los comentarios, esta vez trasladados al inicio de la proyección, y dejarle junto a mi madre, en alguna escena menos trascendente.

Su enfermedad llegó sin avisar, como una obra anónima, que cada médico interpretó a su manera, sin título ni antídoto.  Como en las mejores películas, no quieres moverte de ahí, no quieres que evolucione, ni que pase el tiempo, porque ya sabes el final, y no acaba bien. 

Su mirada se fue pausando, sus recuerdos y razonamientos también. En un año repasamos la filmoteca que tenía en la penúltima habitación de la calle Margarita Nelken, como él decía, por más veces que le cambiaran el nombre. 

Los largometrajes estaban ordenados a su manera, en varios estantes, con una disposición que yo nunca entendí, y fueron acumulándose por años, en sus compras del rastro de segundo mano, que tenía lugar el primer sábado de cada mes.«

«Me enseñaba con sumo cuidado sus nuevas adquisiciones, con la misma cara sonriente con la que me mostraba anotaciones, en las que ordenaba, como en un horario, los títulos de telefilms que esperaba ver, minuciosamente escritos, con su letra caligráfica. Película a película cada vez su fatiga neuronal llegaba antes. Paradójica situación, ya que él siempre se había reído por la facilidad de mi madre para quedarse dormida ante cualquier proyección. Con sueño o sin él, la alegría que le transformaba el rostro cuando le llevaba una de nuestros tesoros favoritos, le hacía repetir cada vez: “Somos cinéfilos, Juanma”, y yo asentía, reconociendo que la manera de tocarnos siempre incluía la televisión o el cine. Muchas de mis primeras mejores películas las vi con mi padre, y algunas, aunque no lo fueran, se transformaban junto a él, nos transformaban. Nos cambiaron la vida.

Mi madre no reproduce ya sus cintas ni sus DVDs. No hablamos de ello, pero sospecho que tampoco en televisión, tan solo ve programas como acompañamiento. En casa de mis padres (me resisto a llamarla casa de mi madre), Paul Newman ya nunca más enseñará a Robert Redford a ser un buen timador, ni Tim Robbins y Morgan Freeman se convertirán en grandes amigos entre los muros de una cárcel, ni se reproducirán las sucesivas creaciones de Clint Eastwood, ni la voz de mi padre declamando los repartos casi a voz en grito, para enfatizar e imprimirle un plus de interés al Hollywood de los clásicos, rebotarán entre las paredes de la salita, donde a veces, mi madre se sienta en la butaca de la izquierda


La música de PEDRO MONTY mantenía la tensión del momento.

7. PATROCINIO SAYAGO nos recitó un poema extraordinario:

GRITOS EN EL SILENCIO

 Sobre nuestras cabezas                                         
planea la tormenta desesperanza,
mientras una lluvia ácida de indignación
abrasa nuestras almas
y nuestros corazones son perforados
por el aguacero de la sinrazón,
de los poderosos de turno.

Este sentimiento agónico
 sin fuerzas para gritar
nos ahoga en la miseria más profunda

                                                       ¡la aceptación!

 El  conformismo
nos hace esclavos de nosotros mismos
convirtiéndonos en servidumbre                                                    
dispuesta  y obediente.
 Sus barrotes desapercibidos
se nutren de  inacciones.

La guadaña del miedo
  nos paraliza y domina
frente  a la injusticia y el  espolio.

 La indiferencia  deshumaniza
tiempo ya previsto
por el núcleo regidor  de este planeta.

Y  nos iremos convirtiendo
en títeres descabezados,
 mientras amasan fortunas con sus manos.    
                               

La incertidumbre  corroe los hogares
mientras asistimos  al  espectáculo
de la clasificación por clases, en silencio,
y vamos consintiendo la enseñanza mutilada
la castración de la salud
la anegación  del pensamiento
la  esclavitud  de la lengua…

 ¡Inquietante es el porvenir!

  Nuestros  cultos  herederos
emigran  a bandadas,
hacen bien, mientras  les queden  alas.

  Aquellos  que  mantenemos la esperanza
entregados a la lucha por costumbre,
aquellos confiados que resisten  
conservando  la ilusión en la batalla,
aquellos despojados de certezas
todos los heridos por  querencias…  
Seguiremos  aquí
aguantando el tornado que sacude
a los espíritus inertes,
a  esa sombra  invisible
que a dentelladas la alegría muerde,
y nadaremos  en el rio de la vida
hacia un mar infinito y transparente.  
  

   


Hay calma en aquel horizonte
que esperemos  tenga,
perdón para  tanta  ofensa.

Hay  un horizonte que clama
tolerancia y justicia. 
y un grito  en ese horizonte,
un  grito que nos recorre
herido  de  paz  y  guerras
de  sueños  y polvaredas,
un  grito  del  mismo  Dios
escrito  entre  las  estrellas,
en  las profundas  aguas
en  las  taladas   selvas…

Un  grito   que  lleva   el  aire
y va  difundiendo un  mensaje
¡Qué todos nacemos iguales, 
que  todos  morimos iguales…!


8. ANTONIO MAQUEDA nos envolvió con una sentida lectura:

La maleta

«No se explica cómo se las apaña pero siempre acaba poniendo en la maleta ropa de más, incluso calcetines, amén de otros útiles que en más de un caso no llega a utilizar ni una sola vez. Tanta cantidad de ropa es de dudoso pragmatismo en según qué fechas del año. Qué necesidad, si, además, es de un cuestionable gusto el hábito de combinarlos con las chanclas del 45 -los calcetines. Acaba uno yendo hecho un adefesio. Y lo mismo le ocurre con el resto de prendas. Vas quince días, sí, pero, chico, que hay lavadora y, además, la señora Brígida te hace la colada encantada. Tender, eso sí, te toca a ti. Lo de echar ropa de más es ya un clásico que no consigue vencer cada agosto. Y mira que intenta evitarlo haciendo listas, poniendo orden en su armario primero. Lo intenta, porque ahí, en ese armario sin fondo, siempre andan mezclados jerséis con bermudas, bufandas con pantalones de lino y hasta recuerda que una vez, al abrir una de aquellas cajas de tela tan prácticas que le iban a solucionar el tema de tener la ropa ordenada, encontró en ella unos guantes de cuero casi sin usar, y que le había regalado aquella novia del norte, entre una maraña de pijamas de todas las estaciones y pelajes.«

«Para evitar el exceso, prueba también a preparar tres juegos de pantalón y camisa, basta con un par de cazadoras, la vaquera y otra de una tela transpirable, dónde vas con más, pero entonces piensa que, en cambio, qué menos que llevar cinco o seis camisetas de manga corta, que uno suda mucho y las manchas amarillas cercando las axilas no son la mejor carta de presentación, bien que lo sé yo, acuérdate de aquel año…, ¡bueno, basta ya! y dos o tres camisetas de manga larga, que mira que allí refresca por la noche y a ti te gusta andar a deshoras por la playa.«

9. FAUSTINO LOBATO recitó algunos de los poemas inéditos sobre los sentidos:

ASOMBRO [ÉTONNEMENT]

                    I

LA MIRADA desvela, generosa,
el color secreto del mar,
la levedad del horizonte
donde el cielo se hunde,
misterio azul, lleno de brisa.

Temblor de olas que contemplo,
golpe blando que se rompe en la playa.
Un temblor, que no miedo,
me acerca a tu mirada
y rompe la angustia de la soledad.

Esta mirada al mar que me abre
a todas las miradas,
a la emoción de lo infinito,
a la existencia de lo mínimo y me consuela,
al silencio de las horas.

                        II

SONIDO del mar, verso de olas
que inunda la tarde y te nombra.
Grita la arena su humedad de tragedias,
voces anónimas, ahogadas
en el fragor de las aguas.

Sonido del mar que quiebra
ruidos de guerras
y trae el canto de los pueblos,
la oración de los pobres,
un rito inacabado.

Sonido del mar, un poema de olas
que marca el ritmo de las palabras,
los cansancios, el miedo de madres
que ven partir a sus hijos,
el llanto de los huérfanos.

Sonido del mar, donde te oigo,
verbo creador, pronunciando
el ideal inalcanzable de paraísos lejanos.
El ronco suspiro de los jóvenes
abandonados en aguas de nadie.

                        III

UN OLOR a mar se enreda
en las barcas de la orilla
y me devuelve al recuerdo
de las cosas mínimas,
esas que permanecen
en el centro de la memoria.

Perfume de vocales
que impregnan el poema
y te nombran.
Las vocales
que conforman las palabras
y trazan sencillos versos.

Olor a mar, este perfume
que no puedo esquivar y me desnuda.
Un trazo que se quiebra
y brota, frágil, donde te encuentro.

Estás, siempre estás, dándome fuerza
y no lo evito.


La música de PEDRO MONTY volvía en otra vez generando bellos espacios.


10. ROBERTO MORAL nos impactó con su lectura:

– La flecha amarilla de humareda –

No sé si a veces nos perdemos entre el abismo o si el abismo se pierde entre nosotros. Más allá de la alfombra de escarcha dicen las leyendas que, una vez la calidez, no quemaba.

Se profundiza aún más el recoveco ufano de la grieta recóndita del muro derruido del callejón abandonado del suspiro.

El otoño solo es una estación más donde los trenes pasan para finalizar su trayecto. Plañido del litigio hondo que se acerca para rendir redención ante el inexorable labio de la hojarasca seca que ya dejó de amar a las sombras pasajeras. Penumbras cobardes que aguardan en el umbral rectilíneo del filo del resplandor de un farol tiritante del barrio íngrimo de la mirada cansada, párpado que cae lento, una pupila clausurada, adiós, rostro de la despedida.

No sé si a veces nos perdemos entre el abismo o si el abismo se pierde entre nosotros. Pero las nubes errantes no detienen su marcha, la polución de la urbe de la mirada no para de jugar cuál infante pero, entre las altas horas de la madrugada. Perderse o encontrarse… Tal vez las dos al mismo tiempo, cuando el tiempo continúa pausándose.

El billete de ida quedó inservible. Sobre los raíles oxidados sin destino, tan solo camina encima un rezagado diente de león infante; lejos de casa. Lejos del hogar sin techo donde las estelas dejaron hospedarse.

Esquilada llama del aliento concluido…. inconcebible poso donde aparcan los semáforos en ámbar.

No sé si a veces nos perdemos entre el abismo o si el abismo se pierde entre nosotros. Pero las nubes errantes no detienen su marcha, la polución de la urbe de la mirada no para de jugar cuál infante pero, entre las altas horas de la madrugada. Perderse o encontrarse.

_          Tictac, horas pasajeras que se van a trabajar en el primer autobús que pasa. En la línea de la existencia, donde osan conducir los latidos.

Encontrarse más allá de los ecos sin retorno.

El camino que late entre la soledad rememorada –

Se estremecen los juncos desnudos junto a las deshoras, se estremecen los juncos desnudos bajo el compás de lo interminable. Algo, algo avanza entre el follaje, ¿qué empuja a los caminos a serlo? Ser lo que el ser es sin pretender no serlo.

¡Aleluya!, Exclama un reloj de carrillón en la casa anciana, cuando por fin descansa después de tanto tiempo. Ha cesado la tonadilla de la vesania. Ahora la quietud de la existencia mira, mira tan penetrante que…. hasta la veleta más loca ha dejado de mirar para pararse un instante en contemplar cómo empieza a despedirse el ocaso.

Ráfagas del abismo que hurgan en el mismo estremecimiento de una grieta recién nacida. Su vagido se oculta entre los roces dentados de la espesura enjaulada que a su vez merienda cadáveres de los restos clandestinos.

No hay previo aviso para las despedidas perpetuas, ¿seguro? ¿ni pagando un seguro? ni aunque el máximo dios primigenio bajara para avisar segundos antes, podrías librarte del adiós punzante que acaricia diciendo un chao reverberante mientras por siempre se aleja.

Menuda blasfemia, menuda, blas-femia. El saber que en algún lugar residen las vías sin destino, rieles infinitos donde una vez ese tren partió. “….sobre la misma demora, la sombra, sin mirar la hora avanza.” Y ¿qué sabrás tú? Tu fortaleza abaluartada hecha con los despojos de la soledad que se abriga con ausencias en el invierno canibalizado por la escarcha.

Frío, frío, ¡FRÍO! Arropado con las páginas arrancadas del almanaque con un ligero “por favor” antes que la tormenta al terminar con su gentil paciencia las arrebatara abruptamente todas sin ningún miramiento.

¿Dónde aguarda la raíz más profunda del bosque de los mejores momentos que se ha desvanecido? Quizá en el desván del alma de algún gavilán que se creyó que no podía volar y así dejó de rozar las puertas de Dios para empezar a caminar.

Se estremecen los juncos desnudos junto a las deshoras, se estremecen los juncos desnudos bajo el compás de lo interminable. Algo, algo avanza entre el follaje, ¿qué respuesta aguarda para aquellos que jamás se molestaron en hacerse ninguna pregunta? Si tienes tegumento y hueso, y tienes el don de ser una carnaza que tiene un latir. ¿Qué espera, que detiene, en dejar el peso de la maleta para caminar desnudo hacia el reverso de la luna en su camino oculto? Soñar sin irse a dormir, suspirar al ver el primer atisbo de una estrella en la primera desnudez del anochecer. Llamar a quien más amas y decirle — Vente conmigo esta noche, y hagamos que esta sea la más inolvidable de nuestras vidas.

11. MIGUEL MURILLO, con una lectura pausada nos introdujo en una parte de su texto.

«Son las dos de la tarde. He salido a pasear. Camino y veo al cisne. Esta vez estoy sola. No quiero saber nada de Guillermo. Me ha destrozado la vida. No quiere saber nada de mí y no me da ninguna explicación. ¿Qué habrá allí dentro, en el río? El cisne vuelve a estar en la orilla… Deja de comer y me mira… Entonces, mueve de una manera extraña el cuello y se desplaza… Sí… se adentra en el río, justo en la mitad… y me vuelve a mirar… ¿Y si hay algo debajo, algo desconocido, una ciudad misteriosa, y por eso hay gente que no quiere subir? (Pausa breve. Ahora, habla con pausas entre palabras.) No. No existe la ciudad misteriosa. No hay nada interesante debajo. Solo hay una ciudad, la de arriba, la misma ciudad de mierda, la misma ciudad de mierda de todos los países de mierda, de todos los continentes de mierda, de este mundo de mierda. Solo hay una vida con demonios como Guillermo.«

«Este es el infierno y hay que abandonarlo cuanto antes. Por eso el jefe me ha obligado a quedarme quieta, cuando me han sacado de las aguas del río. El cisne se ha marchado. No ha querido presenciar el espectáculo bochornoso. El jefe no me deja moverme, me dice que es mi deber permanecer hierática. Y así he estado, jefe, desde las tres y treintaitrés… y aquí he aguantado toda la tarde hasta que se han ido… me han dejado sola para moverme… (Pausa.) Vaya. Ahí vuelven otra vez. De nuevo a hacer el papel porque el jefe me lo manda… ¡Ja! Estoy oyendo la voz de Guillermo… llora… ahora sí que llora delante de la gente… No se ha podido aguantar… Se ha decidido a venir… El muy cobarde, el muy miserable… No ha tenido los arrestos de presentarse el primero… Menuda noche habrá pasado… pensando en mí… Toda la vida, Guillermo, estarás condenado a pensar en mí, porque eres un mediocre, y oirás mi voz… ahora, con lo que hecho, sí que oirás mi voz… el resto de tu vida…«

12. SANDRA MARTINEZ, nos encandiló con su casi performance al recitar algunos de sus poemas:

Tengo heridas que aún esperan
la verdad que las salve.

La palabra de Narciso

De la palabra esclava 
la mujer mutila    con silencio 
la propia lengua

                            ¡Silencio, silencio!

                            Un golpe más…

                            Otro golpe

Voces lloran en sus ojos 

           verticales

             lágrima

                   a

             lágrima 

El cobarde con un velo tapa
aquello que lo avergüenza 
y aún niega, aunque se grita en el espejo
.

Más aún lo negará si brotan 
venas por raíces,
falanges por rosas
y al despegar la piel 
la sangre descompone
.

El pecho deshilvana
y se expone como libro abierto,
pasan página las costillas:

                          Un golpe

                           Y otro más

                           ¡Silencio!

Si dices que me amas
¿Por qué tus golpes salpican 
las paredes de esta rabia?

¡Silencio!

Queda inaugurada la dictadura 
de la noche

Quemad incienso de mirra
para purificar el olor a carne.


Y la MÚSICA DE PEDRO MONTY volvía imparable dejando estelas generosas en el aire.


13. EUGENIO SÁNCHEZ, magnifico texto.

MIDNIGHT COWBOY

hay herbazales: o devociones o decepción según proceda
hay quien aún come pájaros fritos
hay || gavetas verdes para ordenar tanta rutina
o esos hombres que a mediados de sí mismos ya no quieren nada suyo

hay que ser razonablemente qué: qué y cómo hay que ser si aún existen los terrarios
hay muchas cosas que son así-que tienen algo como de globo terráqueo que lo enchufas | y se enciende
demasiadas cosas hay que se parecen a no saber cómo se dice “cómo se dice” en otro idioma
bajo las luces panificadas —como nosotros— de las ciudades | nada hay que sea sendero: nada hay que pida serlo

y si el tiempo es un anciano que se levanta de madrugada | qué debiéramos decir sobre estos días: apenas que son cada simplemente (?)

eso tan sólo?
entonces?

entonces seamos simples: simples y espesos: protuberancias
apenas: apenas dobladillos: puntillitas de toalla: bilabiales
seamos bilabiales: consecuciones: (co)consecuencias de algún mal uso
pues pace en nosotros la mansedad de no saber exactamente qué fue de aquello que nos espera

hay canciones hispanoárabes que son monótonas y quejumbrosas | eso me achacan-dicen de mí
aún sigue habiendo tuberculosis
otra es la tisis que hace en la luz de la mañana

hay sagrados corazones de jesús en el envés de las puertas de los baños y se iluminan y parpadean cuando se abre
hay cines de verano bajo un sol de mediodía en el pecho de los hombres que se marchan para siempre
siempre hay señoras muy de otra época siempre de espaldas van caminando en las portadas de esos los libros los más vendidos sobre las mesas de novedades
hay plexiglás en los rosarios donde reside la salvación

existe qué
qué exactamente
esto
esta

la incansable regularidad de todo ¡de todo! || de siempre
esta inacabable aceptación de no ser nada como creímos alguna vez
queda por cierto un desconsuelo como de bandas municipales que todavía en los templetes de los domingos

algo hace mella


hay algo en mí cuatro/seis gatos recién paridos ahogados-por en la fregona
hay algo así como una sombra que siembra helechos en mi garganta:

hago ese frío cuando te nombro

hay un pasillo
y cierto oleaje de rostros en sus paredes cuando cruzamos

y en la callada extensidad
este cansancio vacío
esta frecuencia cardíaca
no mucho más
es cuanto soy


14. JOSÉ MANUEL SITO, con su voz desgarrada interpretó un poema excelente:

LA MORTECINA

Zigzag barbas, (virutas del tintero)
lápiz radial, ya asperezas no lima,
ya al hierro o ya a la letra hoy no se arrima,
hoy se nos fue Luis Álvarez Lencero.

Ni ya expondrá en metal, ni irá al librero,
ya muerte con inerte, hoy forman rima,
e igual que a otros que echaron tierra encima,
con él se ensañó así sepulturero.

Volvió al surco su azada campesina,
a tierra aún por labrar que nunca es poca,
y tierra en que a él lo entierran determina,


grabar tal fecha en hora que trastoca:

 “-DIEZ DE JUNIO ES-, grabó la mortecina,
(y el polvo volvió al polvo y se hizo roca)

(Al poeta y escultor Luis Álvarez
Lencero, del día que nos dejó)

EL FINAL

fue con el himno de la Alegría de Beethoven interpretada por Pedro Monty.

LA FOTO FINAL

En la foto final aparecen algunos tertulianos, algunos más de los que habían querido participar. Así, de izquierda a derecha: Juan Manuel González, Eugenio Sánchez Salina, Patro Sayago, Roberto Moral, Faustino Lobato, Emilia González, Antonio Castro, Jose Manuel Ferrera, Antonio Maqueda, Miguel Murillo, Sandra Martínez, Lázaro Caldera, Pedro Centeno, Juan Gordillo y Santiago Méndez.

FIRMA DEL LIBRO

Antes de despedirnos de Montesinos, 22 algunos asistentes al acto nos pidieron que le firmáramos el libro.

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