El día 2 de marzo, a las 17,45 de la tarde tuvimos nuestra última reunión del primer trimestre del 2026. Contamos con la presencia de nuestra autora invitada, Rosa María Estremera. En la reunión estuvieron presentes, además de quien escribe, Lázaro Caldera; Antonio Maqueda; Antonio Carrasco; Jose Manuel Ferrera; Maribel Bazaga; Juan Gordillo; Emilia González; Juan Manuel González; Sandra Martínez; Jose Manuel Sito ( estuvo un poco de tiempo hasta que repartió un cartel de una actuación suya en Ámbito Cultural).
Avisaron de su no asistencia: Antonio Castro; Elena García; Eugenio Sánchez; Santiago Méndez; Roberto Mortal y siempre, justificado por trabajo, Miguel Murillo. Otros no dijeron nada. Lo siento por estos últimos que se perdieron una de las tertulias más interesantes del trimestre.
Se discutió un texto de Pedro Centeno, DÍAS SIN CUENTO ( Un esbozo) . Antes de hacerlo comenzamos con el clásico Cajón de Sastre donde se anunció que el día 16 de abril, Antonio Castro presentaba en la Fundación CB y a las 19:00 h, su libro, UNA NOVELA CORTA, NUEVE RELATOS LARGOS Y UN CUENTO ABSURDO, editado por RE Editores; Sito habló de su evento del día 20 en Ámbito Cultural, y nos repartió un cartel impreso del acto ; y por último se habló de la presentación de Plural II, la tercera Antología de los tertulianos de Pagina 72. Al respecto, se comentó la importancia de tener un buen reportaje fotográfico y de encargárselo a Alejandro Huyro. Nadie dijo nada en contra. De este acto se indicó que se mandaría un mail explicativo. Se ha hecho.

Pasado el Cajón de sastre, Pedro explicó el qué y por qué de su trabajo, Habló que los 12 poemas correspondía a momentos diferentes de creación pero que si tenía una conexión entre ellos y relacionados con personas concretas y situaciones. El esbozo, así lo subtitulaba, puede terminar en un poemario coherente. Hay una serie de poetas que sí han influido en él, dijo, y que apuntan en algunos de los versos que todos habíamos leído. Habló de su referencia de Manuel Altolaguirre; de García Montero y otros. Leyó algunos de los poemas.
Una vez que terminó su presentación comenzamos a intervenir. La mayoría coincidimos en que este trabajo nos sabía a poco y que en sí tenía una cierta cohesión temática. Se insistió que había mucha verdad en los poemas que lo hacía atractivos por encima del oficio, que también había. La comunicación extraordinaria del trabajo no impidió que algunos expusiéramos ciertas cuestiones formales a tener en cuenta. No obstante se subrayó y alabó el lirismos y la emoción del conjunto, además de la valentía de escribir desde la derrota sin hundirse en ella.
Rosa María, intervino alabando el texto y subrayando la importancia de lo que en la tertulia hacíamos.

Dieron las 19:15 y bajamos al Salón de actos. Sandra Martínez coordinaba el dialogo con Rosa Estremera a propósito de su obra HERIDA PROPIA.
Aquí dejo el esquema que Sandra elaboró y las respuestas de Rosa, grabada in situ.



Tenemos hoy con nosotros a Rosa María Estremera Blanco, nacida en Ceuta y por ello mujer de mar. Una mujer sin duda con una formación profesional donde ha sido capaz de conjugar a la perfección el psicoanálisis y la literatura, y prueba de ello es esta obra que hoy presentamos, Herida propia, que refleja estas dos caras de nuestra invitada: la de poeta y la de psicoanalista. Porque si queremos entender Herida propia, debemos hacer un recorrido por las experiencias más íntimas de Rosa y no hay nada más profundo que sea capaz de abordar el psicoanálisis que precisamente eso, nuestras raíces para poder entender el presente. De todo esto hablaremos más tarde.
Rosa, además, en su carrera profesional, es miembro del Instituto de Estudios Ceutíes en la sección de Literatura y Música y ha colaborado en varias revistas como Tinta en la Medianoche o la revista Áurea que dirige Miguel Losada y en varias conferencias, recitales y homenajes.
En cuanto a su trayectoria poética Rosa cuenta con numerosas obras poéticas entre las que podemos destacar: Sinfonía y voces, que fue la primera publicada, El monopolio de los árboles (uno de los doce mejores libros de poesía seleccionado por la Asociación de Editores de Poesía en el año 2019 y su última obra, Recuerda que aún estas vivo.

Herida propia puede entenderse desde una perspectiva más emocional o, por el contrario, más “técnica” si tenemos en cuenta a la autora/poeta o a su alter ego, la psicoanalista. Pero como hemos dicho al inicio, ambos perfiles se entremezclan perfectamente. Para entenderlo de alguna forma, Herida propia podría ser una catarsis donde la voz femenina hace un recorrido por sus experiencias vitales desde el momento de su nacimiento hasta lo que ella misma llama “su edad contemporánea”. Muchas de estas experiencias, suponen la manifestación de heridas infantiles y heridas heredadas, que se resuelven positivamente en una madurez que yo contemplo absolutamente estoica y admirable.
Rosa asintió ante estas afirmaciones de Sandra subrayando que este es un libro muy autobiográfico muy confesional. «Desde el día que nazco, que es el primer poema-dice Rosa– , hasta el presente me centro en aquellos acontecimientos que me han marcado, que me han dejado una huella, una herida. Ahora bien la herida de este libro ya está elaborada lo único que hago es mostrarla. Me he sentido libre para contarle a los demás para arroparme de esa soledad intrínseca que el ser humano tiene por ser ser humano. Esto no tiene nada que ver con sentirme sola sino con la soledad del ser humano. Este libro es diferente a los libros anteriores donde hay mucho mas evocación y aquí hay mas narrativa, más contar historias menos abstractas.
Sandra le cuestionó que en su primer libro había empleado las rimas y que sin embargo en este se ha olvidado de la rima y escoge la prosa poética. Rosa responde que esto pertenece a una evolución propia suya. Sandra insiste en el acierto de esta forma de tratar sus poemas, es decir en como en estos poemas va contando historias, pequeñas historias, todo es muy narrativo , muy descriptivo y que en ello Rosa emplea los recursos liricos, como las metáforas, la estructura el ritmo.

Sandra sigue cuestionando: «Rosa, tú hablas ya al principio a través de las citas iniciales de tres heridas. Estan en las citas cabeceras, como la de Miguel Hernández. ¿Cuáles son estas tres heridas, por qué tres, y si podemos relacionarlas con las tres figuras femeninas que aparecen en el libro: la abuela, ¿la madre y la hija, que eres tú?
Rosa responde diciendo que «mirando estas citas sabes perfectamente de qué va el libro».
La cita de Miguel Hernández que habla de las heridas del amor, la de la muerte y la de la vida. Este libro llegó así con la herida del amor, amor maternal, pasional, de la amistad, del deseo, de las ilusiones, también de la muerte- hablo de la muerte física ( la de mi abuela) pero también de la muerte psíquica, las desilusiones.
La segunda cita de Haruki Murakami que habla de «la herida que no se ve y que no se sabe dónde está«. Cuando hablo de la herida en este sentido estoy hablando del inconsciente, de esa herida de la que no somos conscientes pero que puede determinar nuestra forma de estar en la vida. Es importante elaborar esta herida para ser dueños de nosotros mismos. ¿Dónde está esa herida? en nosotros y por eso es importante verbalizarla, por eso es bueno hablar, comunicarnos con el otro que es lo más característico del ser humano y que por desgracia se está perdiendo.
La tercera cita es de Lacan, psicoanalista francés, que retoma la obra de Freud y comenta que este inconsciente que Freud descubre está estructurado como el lenguaje. Por tanto, el lenguaje y la palabra son fundamentales en mi vida. El interés de la herida es la cicatriz, lo que se ve y se puede tocar. Metafóricamente el significado de las historias que están contenidas en este libro serían las cicatrices, los versos, incluso el libro como objeto, Herida inconsciente cicatriz consciente.
«Todos somos cicatrices visibles de nuestras experiencias, lo que hemos sabido construir a partir de nuestras heridas. Y atención, no solo hay heridas dolientes también hay heridas de las cosas buenas que nos pasan, estas nos dejan marcas. Tanto lo bueno como lo malo configura nuestra vida y la persona que somos. Es sobre todo identidad aquello que nos hace ser. Y la última cita de Virginia Wolf que dice; no puedo curar la herida de la vida, pero puedo escribir sobre ella. Y esto es lo que he intentado hacer en este libro.«
Sandra insiste en este lugar de la herida comentando: Rosa, aunque tú titulas la obra “herida propia” probablemente muchos lectores se sientan identificados con las heridas que nos expones y mi pregunta es: ¿estamos viviendo una época donde por fin podemos poner nombre a esos traumas que nos persiguen y dar un sentido a cómo somos en la actualidad? ¿Es posible aprender de esas heridas, etiquetarlas…? «Al fin y al cabo, esta es la base del psicoanálisis de Freud que según su método podemos explorar nuestros traumas inconscientes con técnicas como el sueño…» ¿Somos responsables de esas heridas que hemos heredado?

Después de que podáis leer la obra completa, quizá estéis de acuerdo conmigo en que el libro podríamos seccionarlo en donde en cada uno de ellos se van a ir produciendo los aprendizajes propios de la vida: los primeros poemas se relacionan con el nacimiento y la infancia, bañados por la inocencia, la luz del sol, la sal pegada a la piel. La adolescencia, con sus primeras veces. La juventud que curiosamente viene acompañada de bastante aprendizaje y madurez. Y los últimos poemas, una mujer en la adultez que pone el foco en la verdadera felicidad: la paz, la serenidad, el sentirse completa consigo misma y al cobijo de quien te corresponde con el mismo sentimiento. Y si te parece bien, vamos desgranando estas cuatro partes y leemos algunos de sus poemas.

INFANCIA:
Tu infancia está contextualizada en el mar, como es obvio, y son evidentes los símbolos como el mar, la sal, el viento, el intenso azul del cielo; incluso dedicas un poema exclusivamente a los olores (pág. 21, Olores del pasado): jabón, café, tostadas… Y en este poema, vuelves a hacer referencia a uno de los temas principales: “el perfume dulzón de las desilusiones”. ¿Por qué aquí? ¿A qué huele la desilusión?
Rosa responde que en este poema intenta separar lo que se percibe en la educación, de las sociedad de lo que te pasa. No tiene nada que ver el mundo que nos rodea con el mundo interior. La desilusión estña patente en los dos mundos. Sin desilusión no había ilusión. Somos una paradoja. Sin la luz no hay sombra. Y si no hubiera sombra la luz no nos parecería tan maravillosa. La desilusión no la veo tan negativa- comenta Rosa- la veo desde este lugar desde donde uno puede renacer para busca la ilusión. Por eso digo que tiene un sabor dulzón, no es amargo.
Sandra subraya otra imagen: En varias ocasiones aparecen en tus poemas las ventanas. ¿Podría ser la ventana un símbolo de protección entre el mundo del hogar, el lugar seguro y el exterior? ¿Tal vez un medio de paso?
Lo cotidiano transformado en experiencia. Hablas de las ventanas y de estas como algo protector. Tú estás en tu hogar, en el calor de tu casa, con la protección de tu familia y miras a través de la ventana lo que hay fuera.
Rosa replica que no lo había pensado de esta manera. La ventana para ella es ese punto desde donde se puede acceder a otro mundo. Es un lugar que le impulsa a seguir adelante. La perspectiva te la da la posición que tu tengas en esa ventana. Se percibe algo positivo. La ventana te permite alejarte de un hecho de un acontecimiento, Para contar algohay que tener una cierta perspectiva de lo que quieres contar. El libro no está escrito desde un desbordamiento emocional. La herida ya estaba hecha y yo la he transformado y no lo cuento desde un desbordamiento porque así no se puede elaborar. Esto ya está elaborado y lo que quiero es compartirlo. Y busco esa libertad para compartirlo.
Vamos a leer uno de los poemas más significativos de esta primera parte. LEE ROSA: LAS HUELLAS DE LA INFANCIA, PÁG. 28.
«Somos traumas de la infancia. Heridas viejas…/siempre hubo un día /que fuimos protagonistas o testigos de la desilusión./… A veces somos de nuevo ese niño inocente…/ todos llevamos guardado un muñeco roto…/ Nos dejamos colgados en el perchero de la infancia/ un abrigo descosido que nadie encontró jamás/ somos huellas de una sonrisa y la marca imperecedera de una lágrima. / Somos aquel llanto contenido cosido en el filo de nuestro corazón. Herida viva. Cicatriz. Somos pasado que siempre nos alcanza.» ( Fragmentos)
Hablamos sobre “el muñeco roto” que llevamos dentro, nuestro niño interior: cómo cuidarlo, cómo curarlo, cómo hablarle desde el adulto; hacemos énfasis en los primeros versos: traumas de la infancia, heridas viejas, cicatrices…
No podemos saltar a la siguiente parte sin leer también MI ABUELA, PÁG. 16. Rosa, tu abuela es una de las que tú denominas “las mujeres de mi historia”. Qué importante son nuestros antepasados porque de ellos aprendemos todos nuestros patrones. ¿Por qué no nos educan en la actualidad, con todo lo que ya se ha estudiado todo esto, para reconocer esos patrones y esas heridas heredadas de nuestro padres y abuelos? (A continuación, ROSA LEE MI ABUELA).
«Mi abuela era una mujer herida…/ huérfana de una familia arruinada por la guerra…/ Pasó hambre de pan y de cariño./ Tuvo una viuda difícil/ Sola aprendió a leer y a escribir…/ Ella me enseño el amor a los libros y a la poesía…/ invencible a las arrugas que sólo le crecían por dentro….aprendió a arribar en puertos seguros…Le dio a mi madre todo aquello que le negaron,,,/ Mujereas como aquellas cambiaron nuestra historia/ Mi abuela esa muher4 hecha así misma … nos hizo sufrir porque sus cicatrices eran demasiado profundas ,,,Me enseño que todo era posible /…esa mujer eterna.» (fragmentos)
Este es un homenaje a una abuela que siempre está presente en el pensamiento de Rosa. No hay verso que no me acuerde de ella. Representa a las mujeres de una época. En mi abuela están todas las abuelas,
¿Se heredan esos patrones de nuestras abuelas?
Al final de la lectura hubo un dialogo espontaneo con algunas personas del publico.

ADOLESCENCIA
Y hablas de un “telón de las ilusiones” y parece que con este telón se cierra la etapa de la infancia y se abre paso la adolescencia con todo lo que eso conlleva, como si ese telón dejara al descubierto parte del teatro de la vida.
Rosa comenta que son versos de la perdida de la inocencia y ves la realidad más allá de la ilusión.
Tanto en la primera parte como en esta segunda y las siguientes, otro símbolo recurrente son los besos: de hecho, en este inicio está el poema BESOS, PÁG. 18, que empieza con el verso “el primer beso que di fue por curiosidad, el amor vino más tarde”. Nos hablas de besos que saben de muy distintas formas: besos de madre, el primer beso (el único primer beso) y los primeros besos (con otras personas) y hasta del beso que deseas del propio Jesús, que es este otro tema que abordaremos después. Añades en este poema: “vinieron más besos de enamorados, de traición y de amistad, besos cosidos a la idea sin forma de las nubes” y continúa así “descubrí la diferencia entre amar y ser amado y al fin besé con todo el conocimiento”
Rosa comenta a esto: con todo el conocimiento que se puede tener sobre el amor. Me encanta cuando Antonio Gala habla de ello, entre la posición de ser amado y la del amante. Dos posiciones completamente distintas. No es lo mismo amar que ser amado. Cuando eres adolescente piensas que al amar vas a ser correspondido y no siempre amas a la persona que te ama. Cuando amas y eres correspondido entonces has conseguido algo que no es fácil de conseguir
Sandra subraya aquí algunos aspectos: La adolescencia viene acompañada de un chico moreno en VERDAD E INFORTUNIO, PÁG. 30, que puede ser, como nos ha pasado a todas, pues la primera gran decepción amorosa. Dices: “me sentía protegida”. Pero te va a traicionar, lo veremos más adelante en el poema TRAICIÓN. Y dices algo muy importante que a mí me ha llamado bastante la atención en la sexta estrofa: “un raro don que no supe apreciar entonces”, ¿está aquí la Rosa psicoanalista apareciendo de alguna forma, a eso se refiere el don?
Rosa comenta que habla de dos personas: el chico moreno es el que me hace sentir protegida dentro de la mentalidad de una niña adolescente, podría tener más o menos 14 años. Y en ese contexto yo me escondía para que nadie me viera y perdiera a aquel otro del que realmente estaba enamorada y que no me hacia ningún caso. En realidad aquí la que traiciona soy yo. Esto corresponde a una insatisfacción femenina, El deseo en la mujer es buscar algo inalcanzable. En la pasión amorosas que no tiene nada que ver con el amor, y que se vive mucho más cuando se es adolescente. Es como una vivencia de locura transitoria, como decía Nietzsche (?) . Buscamos algo desde la insatisfacción.»
Sandra insiste en el hecho de que hay que tener un don para esto, para hacer versos y para el psicoanálisis. Rosa responde que los campos están muy unidos. En el proceso creativo de la poesía y en el del psicoanálisis los dos son muy parecidos. En los dos se da la escucha. Hay que decir que el proceso narrativo es diferente al poético. Y lo mas importante es que «yo soy escrita».
¿Es esta, la del amor, una herida que nos buscamos nosotros solos o, por el contrario, heredamos patrones que nos hacen vincularnos con aquellos que nos van a hurgar en la herida para que aprendamos? (Herida de abandono, por traición, rechazo…).
Y qué distinta puede ser la desilusión del que nos traiciona, porque en la intención está todo: traicionar por ser desleal (el chico moreno que nos provoca una herida de abandono) y la desilusión de la que nos hablas en LA SEGUNDA ESTRELLA A LA DERECHA, PÁG. 38: aquí Rosa nos cuenta que durante su infancia tuvo la costumbre de escribir cada noche cartas a Peter Pan con la esperanza de que un día viniera a por ella como haría con Wendy. Sin embargo, descubres que las cartas, las recoge tu abuela y las va escondiendo en una caja de latón azul. Un buen día, como si tu intuición lo supiera, encuentras la lata y, lejos de sentirte engañada o traicionada, entiendes perfectamente el motivo de lo oculto. Hacemos aquí varias preguntas: ¿Es verídica esta historia, Rosa? ¿La traición depende de quien venga puede ser perdonada? ¿Qué herida tan profunda puede llegar a dejar una traición?

JUVENTUD
Estamos ya en la etapa de juventud y aprendizaje y nada mejor que leer TRAS LA TORMENTA, PÁG. 35, en la voz de nuestra compañera Maribel.
» De repente me curé,/ tuve el sueño de haber hecho las paces conmigo.// las luchas mas cruentas son siempre con uno mismo./ Me sobrepuse a todos los recuerdos/ a todas las miradas.// Sané mi juventud de la pasión y la ingenuidad,/ vencí la culpa.// Pude superar las miradas de rencor/ y todo aquello que no hice, las nubes y el viento,/ contemplé un ocaso inmenso y un nuevo amanecer.// Días fabricados con hilos invisibles de lo sencillo.// Gané a todos los reproches y me sentí libre./ Recobré la mirada y mi única voz,/ vi quien era , quien siempre fui y me gusté.// En un instante casi eterno,/ entró por cada poro de mi piel, calma, toda en mí, por todo el cuerpo . //Pasó veloz la peor de las tormentas y sonreí,/hacia ya tiempo que era feliz.»
¿Qué aprendizaje sacamos de aquí, Rosa?

Rosa comenta que «este `poema se podría incluir en cualquier periodo de la vida cuando superas algo y lo elaboras y entonces te das cuenta de que no hay nada tan importante por muy duro que sea porque siempre hay algo más que te lleva hacia adelante. Siempre se puede renacer. por mucho do9lor que se tenga. Siempre hay algo que te ayuda a sobreponerte y a compartirlo. Esta es una de las cosas que tiene el ser humano,»
En realidad, comenta Sandra, este poema cuesta ubicarlo en una etapa determinada
Y después de la tormenta, llega el amor verdadero: EL HOMBRE DE MI VIDA, PÁG. 36, en la voz de nuestra compañera Emilia.
«Recuerdo el preciso momento en que te supe/ la certeza que solo sería contigo/ de ti serían los besos, el camino, todos los puentes/ y cada habitación por abrir…/ Supe que me superaría en las caídas/ Descifré las aguas que recogíamos…/Entendí que estaría a salvo de las sombras de mí misma…/ De cada amanecer pintaríamos nuestra mejor versión…/Allí estaríamos tú y yo recomponiéndonos un cielo…/ Somos juntos lo que ya habíamos sido…/ Nos besamos por primera vez, no fue mi primer beso pero fue el único…/Quiero volver a descubrir tus labios bajo el tumulto de los días…/// Ahora estamos solos con nosotros mismos…/ Hemos llenado los días y los años con los gestos que nos regalamos…/Mañana serás de nuevo ese cielo donde poder encontrarme.»

Sin duda hay un antes y un después solo con voltear las páginas de un poema al otro à invitamos a Rosa a hablar de “El hombre de su vida”. Podemos destacar el verso “nos besamos por primera vez, no fue mi primer beso, pero fue el único”.
Sí, siempre hay mucha mitificación sobre el primer beso. Entre mi primer beso y este me quedo con este. Pero esto es una cuestión personal.

ADULTEZ
Llegamos hacia el final de las cuatro partes. Hemos pasado por la infancia y sus heridas infantiles heredadas; la adolescencia con las heridas de las primeras veces, aquellas vinculadas especialmente al amor; y llegamos al final: una cuarta parte llena de serenidad. El yo adulto frente a su yo niño. Ya ha aprendido, ha encontrado la verdadera felicidad: la estabilidad, la quietud.
Y la adultez es la estación del otoño, que curiosamente, da título al poema de la pág. 43, con el “olor de las infusiones de la abuela”, el color a “sepia como una fotografía antigua pero inmortal”.
Rosa, ¿ qué supone el otoño en tu vida?
«Para mi el otoño es renacer. Para mí es la época donde yo mejor escribo.me inspira. Tengo que decir que hay dos puntos desde donde me viene la inspiración y son: por un lado mi mundo anterior; y por otro, mi contacto con la naturaleza. Y es en esto último, en otoño, donde se me ofrece una maravilla de tiempo para descansar para luego renacer. El otoño es recogimiento. Es una metáfora en sí esta época del año.»
Y es aquí donde ya aparecen esas dos figuras claras que citamos al inicio: la poeta y la psicoanalista, perfectamente cohesionadas. Por ejemplo, podemos verlo en el poema de la pág. 51 cuando dices: “que no se me olvide que yo, lo que soy es poeta/le dije a mi psicoanalista hace ya casi una vida”, donde te hablas a ti misma. Rosa responde al hilo de esta cuestión «que a quien habla es a su psicoanalista. Esto es porque antes de ejercer como psicoanalista te tienes que psicoanalizar.» «Estuve diez años de análisis personal. Me gustó el psicoanálisis y llegué a ser miembro de la escuela. Y es aquí en este ámbito del psicoanálisis donde veo que la escritura es también una parte de mi. Necesito escribir para ser yo. Me da igual publicar.
Y entre muchas experiencias, nos hablas también de la ternura de ser madre, del dolor de la pérdida de la abuela y las crisis de fe. Muchos temas que nos darían para reflexionar durante horas. Pero, nuestro tiempo es limitado y vamos a centrarnos en uno que me llama bastante la atención:
El tema religioso que habíamos dejado hasta ahora de lado, cobra aquí especial importancia. Hablas de tu experiencia de la comunión, por ejemplo, y con algunas figuras de la Iglesia. Qué importancia tiene este asunto para ti para haberle dedicado varios de tus poemas. (Citas varias: “Si alguna vez pudiera viajar al pasado/me gustaría hablar con Jesús”, “por qué una paloma, por qué un padre manda morir a su hijo en la cruz”).



ROSA hace referencia a su crisis de fe cuando un cura le dijo que no podía comulgar en la iglesia el día que su hijo hacia la primera comunión. La llamó adultera. Esto supuso para ella una quiebra en sui proceso creyente. Para ella el personaje Jesús de Nazaret es muy importante, independientemente de la consideración divina, de si es Hijo de Dios o no. A esto replica Ester que hay en el libro una afirmación en la que Rosa subraya que si ella fuera al pasado le gustaría encontrarse con Jesús.
Rosa lee ADÚLTERA PÁG. 45.
Adultera me llamó el cura…/ Una divorciada…/// Lloré con amargura y con el llanto/ se escapó mi Fe por el arco de las mejillas…//Más desolador…/ fue el eco ensordecedor de la palabra adultera/ en su soberbia me dijo ·si nadie sabes lo que eres, podríais comulgar»./ Encima hipócrita….Dios sabe que ese hambre no lo representaba…/ quebró mi fe, sin duda un cura equivocado…/ y me quedé infinitamente sola,…/Desde entonces convivo por un sendero roto/ que aún no he podido solventar…/ El que ha sido alguna vez católico lo es siempre/ ya no creo en dios , eso sí, muchas noches rezo…«

CIERRE Llegamos al cierre de esta charla y tenemos que hacerlo de manera triunfal porque si algo tienen las heridas es que podemos sanarlas aprendiendo de ellas. La herida no se esconde, no se cura; la herida cicatriza y no se borra. Podemos convivir con ella. En el poema Edad contemporánea dices: “solo me importa ya la serenidad, la felicidad está sobrevalorada.«
Rosa agradece a Sandra y todo el equipo de la Tertulia las atenciones que se han tenido con ella y con su marido, que le acompaña.

Foto de familia entre los que se ve a algunos tertulianos y tertulianas presentes en el evento. De izquierda a derecha: Marisi ( profesora de lengua y literatura del IES San Roque), Antonio Maqueda, Pedro Centeno, Jose Manuel Ferrera, Faustino Lobato, Maribel Bazaga, Lázaro Caldera, Rosa Estremera, Sandra Martínez, Juanma González >Flores, Emilia González, Juan Gordillo y Antonio Carrasco.
Otro momento de encuentro fue en la Radio con Guadalupe Jeréz



