El lunes santo, día 30 de marzo, loa tertulianos de Página 72 tuvimos la presentación de la tercera Antología del grupo. Esta vez se trataba de Plural II, un Antología que, a diferencia de las otras, contiene otros géneros literarios, no sólo poesía. La narración y el teatro ocupan su puesto representando esa diversidad de los componentes de Página 72.
El encuentro arrancó con la música de Pedro Monty, tocando Esperanza.
Después, como introducción y contextualizando la Antología, el que escribe, Antonio Castro y Juan Manuel González.
Hablé primero de la tertulia y su evolución a lo largo de estos dieciséis años, su objetivo, sus logros, sus cambios. De cómo se ha pasado a Tertulia literaria dejando atrás la expresión de escritores.
Antonio Castro, comentó las tres ediciones de una antología de tertulianos: De cómo cada una de estas ediciones corresponde a una forma de expresión de la propia tertulia en cada una de sus momentos.
-La caja literaria, se editó en 2011. Un libro arte editado por Manuel Romero Higes de forma casi artesanal. Cintería ilustraciones de mi autoría y unos magníficos textos poéticos en hojas separadas. Todo envuelto en cartón y atado con una cinta de cuero.
-Plural, se editó en 2020, post pandemia,. Con una ilustración de cubierta y contracubierta inspirada en una foro de Rosa María Fernández Serrano. Esta es una acuarela de Vellarino
– Plural II. La nueva Antología aparece con nuevos tertulianos y generos literarios diversoscomo el cuento, el relato y el teatro.
Juan Manuel González habló del sentido y representación de las ilustraciones de cubierta. Una mesa vista desde abajo y que no termina. Está rodeada de sillas en las que aparecen pies como peces que pretenden entrar en una pecera donde nadar juntos. La ilustración de la contracubierta es una ladrona de libros. Muy significativo.
La segunda parte se inició con improvisaciones de piano de Pedro Monty
Las intervenciones de algunos tertulianos fueron alternando poesía y prosa ( relato o teatro)
Cada intervención de prosa, un trozo seleccionado, de dos minutos o dos y medio; las
intervenciones de poesía se limitaron a un solo un poema. El poema tampoco rebasó los dos
minutos y medio.
Comenzaron:
José Manuel Ferrera, recitó entre otros este poema:
El Gato Pumba
Se mecen las palmeras
al son del aire.
Sobre el Guadiana
vuelan suspendidas
oscuras
nubes de algodón…
Mi gato Pumba,
se esconde
después de tener conmigo
una refriega;
“Me arañó el sillón”
¡Le riño!
me mira y corre
suponiendo un castigo
que nunca llega…
Siempre se me pasa
y lo perdono
cuando vuelve mimoso
a mi regazo
y entrecierra los ojos
al refregar sus bigotes
en mi cara y mueve
lentamente el rabo…
Inesperadamente
se puso a llover.
En el tejado truena
sin sus chispas, una nube;
¡un nubarrón
se asusta Pumba, y corre
a su guarida favorita:
Debajo de la mesa.
se queda quieto
cierra los ojos, y duerme.
¡O se hace el dormido!
¡Mi listo gato Pumba!
.Lázaro Caldera (GRIS)
De todas las maneras posibles que existen para ser feliz, él escogió la de ser jardinero. Vivía por y para una explanada de césped de dos kilómetros cuadrados donde crecían varios pinos y eucaliptos, algunas encinas y alcornoques, multitud de adelfas y jaras, y donde se levantaba, justo en el centro del perfecto cuadrado verde, un pequeño jardín con buganvillas trepadoras y una fuente, que vertía agua limpia a un pequeño arrayán. De su aspecto se intuía cierta decadencia, pero a juzgar por su actitud, cualquiera diría que su vida dependía exclusivamente del estado de aquel vergel diminuto donde vivía, en perfecta simbiosis, con cada tronco, cada rama, cada hoja y cada brizna de hierba.
Ser jardinero te obliga a confiar en que no todo está tan muerto como parece. Otras profesiones no pueden decir lo mismo, menos la de funerario, claro está. Pero la de jardinero, es otra cosa. La rama desnuda, en apariencia inerte, está tan viva como nosotros. Esa retahíla solía repetirla cambiando al protagonista, que unas veces era un grupo de orquídeas a quienes mimaba mientras frotaba con absoluta delicadeza sus sensibles flores. En otras ocasiones era el turno de las lilas. Las otras, las glicinias. Quienes pasaban por allí se quedaban un rato escuchando sus verborreas, clases magistrales de amor más que de botánica.
Cuando arrancáis una rama es como si cortarais un dedo, solo que ellos tienen la suerte de recuperarlos, si todo va bien.
Por mucho que intentase repartir su interés por cada criatura con la que compartía aquel lecho verde, el centro de sus desvelos era un vetusto álamo que se alzaba majestuoso a un lateral del pequeño jardín. De su vejez hablaba mejor aquel viejo gris, que casi todos en el pueblo daban por muerto, por no decir todos. Todos menos él. ¿Qué edad tenía? Imposible saberlo. Las mismas arrugas cetrinas y profundas recorrían piel y tronco indistintamente, asombro natural de perfecta concordancia que nada sorprendía ya a los vecinos del pueblo, puesto que aquel paisaje formaba parte indisoluble de la identidad del lugar.
Si tiene líquenes, como vosotros tenéis granos y verrugas, es porque está vivo. Quiere vivir. Moríos vosotros cada vez que el acné os colonice el rostro, gritaba a los vecinos que especulaban con la posibilidad de echar abajo al viejo gris. Esa era su principal batalla, evitar que acabase talado o arrancado. Porque no dudaba en que, de la misma forma que la muerte de una abeja era la muerte de otra flor, la desaparición del viejo gris podría suponer la muerte del parque, para dar paso a otro banco, otro columpio u otro quiosco. La muerte de un árbol, de los árboles, no es una muerte sin más, decía a quien se paraba todavía a escucharle. Es la pérdida de un terreno, un reino que de golpe da paso a otra textura donde el abandono es el único que da permiso a las plantas para crecer. Asfalto, plástico, goma, qué más da. La derrota del verde es mi derrota.
Antonio Castro (OJOS y OLVIDO)
OJOS
Levantar la mirada.
Tener cielos que contemplar sin límites,
ríos que descubrir en cada lágrima.
Ignotas superficies
que reclaman la vida y la esperanza.
Sementeras al tacto de los dedos,
rincones de la piel
que aguardan erizados el futuro,
que sueñan con amor y que son llagas.
Al final todo es
caminar hacia el verso sin palabras.
Ternura y voluntad en un desierto
donde alzar orgullos nuestros ojos
sin dolor ni añoranza.
Dirigir hacia el sol nuestras pupilas
y llenarlas de luz.
Colmarlas.
OLVIDO
Cuánto tiempo lleva aprender olvido.
Tal vez sólo en la infancia, cuando todo
parece como nuevo y hasta el odio
desconoce su nombre cuando nace.
El olvido no lleva la renuncia,
la venganza como flor en sus manos.
Los pliegues temporales que lo habitan
son caminos de fuego y de ceniza.
Tiene la desmemoria abecedario
singular de aprendizaje, suturas
que dejan en el alma cicatrices
como nombres grabados en las piedras.
Palabras milenarias esculpidas
que lame el tiempo hasta desgastarlas
y tornarlas apenas perceptibles
cual vestigios al tacto y al recuerdo.
El antiguo dolor siempre latente.
El corazón anhela su refugio,
la cueva del perdón y del silencio
donde nada perturbe su latido.
Música de Pedro Monty
4.Pedro Centeno (EL KARMA)
- Emilia González (ESPIGA ROTA y EL GRANO)
- Juan Manuel González (prosa)
Música de Pedro Monty- Patrocinio Sayago (GRITOS EN EL SILENCIO)
8.Antonio Maqueda (LA MALETA) - Faustino Lobato (ÉTTONEMENT)
Música de Pedro Monty
10.Roberto Moral (poesía)- Miguel Murillo (teatro)
- Sandra Martínez (La palabra de Narciso)
Música de Pedro Monty
13.Eugenio Sánchez (MIDNIGHT COWBOY)
14.José Manuel Sito (LA MORTECINA)
- El final fue con el himno de la Alegría de Beethoven interpretada por Pedro Monty
