Skip to main content

El día 13, lunes, del mes de abril, después de la Semana Santa, tuvimos nuestro encuentro mensual de tertulia. Esta vez nos reunimos en torno a un texto inédito de Lázaro Caldera. Este era una pincelada de lo que será una futura novela.

No hubo mucho Cajón de Sastre fuera de indicar quienes se ausentaban por razones de enfermedad o personales.

Los que nos encontramos allí, de entrada éramos, además del que escribe, Antonio Castro, Maribel Bazaga, Pedro Centeno, Juan Manuel González Flores, Sandra Martínez, Adrián Tejeda, Javier Benítez, Juan Gordillo, Fernando de las Heras, Miguel Murillo Fernández, Lázaro Caldera- A estos se les unieron, un poco más tarde, Roberto Moral Boza, José Manuel Ferrera.

La tertulia discurrió con bastante fluidez. Primero, Lázaro expuso el origen de estos textos y de cuales son los contextos en los que está trabajando. Subrayó que esta será una novela de crecimiento, Este subgénero tiene relación con el aprendizaje personal. Para los literatos la idea del crecimiento se trata de un viaje interior en el que se narra el desarrollo interno y social del personaje principal. Generalmente parte del final de la adolescencia, que es lo que Lázaro apunta en su escrito de diez páginas. Y todo ello, en el marco de un conflicto personal y social del entorno. La crítica social, evidentemente se hará presente, sin dejar atrás elementos simbólicos y significantes a través de los cuales se acentue una serie de aspectos al filo de la introspección y la nostalgia.

Se alabó las bondades del texto. Bien escrito y con una estructura perfectamente diseñada. Algún tertuliano apuntó a Pio Baroja e incluso a Miguel Delibes en cuanto a una referencia de construcción literaria. Otros, pensaron que se trataba de un relato corto donde el dinamismo lento y fluido de la narración ayudaba a mantener la tensión del lector. A Lázaro se le felicitó, también, por los diálogos que aparecen en una parte del texto, de cómo éstos estaban muy bien encuadrados, cosa que no es fácil de hacer.

Somos muchos los que esperamos una novela de Lázaro Caldera. Posiblemente sea esta. Estamos acostumbrados a su buen hacer los escritos que él llama de opinión en el blog de la tertulia.

Una tertulia extraordinaria en la que Concha Rodriguez no pudo estar por tener que atender una serie de compromisos previamente establecidos en el CPR. Después disfrutamos de ella en la presentación de su libro: El regalo de Zeus.

Siento que tertulianos habituales no pudieran asistir por estarindispuestos y se la perdieran.

2. Presentando El regalo de Zeus.

Miguel Murillo Fernández presentó a Concha Rodriguez con estas palabras que transcribo aquí para gozo de todos especialmente para aquellos que no pudieron estar:

«Buenas tardes a todos. Hoy vamos a hablar de teatro. La ocasión es doblemente feliz: por un lado, tenemos ante nosotros una publicación teatral, cosa extraordinaria en el panorama actual (no nos cansaremos de repetir la consigna de que el teatro también se lee y de que el teatro es también un género literario); por otro lado, si revisamos la cubierta del libro veremos en él un nombre singular: Concha Rodríguez. Poco hace falta decir de esta artesana de las artes escénicas, una mujer comprometida con su oficio, con sus ideas y sus principios; en su caso particular, por su sentido crítico y honesto, no se le puede atribuir la frase de que si no nos gustan sus principios, tiene otros, no: Concha Rodríguez tiene los mismos principios, los mismos ideales con los que inició su carrera dramatúrgica y teatral, y estos sobresalen en sus apariciones públicas y en su teatro, siempre en su teatro. Empecé diciendo que era de celebrar contar con una publicación teatral, y no es baladí esta ironía dado que la situación de las publicaciones de este género en eterna crisis es alarmante no por el número reducido de ellas, sino por su exigua relevancia e impacto. No hace mucho alzaron la voz una serie de autores y autoras de teatro, con Itziar Pascual a la cabeza, al comprobar que en una de las últimas listas de libros que lanza Babelia, entre recomendaciones y reseñas críticas, no aparecía ningún título teatral. Si uno se va a la revista de las Artes Escénicas verá que no solo hay libros de creación dramatúrgica, sino que también se publican estudios, revisiones y antologías concernientes a este noble arte de Talía.

¿Quién es Concha Rodríguez? Una almendralejense que se licenció en Filosofía y Letras y en Filología Clásica por la Universidad de Extremadura. Entusiasta del acervo clásico y muy ligada desde bien temprano al teatro, en el que comenzó a trabajar de una manera precoz: su formó como actriz con directores experimentados, como Antonio Malonda y Ángel Facio; participó en talleres de escritura y estudios sobre el texto teatral. Y… atención… a los 26 años fundó la compañía teatral “La Estampa Teatro” y a raíz de crear la productora, comenzó su andadura como autora de textos. En el haber de Concha Rodríguez veremos que se centra, sobre todo, en la comedia, por lo que podríamos aseverar, sin temor a exagerar, que es la gran comediógrafa extremeña. He tenido la suerte, primero como admirador de su obra, después como amigo (que sigue siendo admirador) de llegar a su obra como lector y como espectador. Cuando uno aprecia una obra suya (leyendo o viéndola sobre las tablas) tiene la sensación de no estar ante algo más. No estamos ante un teatro bobo, insulso, lleno de lugares comunes. Por lo general, se trata de un teatro a ratos vitriólico, a ratos corrosivo, hilarante, desternillante, divertido; a ratos amable, afable, que despierta una ligera sonrisa; no es un teatro alejado de lo que podemos conocer, sino que logra situar en nuestros más reconocibles espacios su feroz crítica. Pero algo he de destacar: a diferencia de otras obras, donde la queja esperpéntica y grotesca construye una creación incómoda y adusta que lo destruye todo, en el teatro de Concha Rodríguez late un sentimiento de bondad, no en el sentido más bobalicón del término, me refiero a la bondad como compromiso social: Concha, con su teatro, quiere construir, aprovechar los cimientos de una sociedad que aún tiene que mejorar, para que desde el patio de butacas nos percatemos de nuestros errores, nos riamos de ellos al verlos en el espejo, y tirar para adelante, siempre para adelante. Por tanto, podríamos decir que como artista pretende construir una sociedad mucho mejor. ¿Cuál es uno de sus compromisos? El leitmotiv de su obra: la perspectiva de género. Da la casualidad de que en el Máster que inicié el pasado año de Estudios Teatrales, en una asignatura que precisamente llevaba este nombre: “Perspectiva de Género en los Estudios Teatrales”, pude aproximarme a la figura de Concha no ya como amigo, no ya como admirador, sino como filólogo. En todas las obras, de una manera u otra, late este compromiso con las mujeres. Concha logra no alzar un megáfono, no usar el teatro como pretexto para una pancarta: la cuestión de las mujeres, su visión crítica de nuestra realidad se imbrica a la perfección con el conjunto ficcional de su historia. Nada está al servicio de la causa: la causa misma forma parte del bosque. Lo podemos comprobar en una obra familiar, como en Doña Bruja quiere amigos; en otras piezas como Efecto Dulcinea; Última luna de abril; y en comedias donde también se ve ridiculizada esa convención a veces grisácea como es la familia (Hoy viene a cenar mi sobrino el concejal; La vida secreta de mamá). La obra que nos ocupa, El regalo de Zeus, del mismo modo que ya hiciera con El sueño de una noche de verano, llegó a pisar no las tablas, sino las arenas del romano, ese marco incomparable al que quisiéramos llegar tantos autores. Un texto a la altura de grandes escritoras, como Laila Ripoll, Alicia Miyares, Lourdes Ortiz, en esa línea de enormes dramaturgias en las que estamos situando quienes nos estamos ocupando de la obra de Concha.

El regalo de Zeus consiste en un erudito jolgorio, expresión acuñada por el crítico José Manuel Villafaina, quien también dijo del espectáculo que se trata de un “cosmos mitológico teñido de humor y magia”. Precisamente este ha sido el trabajo de la dramaturga: unir sus conocimientos clásicos, las tradiciones que existen sobre el mito de Pandora, que no son muy elocuentes según se revisa en los textos de Hesíodo, en algunos pasajes de la Ilíada… La autora, con sobrada imaginación, como decía, ha unido la tradición con su sentido del hacer escénico. De una manera muy amena, recurriendo en todo momento a la comedia, nos cuenta el origen del ser humano, desde la nada. Prometeo, Zeus, Melpómene, Talía, Pirra, Deucalión, personajes que intervienen en la obra para hacerse, hacernos, la pregunta de marras: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿para qué existimos? Pirra tiene un objetivo claro en la obra: hallar en nuestro propio planeta un recóndito lugar donde exista la paz, tranquilidad, el bienestar, para ello pretende encontrar la ansiada Esperanza en la famosa caja de Pandora… Debo resaltar el hecho de que no es Melpómene, la musa de la tragedia, quien nos refiere la historia, sino que es Talía la protagonista, ese personaje protático, en el más sentido clásico, que mueve al resto de los personajes, conoce la historia y presenta los acontecimientos. Sin embargo, incluso Zeus desconoce el lugar en que se encuentra la Esperanza, dado que se ha separado de la Memoria, por lo que vemos a un trasnochado dios del Olimpo desmemoriado, venido a menos…

En una ocasión le pide Talía, la musa de la comedia, lo siguiente a Zeus:

Oh, padre, Zeus, no escuche a mi hermana Melpómene, la Musa de la Tragedia.

(A Melpómene.) Ella siempre arrodillada ante usted, repitiendo cual papagayo el destino

trágico de la humanidad. (A Zeus.) Oh, padre Zeus, de sus dos vasijas, no vierta la vasija

del olvido, la de la arena que todo lo cubre; vierta la de un nuevo destino a esa humanidad

que se aferra a la esperanza de encontrar la verdad en los vestigios de nuestra era. Yo, que

me acerco demasiado hasta rozarles, veo con el respeto, el celo y el mimo con que

escarban la tierra que derrama la vasija del olvido, buscando sus raíces, sus inicios, su

propia historia. Su ambición es heredada, al igual que su sumisión. Oh, padre Zeus,

ayúdeme a contar mi versión de los hechos a través de la leyenda amable y cercana de su

creación, y quitaremos miedos y recelos, repoblaremos la tierra de una humanidad

entrelazada entre sí, que no se mire en las estrellas, sino en los ojos de sus iguales.

Larga vida a la comedia, ergo larga vida a Concha Rodríguez.

Aunque sea un mero parlamento de un personaje en un lugar determinado de la comedia, podría decirse que constituye toda una declaración de intenciones de la dramaturga: esta es la historia, querido público, que voy a contarles y la forma de contarla. Porque para Concha no existe otro mecanismo posible: solo por medio del humor, de la astracanada, de la risa, del desenfado, podemos remover al público. Concha, como una autora consagrada en nuestras letras no solo extremeñas, sino españolas, promueve la risa como catarsis.

Dije antes que la perspectiva de género está presente en su obra. También en esta. Debemos señalar que el personaje central, en torno al que gira la trama, es precisamente PANDORA, una figura femenina creada por Hefesto. No quiero desvelar el desenlace, pero la cuestión de las mujeres, ese leitmotiv de nuestra autora radica esencialmente en este. La forma de resolverse el conflicto es magistral. En esto Concha demuestra que conoce bien su oficio: sin conflicto no hay teatro, sin los mecanismos inherentes al enfrentamiento entre antagonistas y protagonistas. La búsqueda de la Esperanza por encima de todo, la curiosidad de Pirra en saber de dónde venimos, en definir nuestra naturaleza, por lo que podríamos hablar de una intención humanista, adquiere una dimensión obstinada, del mismo modo que otros personajes de Concha. La determinación, el propósito de descubrir la verdad, es un rasgo de los personajes conchianos, si me permiten el término.

Os invito a conocer este texto porque no está creado solo para pasar un buen rato, que también, porque el teatro debe contar también con el entretenimiento, muchas veces olvidado, sino porque es un alegato en defensa de la naturaleza humana, es un paso más dentro de la mejor tradición teatral universal, esa que sitúa a los hombres y mujeres, con sus enigmas, sus contradicciones, en el centro del argumento, un teatro que no da lecciones. Un teatro que ofrece interrogantes, que abunda en lo ignoto, y que se sirve de la herramienta de la comedia para llegar a una posible solución. Como dice Zeus en un momento determinado de la obra: <<Es evidente que a la caprichosa raza humana acontece siempre lo inesperado. Jamás pensé que una comedia desvelaría el enigma. Larga vida a los finales felices.

En Canal Radio Extremadura con Guadalupe Jeréz

En el IES CASTELAR. Con Adrián Tejeda como coordinador.

Deja un comentario

error: ¡Contenido protegido! Prohibida la utilización de imágenes sin permiso.