He leído el último artículo de Lázaro Calera, TIEMPOS COMPETIDOS, en este blog de Página 72 y me ha llevado a uno de los libros que hace años me publicó Olélibros (Valencia), EN EL ALFABETO DEL TIEMPO. De él extraigo algunos poemas:
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EL TIEMPO,
una pausa de extraños,
una fantasía de lo imposible.
El tiempo, su sombra regresa
cuando no quiero.
Estoy atrapado en él
aunque no exista.
La realidad rompe
la magia del algoritmo.
Importa el perdón
a pesar de que las manos retienen
el veneno de la caricia.
Sobrevivo en su herida
cargada de sueños.
Lo absurdo de esta mentira
se hace presente cuando no quiero.
Vuelve, siempre regresa,
el inoportuno momento
afirmando la huella del desánimo.
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Entre mis afanes se revela
la mentira del tiempo.
Y surge la piel del poema
que reclama el coro de los gritos
agolpados en las manos.
Después, con el dolor de podar palabras,
llega el delirio de las musas. Maravilloso enredo,
en esta apuntada primavera, que me conduce
a saborear los versos
deteniendo la falacia del tiempo.
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CUANDO el “tiempo” es
una puerta abierta a lo imprevisto,
la esperanza se cuela en mi
con el deseo de lo mejor
.
Cuando el presente se afirma
y el caos desaparece
en el silencio,
vuelve la sangre del ánimo.
Cuando el “tiempo” deja de ser incierto
la herida toma nombre
en la frontera de tu rostro,
libre de ignorancias.
Cuando la desnudez de los segundos
muestra compasión
en el temblor de la duda,
todo se vuelve más cercano.
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EL tiempo se escapa por las aceras
se enreda en la huella del recuerdo;
se va con la prisa de la mañana;
se frena en el regalo de tu sueño.
El tiempo se deshace entre luces, ruidos
y monosílabos del color de este ángel
que nos nombra. El tiempo deja de existir
en la memoria de la casa, y en los gestos de perdón.
El tiempo se disfraza de imagen sin hogar,
en transeúnte perdido; es como una letra en la pared,
la espera del autobús o un beso improvisado;
el arreglo del ascensor, la nota del cartero
El tiempo,
el
tiem
po,
fugaz, como un juego de versos,
incierto, como un poema por terminar.
.
El tiempo, el maldito tiempo,
huye,
se desbarata,
se oculta
de-sa-pa-re-ce
y juega a ser.
Porque somos paréntesis…,
sueños.
