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	<title>Opinión archivos - Página 72 Tertulia literaria</title>
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		<title>AULLONES</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Aug 2026 11:50:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La actualidad, eso que pasa mientras estamos a todo lo que hacemos como que nos importa, funciona con el ímpetu de los aullones y de sus desamparados objetivos. Basta la capucha para hacer lo que se quiera. Basta nombrar a una sábana que se mueve como el vecino que se odia, como el forastero, como el otro, siempre lejos, para que el miedo se nos despegue de la piel, se vaya a la punta del dedo índice, y toda vez que lo agitemos, creamos verlo volar, escapar, para posarse en quien deseamos que cargue con ese escozor. Ojalá funcionase como solución, y no como conflicto en sí mismo.</p>
<p>Los campos seguirán ardiendo, las fronteras seguirán siendo el borde de todos nuestros errores, fatalismos y miserias, y la culpabilidad, chapapote emocional indestructible, seguirá siendo ese fantasma que vive en el armario y que fingimos no ver cuando vamos a por el bañador. Por decir que vive en otro armario no va a salir de ahí. No nos libraremos de él tan fácilmente. Ni en verano, ni en el otoño que poco a poco quiere posarse sobre los tejados con el mismo afán que el sol que ahora derrite ideas y sueños.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.pagina72.es/2026/08/09/aullones/">AULLONES</a> se publicó primero en <a href="https://www.pagina72.es">Página 72 Tertulia literaria</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Basta nombrar a una sábana que se mueve como el vecino que se odia, como el forastero, como el otro, siempre lejos, para que el miedo se nos despegue de la piel</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1536" height="864" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/08/WhatsApp-Image-2026-08-08-at-12.38.09-edited.jpeg" alt="" class="wp-image-4822" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/08/WhatsApp-Image-2026-08-08-at-12.38.09-edited.jpeg 1536w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/08/WhatsApp-Image-2026-08-08-at-12.38.09-edited-300x169.jpeg 300w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/08/WhatsApp-Image-2026-08-08-at-12.38.09-edited-1024x576.jpeg 1024w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/08/WhatsApp-Image-2026-08-08-at-12.38.09-edited-768x432.jpeg 768w" sizes="(max-width: 1536px) 100vw, 1536px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Normalmente las cosas con poco fondo o con poca verdad suelen pasar en verano. El desoficio más o menos generalizado alimenta la imaginación, y de ahí al miedo y al oportunismo no hay ni medio palmo. Lo saben bien los periódicos deportivos y los menos dados al ejercicio. Ahora se anuncian fichajes que jamás se llegan a materializar, y se da pábulo a teorías que sonrojarían a Asimov.  De igual forma, poco importa si se vive rodeado de quinientos vecinos o de cinco millones. <strong>Elucubrar es gratis, y no figura en las estadísticas. Las consecuencias, la inmensa mayoría de las veces, tampoco.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En verano se cazan los gamusinos, salen las pantarujas a pasear, y se dedican a hacer de los suyas los aullones, esos seres que todo el mundo sabe quiénes son debajo de sus sábanas blancas, pero nadie conoce.<strong> Siendo aullón se aprovecha para todo: para asustar a quien se lo merece, colarse en sus pesadillas, esperarle en los callejones más oscuros, y hasta para robarle. Pero siendo víctima, el chollo es macanudo, ya que se puede culpar a quien se quiera, que el manto da toda la libertad acusatoria que se quiera.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La mal llamada España negra, la de las casas de piedra o de cal, en los márgenes, monopoliza el relato del horror, pero las capuchas no necesitan estar cerca del terruño ni alejarse del asfalto para multiplicar su efecto. La actualidad, eso que pasa mientras estamos a todo lo que hacemos como que nos importa, funciona con el ímpetu de los aullones y de sus desamparados objetivos. Basta la capucha para hacer lo que se quiera. Basta nombrar a una sábana que se mueve como el vecino que se odia, como el forastero, como el otro, siempre lejos, para que el miedo se nos despegue de la piel, se vaya a la punta del dedo índice, y toda vez que lo agitemos, creamos verlo volar, escapar, para posarse en quien deseamos que cargue con ese escozor.<strong> Ojalá funcionase como solución, y no como conflicto en sí mismo.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los campos seguirán ardiendo, las fronteras seguirán siendo el borde de todos nuestros errores, fatalismos y miserias, y la culpabilidad, chapapote emocional indestructible, <strong>seguirá siendo ese fantasma que vive en el armario y que fingimos no ver cuando vamos a por el bañador. Por decir que vive en otro armario no va a salir de ahí. No nos libraremos de él tan fácilmente. </strong>Ni en verano, ni en el otoño que poco a poco quiere posarse sobre los tejados con el mismo afán que el sol que ahora derrite ideas y sueños.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo peor es que esto no se soluciona con el cambio estacional: mañana vendrán los abrigos y los paraguas y seguiremos temerosos de encontrarnos al fantasma cuando saquemos la trenca y las botas. Pero no se irá. Cada cual tiene a su fantasma, a su aullón esperando a la vuelta de la esquina. Y <strong>mientras se siga huyendo de él unos días, o siendo quien asusta, no habrá armario sin uno dentro.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>HUMO</title>
		<link>https://www.pagina72.es/2026/07/26/humo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Jul 2026 17:44:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nunca es tarde, pero siempre suele serlo. Las desgracias apocalípticas, en rojo y negro, que parecen monopolio de las periferias, tiñen ahora el cielo triunfante de unos pocos del mismo color del que ven muchos su futuro desde hace mucho tiempo, quizás demasiado. Es crudo, pero no menos real. Y solo cuando la realidad es la misma para todo el mundo, se vuelve de verdad incómoda y desagradable, porque es traída de nuevo hacia arriba desde las profundidades y las lejanías, puesta encima de la mesa. Es, por fin, compartida. Y por qué no decirlo, exige sin ambages erigirse en la excusa perfecta para el nunca más que muchos ya no esperan, pero ahora, desde los altavoces que suenan siempre más fuertes, se compra carísimo fuera de las urnas. El resto del tiempo es, por desgracia, humo. Siempre humo.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ahora que el fuego se huele desde el punto de partida de todos los kilómetros, se entiende real, no imaginado, ni deseado, sino temido, odiado, llorado.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="944" height="1024" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-26-at-19.33.54-1-944x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4812" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-26-at-19.33.54-1-944x1024.jpeg 944w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-26-at-19.33.54-1-277x300.jpeg 277w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-26-at-19.33.54-1-768x833.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-26-at-19.33.54-1-1416x1536.jpeg 1416w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-26-at-19.33.54-1.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 944px) 100vw, 944px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Quienes hemos nacido en lugares donde el humo no sale exclusivamente de un motor tenemos una relación particular con el fuego. Por eso cuando vemos que somete con tanta fuerza a tanta gente, nos extrañamos. Al fuego normalmente se le convoca, se le invita, se le llama. No viene solo. Hay incendios provocados por rayos, por extrañas fricciones. Pero en lo más hondo todos entendemos que el fuego es un arcano al que cuesta hacer vivir. Que por propia voluntad es muy raro que acuda raudo a hacer su feroz magia. El fuego viene para darle trabajo a un caldero, a una lumbre, a una chimenea, a un brasero. Viene para que los sarmientos muertos dejen espacio a los nuevos. <strong>El fuego viene para llevarse algo que por necesidad tiene que darle sitio a lo nuevo, a lo vivo, a lo que lucha por salir adelante.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El fuego le sigue dando sentido a los inviernos entre las piedras, y sigue siendo el único motor de la memoria que no se aguanta sobre un papel, pero sí sobre los paladares y los verbos más viejos, cantarines en verano, dichosos en primavera, nostálgicos en otoño. <strong>Bajo la lupa de la mirada experta es la yesca necesaria, temerosa de ser el principio de un infierno nunca deseado.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Arden el monte y el bosque, otra vez. Pero lo hacen ahora alrededor de quienes ven en él el olvido. El espacio que solo sirve como liberación temporal. <strong>Todos los incendios duelen, porque el fuego, cuando se deja al azar, cuando no purifica, abre la puerta al peor de los augurios.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora que vuelve a hacer acto de presencia, si es que alguna vez se ha ido, regresa para recordarnos la existencia de muchos espacios desde su temida desaparición. <strong>Ahora que el fuego se lleva por delante las afueras de la capital, lloramos por el pino que existe desde la pantalla, por el río que vemos arrastrar las cenizas de otro fin de semana perdido, por el ciervo que no sabíamos que podía sudar por calor y terror en una finca que encuadra sus carreras.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ahora que el fuego se huele desde el punto de partida de todos los kilómetros, se entiende real, no imaginado, ni deseado, sino temido, odiado, llorado. </strong>Como esos fantasmas que se dejan encerrados en los pueblos, entre muros verdosos, ventanas lloronas, armarios polvorientos y cuadros color sepia, esperando que el tiempo, como a los cuerpos a los que un día pertenecieron, los apague y los deje mudos de calor y de memoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca es tarde, pero siempre suele serlo. <strong>Las desgracias apocalípticas, en rojo y negro, que parecen monopolio de las periferias, tiñen ahora el cielo triunfante de unos pocos del mismo color del que ven muchos su futuro desde hace mucho tiempo, quizás demasiado.</strong> Es crudo, pero no menos real. Y solo cuando la realidad es la misma para todo el mundo, se vuelve de verdad incómoda y desagradable, porque es traída de nuevo hacia arriba desde las profundidades y las lejanías, puesta encima de la mesa. Es, por fin, compartida. Y por qué no decirlo, exige sin ambages erigirse en la excusa perfecta para el nunca más que muchos ya no esperan, pero ahora, desde los altavoces que suenan siempre más fuertes, se compra carísimo fuera de las urnas. El resto del tiempo es, por desgracia, humo. Siempre humo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>EL PEGAMENTO</title>
		<link>https://www.pagina72.es/2026/07/20/el-pegamento/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Jul 2026 12:05:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>De todas las cosas que no son importantes, el fútbol sigue sin ser importante. No me convencerán de lo contrario. Pero aquí estamos. Ahí estuvimos, hace mucho, recordaremos un día, quizá de casualidad, cuando se nos escape la memoria y nos atrevamos a viajar por todos los momentos nada trascendentales y nada importantes de nuestra vida, y que sin embargo sobreviven sin saber cómo. Recordaremos, por ejemplo, lo que cuesta una bandera. Y el por qué de levantarla. Y puede, por qué no, que nos tengamos que mirar el porqué del deporte como pegamento cuando todo parece que está roto y no hay manera de arreglarlo. Y por qué es lo único que parece funcionar, aunque solo sea un rato, antes de volver, como aquellos locos en un frente perdido de la Gran Guerra en plena navidad, a jugar a los disparos tras dejar el balón.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Puede que nos tengamos que mirar el porqué del deporte como pegamento cuando todo parece que está roto y no hay manera de arreglarlo</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-20-at-14.03.13-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4803" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-20-at-14.03.13-768x1024.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-20-at-14.03.13-225x300.jpeg 225w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-20-at-14.03.13-1152x1536.jpeg 1152w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-20-at-14.03.13-450x600.jpeg 450w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-20-at-14.03.13-350x467.jpeg 350w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-20-at-14.03.13-900x1200.jpeg 900w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-20-at-14.03.13.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">San Isidro, en una carpa atestada, en mi pueblo, con mi padre. Una polvareda impresionante.  Y va Zidane y la mete en la escuadra. Fue la primera vez que me coloqué delante de una pantalla a ver esto que llamamos fútbol. A ver a veintidós tíos que cobran mucho corriendo detrás de un balón. Luego vino lo de Corea, las partidas al FIFA, al PRO,  los recreos donde no jugaba porque era muy malo y los buenos no me dejaban. Las carreras por la calle, los balonazos a la puerta del cuartel de la guardia civil del pueblo. Hacer porterías en un campo de tierra. Jugar en cadetes, en infantiles, en juveniles. Irme a otro pueblo a intentarlo. Rendirme porque ya no daba más de sí. Volver a verlo por la tele. Vibrar con el equipo del que me hicieron sin saber por qué, por Butragueño, por Sanchís, por Camacho. Qué sé yo, mientras la Selección era eso que fastidiaba los fines de semana. <strong>Recuperar la ilusión, para luego perderla.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ver todo esto como una simpleza absurda, tomar distancia, alejarme de las pasiones irracionales, injustas, salvajes. Emigrar a donde lo inventaron para acabar, irónicamente, todavía no sé por qué, quitándome de él. Viendo más rugby. <strong>Quizás porque esto se lleva regular en soledad. Quizás porque ahí reside el secreto del fútbol, y de todo, quizás: compartirlo. Como todo lo que merece la pena en la vida.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De todas las cosas que no son importantes, el fútbol sigue sin ser importante. No me convencerán de lo contrario. Pero aquí estamos. Ahí estuvimos, hace mucho, recordaremos un día, quizá de casualidad, cuando se nos escape la memoria y nos atrevamos a viajar por todos los momentos nada trascendentales y nada importantes de nuestra vida, y que sin embargo sobreviven sin saber cómo. Recordaremos, por ejemplo,<strong> lo que cuesta una bandera. Y el por qué de levantarla. </strong>Y puede, por qué no, que nos tengamos que mirar <strong>el porqué del deporte como pegamento cuando todo parece que está roto y no hay manera de arreglarlo.</strong> Y por qué es lo único que parece funcionar, aunque solo sea un rato, antes de volver, como aquellos locos en un frente perdido de la Gran Guerra en plena navidad, a jugar a los disparos tras dejar el balón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Claro que el fútbol no es importante. Claro que es lunes, y que hay que seguir, pese a todo. Pero hay una lógica todavía sin descifrar detrás de un gol, como detrás de una canasta, de un raquetazo, como lo que hay detrás de un buen libro, una buena peli o el concierto de nuestras vidas:<strong> por un instante de plenitud compartida, de sensación de eternidad, vale la pena todo. Estamos para eso.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo sabe un abuelo que vive con una bombona de oxígeno como mejor escudera mientras ve a su nieto tocar las nubes. Lo sabe un grupo de chavales gazatíes mutilados, celebrando desde el infierno una victoria que no es suya, pero sabiendo que el cielo existe, aunque no tengan billete para volar y tengan que ser otros quienes se lo enseñen.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>TIEMPOS COMPETIDOS</title>
		<link>https://www.pagina72.es/2026/07/12/tiempos-competidos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Jul 2026 18:13:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>He perdido la cuenta de los papeles, artículos, crónicas, hasta libros, donde he leído eso de la suspensión temporal: lugares donde el tiempo parece haberse detenido, o a lo sumo va muy despacio. Pero no. Estoy en contra de esa idea. El tiempo no va solo. Lo manejamos nosotros. Lo manejan algunas personas, que deciden, con acciones o decisiones en apariencia insignificantes, bajarle marchas al mundo. Son sitios donde los azulejos aguantan a duras penas, pero las conversaciones no se acaban, se redescubren viejas historias, recetas, artículos que se creían ya enterrados bajo toneladas de añoranza y recuerdos. Aquel pueblo. La playa donde. Portugal. Un mercado contra un Super-mercado. Microcosmos víctimas del desencanto de los esclavos de la prisa, que venimos a parar aquí, a descubrir la pólvora, inventada desde el primer nanosegundo: el tiempo, y quien le tiene, se tiene, respeto. Para pararse. Para observar, mirar, interesarse, ser curioso. Tiempo. Y saber tomarlo como si pesase, ocupase su lugar donde y como debe. No hay más.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.pagina72.es/2026/07/12/tiempos-competidos/">TIEMPOS COMPETIDOS</a> se publicó primero en <a href="https://www.pagina72.es">Página 72 Tertulia literaria</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Hay rincones donde el tiempo compite contra sí mismo, donde se cruza y podríamos decir que casi se pelea</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-12-at-14.15.18-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4782" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-12-at-14.15.18-768x1024.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-12-at-14.15.18-225x300.jpeg 225w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-12-at-14.15.18-1152x1536.jpeg 1152w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-12-at-14.15.18-450x600.jpeg 450w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-12-at-14.15.18-350x467.jpeg 350w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-12-at-14.15.18-900x1200.jpeg 900w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-12-at-14.15.18.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Me detengo en un rincón a hacer eso que casi solo puede hacerse en verano y a la sombra, que es ver la vida pasar, o lo que es lo mismo, sentarse a ver lo que hace el resto del mundo mientras uno observa. Sociología de la quietud, del no hacer nada, del aburrimiento o de la espera. Pero en ese rincón no solo está pasando la vida. Pasan más cosas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al cabo de unos segundos de haber tirado la foto, reparo en que la imagen, aparte de un cielo de terciopelo muy azul que ya hubiese querido para sí David Lynch, también tiene sus árboles, sus personitas yendo de aquí para allá, su calçadinha delatando mínimamente la localización… Y dos mercados. Uno bien conocido. El otro, también, pero por otros motivos menos seculares, no precisa de anuncio.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Hay rincones donde el tiempo compite contra sí mismo, donde se cruza y podríamos decir que casi se pelea.</strong> Ahí, en ese espacio casual, conviven en lucha constante, como dos gallos que quizás no han elegido ese destino precisamente, un supermercado moderno, con sus cajeros de autopago y sus cajeros personales, sus estanterías refrigeradas, su droguería, su chancleteo, su autoservicio, sus prisas, sus reclamaciones, sus colas. Los zumos naturales, la negación del gluten dándose codazos con el exceso de azúcar, un guardia de seguridad que hará lo posible porque los diez euros de alcohol de algún bolsillo se queden en la caja. Los turistas, que somos todos en algún momento, queriendo ahorrar unos minutos. No hay, eso sí, fotos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pocos metros, están los muros salmón descascarillados con sus rebordes blancos, sus rejerías, antes del gran salón con sus puestos de mármol hasta arriba de dulces, frutas, verduras, y pescado, mucho pescado, demasiado pescado, todo el pescado del mundo. Se diría que hay en algún lugar, escondido, fondeado en la imaginación constante de quien observa, un barco invisible que descarga, sin parar, cajones de pescado. Los pombalinos del fondo son el croma omnipresente en cada selfie compartido con gallos, peces espada, sandías sisifescas, tomates como balas de cañón encendidas, milfolhas rellenas de todos los sabores de cualquier infancia. Café. Café en el aire, en el suelo, en las manos, en las bolsas. Sobra el tiempo. Y sobran las fotos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">He perdido la cuenta de los papeles, artículos, crónicas, hasta libros, donde he leído <strong>eso de la suspensión temporal: lugares donde el tiempo parece haberse detenido, o a lo sumo va muy despacio. Pero no. Estoy en contra de esa idea. El tiempo no va solo. Lo manejamos nosotros. Lo manejan algunas personas, que deciden, con acciones o decisiones en apariencia insignificantes, bajarle marchas al mundo.</strong> Son sitios donde los azulejos aguantan a duras penas, pero las conversaciones no se acaban, se redescubren viejas historias, recetas, artículos que se creían ya enterrados bajo toneladas de añoranza y recuerdos. Aquel pueblo. La playa donde. Portugal. Un mercado contra un Super-mercado. Microcosmos víctimas del desencanto de los esclavos de la prisa, que venimos a parar aquí, a descubrir la pólvora, inventada desde el primer nanosegundo: <strong>el tiempo, y quien le tiene, se tiene, respeto. Para pararse. Para observar, mirar, interesarse, ser curioso. Tiempo. Y saber tomarlo como si pesase, ocupase su lugar donde y como debe. No hay más</strong>.</p>
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		<title>LOS PASOS LENTOS</title>
		<link>https://www.pagina72.es/2026/07/05/los-pasos-lentos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 05 Jul 2026 09:25:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No hay nostalgia que no tenga escenas rodadas cerca del mar o de una alberca, huela a higuera y a tomates. A tres horas de viaje, a avión, a billete de tren o de autobús. A aire acondicionado y a parque. A maleta, a mochila, a cesto de mimbre, a nevera, a filete empanado y a sandía. A hueco bajo el piso desde donde por fin se puede ver el coche. Y es normal. El verano, para quien puede, es el escape del infierno. Para quien no, es el momento en el que toca retirarse hacia adentro hasta que el otoño ayude a encontrar los pedazos. Es el recordatorio de los pasos lentos que una vez decidimos abandonar porque la vida nos empujaba a correr, pero nos negamos a enterrar. Y empieza ahora, cuando julio se despereza. Habrá que aprovecharlo.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>El verano es una estación larga, a veces dura, pero es hondamente necesaria. El verano es el mármol de los recuerdos</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4775" style="aspect-ratio:0.750003854871787;width:601px;height:auto" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-768x1024.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-225x300.jpeg 225w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-1152x1536.jpeg 1152w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-450x600.jpeg 450w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-350x467.jpeg 350w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-900x1200.jpeg 900w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Puede que sean los cuarenta y tres grados a la sombra, las cervezas heladas con o sin alcohol, el vuelo de los vencejos buscando su particular media ración. El paseo por el mercadillo buscando la huerta en una batea, y el lino en los pantalones cortos y en las blusas. Una conversación que se alarga a la sombra de un olivo centenario que dejó un día el bancal del campo y se mudó a dos metros cuadrados de alcorque para recordarnos otras formas de respirar. La mirada profunda y silenciosa de un gato tomando la forma de las tejas. <strong>Acostarse en el césped húmedo de la piscina y escuchar el pique entre las conversaciones humanas y las de los sauces.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En las ciudades, grandes, medianas o pequeñas, los pájaros pronto empezarán a moverse sin miedo a que sus vidas se vean comprometidas por los seguros de automóvil y los quicios de las ventanas. Verlos por la noche arremolinados en los magnolios y en los plátanos es una pincelada de aquellos días de pandemia en que la naturaleza nos quiso <strong>recordar que una vez todos los lugares eran su sitio y quienes sobrábamos éramos nosotros.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En los pueblos, el sol irá marcando el reloj más ancho en las paredes encaladas, y las manecillas se pasearán por las fachadas buscando mosquitos, cuando no serán los broches que quiso De la Serna para las noches de feria. En las senaras retumbarán los motores que dan de beber a los surcos. Y tan pronto se vaya quemando el día desde el horizonte, como un cigarro a medio acabar, se encenderán los pasos más lentos. Las aceras se podrán saludar, unas y otras, sin nada por el medio que les corte la conversación.<strong> Julio es un poco así, según se vaya deslizando cuesta abajo hacia agosto. Como un tobogán con flotador.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No es la estación más agradable, por supuesto. Las noches sufridas, los mediodías que se extienden hasta las tardes, las sombras cotizadas como áticos, son la demostración de que la competición por encontrar respiro es encarnizada. <strong>El verano es una estación larga, a veces dura, pero es hondamente necesaria. El verano es el mármol de los recuerdos. El lienzo que contemplaremos un día pensando si pasó o no pasó, si fue allí o en otro lugar.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No hay nostalgia que no tenga escenas rodadas cerca del mar o de una alberca, huela a higuera y a tomates. A tres horas de viaje, a avión, a billete de tren o de autobús. A aire acondicionado y a parque. A maleta, a mochila, a cesto de mimbre, a nevera, a filete empanado y a sandía. A hueco bajo el piso desde donde por fin se puede ver el coche. Y es normal. El verano, para quien puede, es el escape del infierno. Para quien no, es el momento en el que toca retirarse hacia adentro hasta que el otoño ayude a encontrar los pedazos.<strong> Es el recordatorio de los pasos lentos que una vez decidimos abandonar porque la vida nos empujaba a correr, pero nos negamos a enterrar. Y empieza ahora, cuando julio se despereza. Habrá que aprovecharlo.</strong></p>
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		<title>AUDIO EN UNA BOTELLA</title>
		<link>https://www.pagina72.es/2026/06/28/audio-en-una-botella/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Jun 2026 08:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Porque WhatsApp, como el vídeo a la estrella de la radio, está empeñado en matar a la gramática y a la ortografía. Ahora que es evidente que llamamos menos, y cuando precisamente se escribe menos todavía, hemos sucumbido al terrible vicio de dictar y grabar audios. Sabemos desde hace tiempo que lo de ser humanos conlleva asumir no pocas contradicciones, pero que optemos por las llamadas en diferido como si el llamar ya no existiese, y que, además, convirtamos las conversaciones en lo más parecido a tertulias radiofónicas, es de largo el verdadero síntoma del fin de la civilización.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.pagina72.es/2026/06/28/audio-en-una-botella/">AUDIO EN UNA BOTELLA</a> se publicó primero en <a href="https://www.pagina72.es">Página 72 Tertulia literaria</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Pocas cosas habrá más sintomáticas de estos tiempos narcisistas y solitarios que hablarle a un móvil con la esperanza de recibir contestación en algún momento. </strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="960" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-25-at-17.21.11-1024x960.jpeg" alt="" class="wp-image-4765" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-25-at-17.21.11-1024x960.jpeg 1024w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-25-at-17.21.11-300x281.jpeg 300w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-25-at-17.21.11-768x720.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-25-at-17.21.11-1536x1440.jpeg 1536w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-25-at-17.21.11.jpeg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Me escribe un amigo. Bueno, debería decir me habla. Pero lo hace en diferido. Otro audio de WhatsApp. Y no un audio corto precisamente. No. No es un hola qué tal cómo estás. Es un monólogo de casi cinco minutos para explicarme un asunto importante (para él) que yo inmediatamente paso a transcribir (gracias, Meta, por tan poco). Voy leyendo la triste traducción que la dichosa apepé hace del soliloquio, y completo poco a poco, cual arqueólogo fascinado ante la última estela egipcia, como quien juega un ahorcado solitario, el mensaje, letra a letra, palabra a palabra, cada dos o tres espacios. <strong>Qué cruz.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cedí en su día a WhatsApp porque no quedó otra</strong>, como a Tuenti, Facebook, Instagram y todo lo que vino después, <strong>como quien termina comprándose la tele a pesar de estar contento con el periódico y con la radio</strong>. Me costó. Vi muchas ventajas en su momento, de vez en cuando sigo pensando que merece la pena (aunque sea por estar conectado a quien quieres y tienes lejos) y por mantener ese etéreo que es “la red de contactos”, sea lo que sea, y sea donde sea. Pero <strong>tengo que reconocer que estoy llevando regular el duelo de la escritura.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Porque WhatsApp, como el vídeo a la estrella de la radio, está empeñado en matar a la gramática y a la ortografía. </strong>Ahora que es evidente que llamamos menos, y cuando precisamente se escribe menos todavía, hemos sucumbido al terrible vicio de dictar y grabar audios. Sabemos desde hace tiempo que lo de ser humanos conlleva asumir no pocas contradicciones, pero <strong>que optemos por las llamadas en diferido como si el llamar ya no existiese, y que, además, convirtamos las conversaciones en lo más parecido a tertulias radiofónicas, es de largo el verdadero síntoma del fin de la civilización</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque bien pensado, <strong>pocas cosas habrá más sintomáticas de estos tiempos narcisistas y solitarios que hablarle a un móvil con la esperanza de recibir contestación en algún momento. </strong>Es lo más parecido a lanzar una botella al mar, de la red, esperando que entre cifrado y cifrado, el amigo que aguanta el chaparrón te responda tras el resoplido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicen que se lee menos, y será verdad. Dicen que se ven menos películas, y será verdad. Yo solo sé que en el mismo momento en que se acepta que lo más práctico es necesariamente lo más útil, estamos perdidos. La inmediatez no tiene nada que ver con lo más inmediato para uno mismo. Cuando hace trescientos años alguien enviaba correo postal con la fe de que las noticias llegasen cuanto antes, todo dependía de un puñado bien repartido de caballos, y de la pericia de quienes los montaban.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora que el caballo ya vuela, y que las herraduras ya ni siquiera tienen sentido desde la buena suerte, hemos ido hacia atrás:<strong> pudiendo resolverlo todo cuanto antes, nos hemos quedado a medio camino, como el náufrago que lanza la botella sabiendo que, a unas malas, siempre puede subirse al barco que acaba de atracar.</strong> Como si no se fiara del todo de lo que está viendo y prefiriese que le contasen lo que está ocurriendo, en lugar de descubrirlo por sí mismo. Así estamos. Más contentos en nuestra isla, a nuestras cosas, sacándonos pelillos al ombligo. Y que le den al amigo, que no tiene nada mejor que hacer que ponerse a descifrar mis problemas, por si da con la tecla que yo no quiero tocar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>LA BUENA MEMORIA</title>
		<link>https://www.pagina72.es/2026/06/20/la-buena-memoria/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jun 2026 16:08:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hasta 2020, salvo en escasas excepciones, mi vida fue un encefalograma más o menos plano. Hablo por mí, claro. No quiero que nadie se venga a mi saco diciendo que su vida fue una montaña rusa absoluta. Pero me cuesta imaginar a alguien de mi entorno que no considere aquel momento como determinante. Yo voy más allá. Cuando veo a alguien por redes sociales compartiendo un viaje impresionante pienso que, de no ser por ese dichoso virus, no se hubiese atrevido a hacer el Caminito del rey, o a montarse en un avión y plantarse en la cima de una montaña que vio un día solo por fotos, y que ahora forma parte de las suyas para que los demás sepamos que existe. Tampoco creo que la casita de Bad Bunny existiese hoy de no ser por “la covíd”. No digamos ya lo de los mundiales de cuarenta y ocho equipos y las pausas para beber en partidos donde no se llega a los treinta y cinco grados. Pero está también la gente que ha desaparecido entre los árboles, la playa, las piedras y las nubes. Solo se les ve de vez en cuando. Y les aplaudo. En mis análisis pospandémicos de pocos segundos, tienen un espacio de honor.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando veo a alguien por redes sociales compartiendo un viaje impresionante pienso que, de no ser por ese dichoso virus, no se hubiese atrevido a hacer el Caminito del rey, o a montarse en un avión</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="902" height="1024" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-20-at-18.03.40-902x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4759" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-20-at-18.03.40-902x1024.jpeg 902w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-20-at-18.03.40-264x300.jpeg 264w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-20-at-18.03.40-768x872.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-20-at-18.03.40-1353x1536.jpeg 1353w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-20-at-18.03.40.jpeg 1467w" sizes="(max-width: 902px) 100vw, 902px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Hay veces, según van pasando los días, en que me detengo unos segundos y me paro a pensar en cómo estaba en ese mismo instante, día tal, mes cual, en lo peor de la pandemia, allá por aquel año 2020 que nos parece ahora cosa de otra edad histórica, como si lo hubiese vivido una civilización antigua de la que nos llegan ecos muy leves. Es un análisis que no dura nada, ya digo, unos pocos segundos. Me sirve un poco para ver las consecuencias de aquello, o en qué hemos cambiado, y qué códigos casi imperceptibles hemos reprogramado, cada cual, en su propio sistema, para haber llegado hasta aquí y seguir, pese a todo. Todas las veces llego a la misma conclusión: todo, absolutamente, es consecuencia de ese ayer en que nos tambaleamos. Menuda sorpresa, ¿no? Somos consecuencia de los hechos que vivimos. Anda que has ido a descubrir la pólvora tú ahora, oigo sin oír, a lo lejos. Vale. Pero una pandemia no son unos hechos simples que vivir. <strong>Aquella pandemia fue otra cosa. Y nosotros, todos, quienes seguimos aquí, muy distintos por culpa de eso.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque hasta 2020, salvo en escasas excepciones, mi vida fue un encefalograma más o menos plano. Hablo por mí, claro. No quiero que nadie se venga a mi saco diciendo que su vida fue una montaña rusa absoluta. Pero me cuesta imaginar a alguien de mi entorno que no considere aquel momento como determinante. Yo voy más allá. Cuando veo a alguien por redes sociales compartiendo un viaje impresionante pienso que, de no ser por ese dichoso virus, no se hubiese atrevido a hacer el Caminito del rey, o a montarse en un avión y plantarse en la cima de una montaña que vio un día solo por fotos, y que ahora forma parte de las suyas para que los demás sepamos que existe. Tampoco creo que la casita de Bad Bunny existiese hoy de no ser por “la covid”. No digamos ya lo de los mundiales de cuarenta y ocho equipos y las pausas para beber en partidos donde no se llega a los treinta y cinco grados. Pero <strong>está también la gente que ha desaparecido entre los árboles, la playa, las piedras y las nubes. Solo se les ve de vez en cuando. Y les aplaudo. En mis análisis pospandémicos de pocos segundos, tienen un espacio de honor.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Que sí, que ya hace mucho de la pandemia, que está todo escrito y que estamos a otra cosa. Pero esa otra cosa es la que a mí me fascina: la forma en que nos hemos repartido todos los días después del diciembre de 2020. De no ser por quienes se pusieron a hacer dulces, quizás hoy no existirían tantas magdalenas para celíacos. Qué sería de medio gremio musical sin aquel invento de los tiny desk, y tras tantos campos vacíos durante una temporada entera, pausas para beber que caigan para hidratar las cuentas de la FIFA.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No salimos mejores, pero salimos, como siempre, divididos en el mismo redil: por un lado, los de la casita y los festis saben que la única manera de vivir es recordándole al resto todo el rato que lo siguen haciendo, y los demás, quienes se fueron lejos y hacia adentro, abandonaron las redes y simplemente prefirieron volver a tocar la cima de la montaña con una mano y coger con la otra la de quienes eligieron como compañía, o la suya propia, llegaron a la conclusión de que, <strong>puestos a tener que volver a encerrarse otra vez, mejor hacerlo en silencio. Porque el ruido, al final, solo sirve para tapar el eco siempre necesario de la buena memoria.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>PARA VOLVER A VOLVER</title>
		<link>https://www.pagina72.es/2026/06/07/para-volver-a-volver/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Jun 2026 08:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Aunque la nostalgia sea un negocio redondo pagada por quienes se niegan a envejecer, y cobrada por los fondos de inversión del performateo mediático, para quienes no están de acuerdo en los retrocesos es un trago difícil de mantener en la boca y de llevar al estómago. De tanto recordar y añorar, por ejemplo, se empiezan a dibujar paisajes sociales donde un cuadro de Franco se traspapela en una manifestación con la naturalidad de los adoquines, en ese espacio donde la ambigüedad juega a ser ultracatólica por las mañanas y ultrajudaica por las tardes. Es fácil volver a donde no se estuvo nunca, aunque sea por un rato. Pero hay que avisar de los peligros de la fiesta continua: luego viene la resaca.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.pagina72.es/2026/06/07/para-volver-a-volver/">PARA VOLVER A VOLVER</a> se publicó primero en <a href="https://www.pagina72.es">Página 72 Tertulia literaria</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Es fácil volver a donde no se estuvo nunca, aunque sea por un rato. Pero hay que avisar de los peligros de la fiesta continua, luego viene la resaca.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1458" height="820" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-05-at-20.25.08-edited.jpeg" alt="" class="wp-image-4713" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-05-at-20.25.08-edited.jpeg 1458w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-05-at-20.25.08-edited-300x169.jpeg 300w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-05-at-20.25.08-edited-1024x576.jpeg 1024w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-05-at-20.25.08-edited-768x432.jpeg 768w" sizes="(max-width: 1458px) 100vw, 1458px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Lo ha hecho la Oreja de Van Gogh con su vocalista primigenia. Lo ha hecho El último de la fila. Lo lleva haciendo Joaquín Sabina bastante tiempo, aunque no termine muy bien de saberse si sí, o si no. En política, los hay que nunca se van, porque saben que acabarán llegando muchos que les pedirán, por favor, que no se vayan, aunque parezca que nunca han terminado de quedarse del todo, pero tampoco han llegado a irse, en un trampantojo espacial que tiene mucho de presencia inmaterial que alimenta a las masas, tan necesitada siempre de mitos y de divinidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lo hacemos todos, no lo neguemos, cuando regresamos al bar de siempre, cuando rebuscamos en la agenda el número de aquella persona que se nos quedó colgando en el tintero de las emociones. </strong>Buceamos en Internet a ver si es verdad eso de que las fotos de Tuenti se pueden descargar. Cómo negarse a regresar a ese yo que todos guardamos intacto en algún lugar del que nos negamos a escapar del todo. Y está bien. Pero solo a veces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque a<strong>unque la nostalgia sea un negocio redondo pagada por quienes se niegan a envejecer, y cobrada por los fondos de inversión del performateo mediático, para quienes no están de acuerdo en los retrocesos es un trago difícil de mantener en la boca y de llevar al estómago. </strong>De tanto recordar y añorar, por ejemplo, se empiezan a dibujar paisajes sociales donde un cuadro de Franco se traspapela en una manifestación con la naturalidad de los adoquines, en ese espacio donde la ambigüedad juega a ser ultracatólica por las mañanas y ultrajudaica por las tardes. E<strong>s fácil volver a donde no se estuvo nunca, aunque sea por un rato. Pero hay que avisar de los peligros de la fiesta continua: luego viene la resaca.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta Florentino Pérez se ha tirado el triple de traer de vuelta a Mourinho. Pero por el camino ha dejado a Berlanga poco menos que como un documentalista. A ratos, oír cantar a Amaia Montero se convierte en un quiero y no puedo entre necesidad de ecualización profesional y ensayos. Y a Manolo García, genio, no está de más recordarle que tirarse hacia el público es un clásico solo si tienes la garantía de que vaya a haber quién, en el cogerte en brazos, no vaya a acabar peor que tú. <strong>Que no, que no estamos tan mal. Pero para según qué cosas, sí, y para volver a volver, se queda uno donde está.</strong> Basta con leerse dos o tres periódicos, y entre juicio y juicio, comprobar que lo peor no es que Amaia Montero desafine. Es que no hay nadie que parezca entonar mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>UN ARMARIO LLENO DE EXTRATERRESTRES</title>
		<link>https://www.pagina72.es/2026/05/24/un-armario-lleno-de-extraterrestres/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 May 2026 16:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>entre el armario empotrado de la clase de primaria donde me dejaron caer un día, y la biblioteca municipal con aroma a cloro de piscina y césped recién cortado, empecé a repartir mis secuestros de libros con cada vez menos ilustraciones. Los Pirata Garrapata, Fray Perico o Cucho solo aparecían en la portada, iba a ser yo quien ilustrara sus andanzas: los contientes, los hábitats y las costumbres  solo podían existir dentro de mi cabeza toda vez que decidiera montarme en el tren de aquellas páginas. Viajar así fue una experiencia maravillosa, pero como quien se traslada demasiadas veces al mismo sitio, acabé harto de los mismos lugares y de la sensación de decadencia que todo viajero intuye que se avecina, huyendo antes de que le atrape. Los piratas y los frailes aventureros solo pueden ser divertidos hasta el día que descubres que los piratas de verdad no tienen pata de palo y los frailes están muy lejos de ser tan aventureros como lo fue Perico. </p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Agarrado a un libro, con mi hermana colgando hasta cuando tenía que ir al baño, así me recuerdo hasta bien entrado los siete años, si no más.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img decoding="async" width="640" height="640" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004.jpg" alt="" class="wp-image-4670" style="width:740px;height:auto" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004.jpg 640w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004-300x300.jpg 300w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004-150x150.jpg 150w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004-140x140.jpg 140w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004-100x100.jpg 100w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004-500x500.jpg 500w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004-350x350.jpg 350w" sizes="(max-width: 640px) 100vw, 640px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En mi casa, supongo que como en todas, hay muchísimas fotos de cuando era pequeño. Ese es al menos el recuerdo que tengo, el de aquellos cajones del mueble de la entrada y del salón como pozos sin fondo albergando sonrisas vacacionales, momentos embarazosos y caras sonrientes. Pero hay una, solo una, que creo que resume muy bien mi infancia. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una foto maravillosa en la que estamos mi hermana y yo en el baño de mis abuelos. Yo estoy sentado en la taza haciendo mis cosas, con los pantalones bajados, sujetando un libro ilustrado de animales, con mi hermana al lado, sentada en una banqueta de esparto.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Agarrado a un libro, con mi hermana colgando hasta cuando tenía que ir al baño, así me recuerdo hasta bien entrado los siete años, si no más. Aquellos libros ilustrados de animales me hablaban de hábitats, costumbres y continentes muy lejanos que explicaba y descifraba para mi hermana. Así nos pasábamos las horas cuando no nos queríamos matar, cuando a ella no le daba por esconderse y desaparecer o cuando no nos perseguíamos o nos imítabamos, o cantábamos la canción del Cola Cao por trigésimo cuarta vez, siguiendo como buenamente podíamos los subtítulos de aquel vídeo promocional que mi madre seguramente anhelaba reventar a martillazos. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Crecimos claro, y los libros de animales se fueron a dormir a un armario para no despertar más, y dejamos de bailar el Cola Cao y de querer matarnos, como dejamos también de perseguirnos y de querernos como se quieren los hermanos pequeños, compartiendo guantazos y trastadas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entre el armario empotrado de la clase de primaria donde me dejaron caer un día, y la biblioteca municipal con aroma a cloro de piscina y césped recién cortado, empecé a repartir mis secuestros de libros con cada vez menos ilustraciones. Los Pirata Garrapata, Fray Perico o Cucho solo aparecían en la portada, iba a ser yo quien ilustrara sus andanzas: los continentes, los hábitats y las costumbres solo podían existir dentro de mi cabeza toda vez que decidiera montarme en el tren de aquellas páginas. <strong>Viajar así fue una experiencia maravillosa, pero como quien se traslada demasiadas veces al mismo sitio, acabé harto de los mismos lugares y de la sensación de decadencia que todo viajero intuye que se avecina, huyendo antes de que le atrape. </strong>Los piratas y los frailes aventureros solo pueden ser divertidos hasta el día que descubres que los piratas de verdad no tienen pata de palo y los frailes están muy lejos de ser tan aventureros como lo fue Perico. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni del armario empotrado de aquel aula de primaria ni de la estantería juvenil de la biblioteca municipal saldrían más conmigo aquellos libritos de lomo naranja o rojo. <strong>¿Dónde vivían los piratas y los frailes de verdad? Lejos de allí.</strong> Hasta el olor era diferente en aquellas baldas donde podía leerse ‘ficción’ y ‘ensayo’, tan opuestas a todo lo que hasta entonces había estado masticando que las sentía casi como parte de un territorio fronterizo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allí olía a pirata viajado y a fraile con muchos rosarios rezados. Allí, claro, vivían los piratas y frailes de verdad,  allí estaba la vida tal y como la contaban quienes la vivían y si tenían que imaginarla, la contaban muy parecida a como les hubiese tocado vivirla. <strong>Allí estaban Virginia Woolf, Hannah Arendt, Sartre y Camus, estaban Salinger y Emilia Pardo Bazán, y estaban también Hemingway, Carmen Martín Gaite y Delibes, y Víctor Chamorro, Dulce Chacón y cerca estaba también Landero. Y también estaba J. J. Benítez, porque la vida tambíen tiene sus bordes, y tambíen hay que palparlos. Y los palpé.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque mi profesora me recomendara, delante de toda la clase, dejar de leer aquellos disparates antes de que empezara a pensar que Dios era un extraterrestre, ya era demasiado tarde. Soñaba con que aquel armario empotrado estuviese lleno de extraterrestres con forma de ángel, y que saliesen en tropel a apagar las risas dislocadas de mis compañeros. Estaba a punto de acabar ‘Terror en la luna’, el primer libro suyo que leí. Acabaría con toda su bibliografía en unos años.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Soñaba con que aquellos ángeles existieran como lo contaba Benítez, con hábitat y continente propios, que pareciesen tan reales como reales creía que eran las sabanas donde pastaban las cebras y las girafas de los libros ilustrados, o las junglas donde reinaban los jaguares o los orangutanes.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las correrías tras los ovnis de Benítez descansan ahora en cajas de plástico junto con muchos otros libros, en una nave frigorífica donde en su día mis abuelos guardaban la carne. El libro que sujeto en la foto creo que sigue en mi cuarto. Ya no soy tan naturalista, <strong>he vuelto a la parte más alejada del borde, donde viven Delibes y Landero, y mi hermana sigue desapareciendo de cuando en cuando. Nos dejamos de querer como nos queríamos antes, pero nos seguimos queriendo de otra manera.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"> ¿Y el destino del próximo libro? Un misterio, pero tanto si acaba durmiendo en un armario lleno de extraterrestres, en un cajón de plástico o siendo el objeto central de una fotografía antediluviana, espero siempre que el viaje merezca la pena.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>ARGAMASA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 May 2026 16:24:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Queremos seguir pensando que si vamos en segunda mientras el resto va en quinta, llegará un momento en que, por arte de birlibirloque, acabaremos todos, con suerte, en tercera Hay...</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Queremos seguir pensando que si vamos en segunda mientras el resto va en quinta, llegará un momento en que, por arte de birlibirloque, acabaremos todos, con suerte, en tercera</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4615" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-768x1024.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-225x300.jpeg 225w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-1152x1536.jpeg 1152w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-450x600.jpeg 450w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-350x467.jpeg 350w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-900x1200.jpeg 900w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una quedada familiar de la que no me importa convertirme en organizador, por agilizar. No tardo en arrepentirme cuando comienzan las complicaciones. Va uno mirando fechas para acoplarse a todas las posibilidades, al sitio, a los transportes, a las consecuencias de que alguien no pueda venir, a esto, a aquello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vas andando por la calle y te bajas de la acera para facilitar el paso al carro que viene, o al patinete. O en esa presentación en la que te quedas de pie y dejas la silla vacía, aunque te moleste un poco el pie izquierdo, porque seguro que hay alguien a quien le molestan los dos pies, o las dos caderas. Vas a la frutería y dejas tu turno a quien lleva dos ciruelas en una bolsa, o a la señora apurada que va a perder el autobús. Tienes mucho trabajo por delante, pero te llama una persona cuyo nombre no esperarías encontrar jamás a media mañana un lunes formando sin querer la silueta negra de la urgencia en el centro de la pantalla. <strong>Accedes a todo eso y más. Cedes. Entregas una parte de ti. Ceder, qué palabra, qué acto.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero pensar que en algún momento alguien se atreverá a considerar ese regalo como parte de la palabra solidaridad, o al menos, como una de sus acepciones. No está la suficientemente bien medido el valor que supone el de aceptar que sí, venga, no pasa nada, no tengo prisa, me da igual, no me importa, total, qué más da, no estoy tan ocupado, nada mujer, todo sea eso en esta vida. No sé qué sería del mundo sin esas personas que somos a veces, que deberíamos ser más. No digamos ya de quienes lo son siempre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay cierto vértigo en el momento en que se piensa en abandonar ese rito. Parar. Dejar de tragar. Que, toda vez que el resto de la existencia te considera el pegamento y la argamasa necesaria para que nada se derrumbe, decidas desistir. Pensarte más tú, que es lo que hace siempre el resto. Entonces el móvil deja de sonar, el del patinete te insulta, como el del carro. En la presentación oyes el murmullo de quienes se quejan de las pocas sillas libres. En la frutería, los bufidos ajenos se te acumulan en la nunca conforme pasan los minutos que un autobús no va a perdonar. Y el móvil, pasado un rato, deja en rojo la pantalla para marcar la perdida. <strong>No nos engañemos, lo hacemos por egoísmo.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quienes queremos seguir siendo parte de esa argamasa, vivimos más felices a menos marchas.<strong> Queremos seguir pensando que si vamos en segunda mientras el resto va en quinta, llegará un momento en que, por arte de birlibirloque, acabaremos todos, con suerte, en tercera.</strong> Decidiendo, quién sabe, que el mejor remedio es precisamente recordarle al resto que lo peor de ir tan rápido es que puede aparecer un obstáculo inesperado que no podrás esquivar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces cansa, por supuesto, pero es mejor así. <strong>Si el mundo no está ya en el suelo, es porque todavía estamos algunos aguantando los ladrillos</strong>. Aunque sea con un poquito de paciencia, de empatía, y de ganas porque todo salga bien. Aunque sea costa de nosotros mismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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