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	<title>PAPELES EN LOS BOLSILLOS archivos - Página 72 Tertulia literaria</title>
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		<title>LOS PASOS LENTOS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 05 Jul 2026 09:25:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No hay nostalgia que no tenga escenas rodadas cerca del mar o de una alberca, huela a higuera y a tomates. A tres horas de viaje, a avión, a billete de tren o de autobús. A aire acondicionado y a parque. A maleta, a mochila, a cesto de mimbre, a nevera, a filete empanado y a sandía. A hueco bajo el piso desde donde por fin se puede ver el coche. Y es normal. El verano, para quien puede, es el escape del infierno. Para quien no, es el momento en el que toca retirarse hacia adentro hasta que el otoño ayude a encontrar los pedazos. Es el recordatorio de los pasos lentos que una vez decidimos abandonar porque la vida nos empujaba a correr, pero nos negamos a enterrar. Y empieza ahora, cuando julio se despereza. Habrá que aprovecharlo.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.pagina72.es/2026/07/05/los-pasos-lentos/">LOS PASOS LENTOS</a> se publicó primero en <a href="https://www.pagina72.es">Página 72 Tertulia literaria</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>El verano es una estación larga, a veces dura, pero es hondamente necesaria. El verano es el mármol de los recuerdos</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4775" style="aspect-ratio:0.750003854871787;width:601px;height:auto" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-768x1024.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-225x300.jpeg 225w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-1152x1536.jpeg 1152w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-450x600.jpeg 450w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-350x467.jpeg 350w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20-900x1200.jpeg 900w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-05-at-11.24.20.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Puede que sean los cuarenta y tres grados a la sombra, las cervezas heladas con o sin alcohol, el vuelo de los vencejos buscando su particular media ración. El paseo por el mercadillo buscando la huerta en una batea, y el lino en los pantalones cortos y en las blusas. Una conversación que se alarga a la sombra de un olivo centenario que dejó un día el bancal del campo y se mudó a dos metros cuadrados de alcorque para recordarnos otras formas de respirar. La mirada profunda y silenciosa de un gato tomando la forma de las tejas. <strong>Acostarse en el césped húmedo de la piscina y escuchar el pique entre las conversaciones humanas y las de los sauces.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En las ciudades, grandes, medianas o pequeñas, los pájaros pronto empezarán a moverse sin miedo a que sus vidas se vean comprometidas por los seguros de automóvil y los quicios de las ventanas. Verlos por la noche arremolinados en los magnolios y en los plátanos es una pincelada de aquellos días de pandemia en que la naturaleza nos quiso <strong>recordar que una vez todos los lugares eran su sitio y quienes sobrábamos éramos nosotros.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En los pueblos, el sol irá marcando el reloj más ancho en las paredes encaladas, y las manecillas se pasearán por las fachadas buscando mosquitos, cuando no serán los broches que quiso De la Serna para las noches de feria. En las senaras retumbarán los motores que dan de beber a los surcos. Y tan pronto se vaya quemando el día desde el horizonte, como un cigarro a medio acabar, se encenderán los pasos más lentos. Las aceras se podrán saludar, unas y otras, sin nada por el medio que les corte la conversación.<strong> Julio es un poco así, según se vaya deslizando cuesta abajo hacia agosto. Como un tobogán con flotador.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No es la estación más agradable, por supuesto. Las noches sufridas, los mediodías que se extienden hasta las tardes, las sombras cotizadas como áticos, son la demostración de que la competición por encontrar respiro es encarnizada. <strong>El verano es una estación larga, a veces dura, pero es hondamente necesaria. El verano es el mármol de los recuerdos. El lienzo que contemplaremos un día pensando si pasó o no pasó, si fue allí o en otro lugar.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No hay nostalgia que no tenga escenas rodadas cerca del mar o de una alberca, huela a higuera y a tomates. A tres horas de viaje, a avión, a billete de tren o de autobús. A aire acondicionado y a parque. A maleta, a mochila, a cesto de mimbre, a nevera, a filete empanado y a sandía. A hueco bajo el piso desde donde por fin se puede ver el coche. Y es normal. El verano, para quien puede, es el escape del infierno. Para quien no, es el momento en el que toca retirarse hacia adentro hasta que el otoño ayude a encontrar los pedazos.<strong> Es el recordatorio de los pasos lentos que una vez decidimos abandonar porque la vida nos empujaba a correr, pero nos negamos a enterrar. Y empieza ahora, cuando julio se despereza. Habrá que aprovecharlo.</strong></p>
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		<title>AUDIO EN UNA BOTELLA</title>
		<link>https://www.pagina72.es/2026/06/28/audio-en-una-botella/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Jun 2026 08:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Porque WhatsApp, como el vídeo a la estrella de la radio, está empeñado en matar a la gramática y a la ortografía. Ahora que es evidente que llamamos menos, y cuando precisamente se escribe menos todavía, hemos sucumbido al terrible vicio de dictar y grabar audios. Sabemos desde hace tiempo que lo de ser humanos conlleva asumir no pocas contradicciones, pero que optemos por las llamadas en diferido como si el llamar ya no existiese, y que, además, convirtamos las conversaciones en lo más parecido a tertulias radiofónicas, es de largo el verdadero síntoma del fin de la civilización.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.pagina72.es/2026/06/28/audio-en-una-botella/">AUDIO EN UNA BOTELLA</a> se publicó primero en <a href="https://www.pagina72.es">Página 72 Tertulia literaria</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Pocas cosas habrá más sintomáticas de estos tiempos narcisistas y solitarios que hablarle a un móvil con la esperanza de recibir contestación en algún momento. </strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="960" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-25-at-17.21.11-1024x960.jpeg" alt="" class="wp-image-4765" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-25-at-17.21.11-1024x960.jpeg 1024w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-25-at-17.21.11-300x281.jpeg 300w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-25-at-17.21.11-768x720.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-25-at-17.21.11-1536x1440.jpeg 1536w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-25-at-17.21.11.jpeg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Me escribe un amigo. Bueno, debería decir me habla. Pero lo hace en diferido. Otro audio de WhatsApp. Y no un audio corto precisamente. No. No es un hola qué tal cómo estás. Es un monólogo de casi cinco minutos para explicarme un asunto importante (para él) que yo inmediatamente paso a transcribir (gracias, Meta, por tan poco). Voy leyendo la triste traducción que la dichosa apepé hace del soliloquio, y completo poco a poco, cual arqueólogo fascinado ante la última estela egipcia, como quien juega un ahorcado solitario, el mensaje, letra a letra, palabra a palabra, cada dos o tres espacios. <strong>Qué cruz.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cedí en su día a WhatsApp porque no quedó otra</strong>, como a Tuenti, Facebook, Instagram y todo lo que vino después, <strong>como quien termina comprándose la tele a pesar de estar contento con el periódico y con la radio</strong>. Me costó. Vi muchas ventajas en su momento, de vez en cuando sigo pensando que merece la pena (aunque sea por estar conectado a quien quieres y tienes lejos) y por mantener ese etéreo que es “la red de contactos”, sea lo que sea, y sea donde sea. Pero <strong>tengo que reconocer que estoy llevando regular el duelo de la escritura.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Porque WhatsApp, como el vídeo a la estrella de la radio, está empeñado en matar a la gramática y a la ortografía. </strong>Ahora que es evidente que llamamos menos, y cuando precisamente se escribe menos todavía, hemos sucumbido al terrible vicio de dictar y grabar audios. Sabemos desde hace tiempo que lo de ser humanos conlleva asumir no pocas contradicciones, pero <strong>que optemos por las llamadas en diferido como si el llamar ya no existiese, y que, además, convirtamos las conversaciones en lo más parecido a tertulias radiofónicas, es de largo el verdadero síntoma del fin de la civilización</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque bien pensado, <strong>pocas cosas habrá más sintomáticas de estos tiempos narcisistas y solitarios que hablarle a un móvil con la esperanza de recibir contestación en algún momento. </strong>Es lo más parecido a lanzar una botella al mar, de la red, esperando que entre cifrado y cifrado, el amigo que aguanta el chaparrón te responda tras el resoplido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicen que se lee menos, y será verdad. Dicen que se ven menos películas, y será verdad. Yo solo sé que en el mismo momento en que se acepta que lo más práctico es necesariamente lo más útil, estamos perdidos. La inmediatez no tiene nada que ver con lo más inmediato para uno mismo. Cuando hace trescientos años alguien enviaba correo postal con la fe de que las noticias llegasen cuanto antes, todo dependía de un puñado bien repartido de caballos, y de la pericia de quienes los montaban.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora que el caballo ya vuela, y que las herraduras ya ni siquiera tienen sentido desde la buena suerte, hemos ido hacia atrás:<strong> pudiendo resolverlo todo cuanto antes, nos hemos quedado a medio camino, como el náufrago que lanza la botella sabiendo que, a unas malas, siempre puede subirse al barco que acaba de atracar.</strong> Como si no se fiara del todo de lo que está viendo y prefiriese que le contasen lo que está ocurriendo, en lugar de descubrirlo por sí mismo. Así estamos. Más contentos en nuestra isla, a nuestras cosas, sacándonos pelillos al ombligo. Y que le den al amigo, que no tiene nada mejor que hacer que ponerse a descifrar mis problemas, por si da con la tecla que yo no quiero tocar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>LA BUENA MEMORIA</title>
		<link>https://www.pagina72.es/2026/06/20/la-buena-memoria/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jun 2026 16:08:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hasta 2020, salvo en escasas excepciones, mi vida fue un encefalograma más o menos plano. Hablo por mí, claro. No quiero que nadie se venga a mi saco diciendo que su vida fue una montaña rusa absoluta. Pero me cuesta imaginar a alguien de mi entorno que no considere aquel momento como determinante. Yo voy más allá. Cuando veo a alguien por redes sociales compartiendo un viaje impresionante pienso que, de no ser por ese dichoso virus, no se hubiese atrevido a hacer el Caminito del rey, o a montarse en un avión y plantarse en la cima de una montaña que vio un día solo por fotos, y que ahora forma parte de las suyas para que los demás sepamos que existe. Tampoco creo que la casita de Bad Bunny existiese hoy de no ser por “la covíd”. No digamos ya lo de los mundiales de cuarenta y ocho equipos y las pausas para beber en partidos donde no se llega a los treinta y cinco grados. Pero está también la gente que ha desaparecido entre los árboles, la playa, las piedras y las nubes. Solo se les ve de vez en cuando. Y les aplaudo. En mis análisis pospandémicos de pocos segundos, tienen un espacio de honor.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando veo a alguien por redes sociales compartiendo un viaje impresionante pienso que, de no ser por ese dichoso virus, no se hubiese atrevido a hacer el Caminito del rey, o a montarse en un avión</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="902" height="1024" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-20-at-18.03.40-902x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4759" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-20-at-18.03.40-902x1024.jpeg 902w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-20-at-18.03.40-264x300.jpeg 264w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-20-at-18.03.40-768x872.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-20-at-18.03.40-1353x1536.jpeg 1353w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-20-at-18.03.40.jpeg 1467w" sizes="(max-width: 902px) 100vw, 902px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Hay veces, según van pasando los días, en que me detengo unos segundos y me paro a pensar en cómo estaba en ese mismo instante, día tal, mes cual, en lo peor de la pandemia, allá por aquel año 2020 que nos parece ahora cosa de otra edad histórica, como si lo hubiese vivido una civilización antigua de la que nos llegan ecos muy leves. Es un análisis que no dura nada, ya digo, unos pocos segundos. Me sirve un poco para ver las consecuencias de aquello, o en qué hemos cambiado, y qué códigos casi imperceptibles hemos reprogramado, cada cual, en su propio sistema, para haber llegado hasta aquí y seguir, pese a todo. Todas las veces llego a la misma conclusión: todo, absolutamente, es consecuencia de ese ayer en que nos tambaleamos. Menuda sorpresa, ¿no? Somos consecuencia de los hechos que vivimos. Anda que has ido a descubrir la pólvora tú ahora, oigo sin oír, a lo lejos. Vale. Pero una pandemia no son unos hechos simples que vivir. <strong>Aquella pandemia fue otra cosa. Y nosotros, todos, quienes seguimos aquí, muy distintos por culpa de eso.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque hasta 2020, salvo en escasas excepciones, mi vida fue un encefalograma más o menos plano. Hablo por mí, claro. No quiero que nadie se venga a mi saco diciendo que su vida fue una montaña rusa absoluta. Pero me cuesta imaginar a alguien de mi entorno que no considere aquel momento como determinante. Yo voy más allá. Cuando veo a alguien por redes sociales compartiendo un viaje impresionante pienso que, de no ser por ese dichoso virus, no se hubiese atrevido a hacer el Caminito del rey, o a montarse en un avión y plantarse en la cima de una montaña que vio un día solo por fotos, y que ahora forma parte de las suyas para que los demás sepamos que existe. Tampoco creo que la casita de Bad Bunny existiese hoy de no ser por “la covid”. No digamos ya lo de los mundiales de cuarenta y ocho equipos y las pausas para beber en partidos donde no se llega a los treinta y cinco grados. Pero <strong>está también la gente que ha desaparecido entre los árboles, la playa, las piedras y las nubes. Solo se les ve de vez en cuando. Y les aplaudo. En mis análisis pospandémicos de pocos segundos, tienen un espacio de honor.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Que sí, que ya hace mucho de la pandemia, que está todo escrito y que estamos a otra cosa. Pero esa otra cosa es la que a mí me fascina: la forma en que nos hemos repartido todos los días después del diciembre de 2020. De no ser por quienes se pusieron a hacer dulces, quizás hoy no existirían tantas magdalenas para celíacos. Qué sería de medio gremio musical sin aquel invento de los tiny desk, y tras tantos campos vacíos durante una temporada entera, pausas para beber que caigan para hidratar las cuentas de la FIFA.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No salimos mejores, pero salimos, como siempre, divididos en el mismo redil: por un lado, los de la casita y los festis saben que la única manera de vivir es recordándole al resto todo el rato que lo siguen haciendo, y los demás, quienes se fueron lejos y hacia adentro, abandonaron las redes y simplemente prefirieron volver a tocar la cima de la montaña con una mano y coger con la otra la de quienes eligieron como compañía, o la suya propia, llegaron a la conclusión de que, <strong>puestos a tener que volver a encerrarse otra vez, mejor hacerlo en silencio. Porque el ruido, al final, solo sirve para tapar el eco siempre necesario de la buena memoria.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>PARA VOLVER A VOLVER</title>
		<link>https://www.pagina72.es/2026/06/07/para-volver-a-volver/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Jun 2026 08:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Aunque la nostalgia sea un negocio redondo pagada por quienes se niegan a envejecer, y cobrada por los fondos de inversión del performateo mediático, para quienes no están de acuerdo en los retrocesos es un trago difícil de mantener en la boca y de llevar al estómago. De tanto recordar y añorar, por ejemplo, se empiezan a dibujar paisajes sociales donde un cuadro de Franco se traspapela en una manifestación con la naturalidad de los adoquines, en ese espacio donde la ambigüedad juega a ser ultracatólica por las mañanas y ultrajudaica por las tardes. Es fácil volver a donde no se estuvo nunca, aunque sea por un rato. Pero hay que avisar de los peligros de la fiesta continua: luego viene la resaca.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.pagina72.es/2026/06/07/para-volver-a-volver/">PARA VOLVER A VOLVER</a> se publicó primero en <a href="https://www.pagina72.es">Página 72 Tertulia literaria</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Es fácil volver a donde no se estuvo nunca, aunque sea por un rato. Pero hay que avisar de los peligros de la fiesta continua, luego viene la resaca.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1458" height="820" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-05-at-20.25.08-edited.jpeg" alt="" class="wp-image-4713" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-05-at-20.25.08-edited.jpeg 1458w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-05-at-20.25.08-edited-300x169.jpeg 300w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-05-at-20.25.08-edited-1024x576.jpeg 1024w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-05-at-20.25.08-edited-768x432.jpeg 768w" sizes="(max-width: 1458px) 100vw, 1458px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Lo ha hecho la Oreja de Van Gogh con su vocalista primigenia. Lo ha hecho El último de la fila. Lo lleva haciendo Joaquín Sabina bastante tiempo, aunque no termine muy bien de saberse si sí, o si no. En política, los hay que nunca se van, porque saben que acabarán llegando muchos que les pedirán, por favor, que no se vayan, aunque parezca que nunca han terminado de quedarse del todo, pero tampoco han llegado a irse, en un trampantojo espacial que tiene mucho de presencia inmaterial que alimenta a las masas, tan necesitada siempre de mitos y de divinidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lo hacemos todos, no lo neguemos, cuando regresamos al bar de siempre, cuando rebuscamos en la agenda el número de aquella persona que se nos quedó colgando en el tintero de las emociones. </strong>Buceamos en Internet a ver si es verdad eso de que las fotos de Tuenti se pueden descargar. Cómo negarse a regresar a ese yo que todos guardamos intacto en algún lugar del que nos negamos a escapar del todo. Y está bien. Pero solo a veces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque a<strong>unque la nostalgia sea un negocio redondo pagada por quienes se niegan a envejecer, y cobrada por los fondos de inversión del performateo mediático, para quienes no están de acuerdo en los retrocesos es un trago difícil de mantener en la boca y de llevar al estómago. </strong>De tanto recordar y añorar, por ejemplo, se empiezan a dibujar paisajes sociales donde un cuadro de Franco se traspapela en una manifestación con la naturalidad de los adoquines, en ese espacio donde la ambigüedad juega a ser ultracatólica por las mañanas y ultrajudaica por las tardes. E<strong>s fácil volver a donde no se estuvo nunca, aunque sea por un rato. Pero hay que avisar de los peligros de la fiesta continua: luego viene la resaca.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta Florentino Pérez se ha tirado el triple de traer de vuelta a Mourinho. Pero por el camino ha dejado a Berlanga poco menos que como un documentalista. A ratos, oír cantar a Amaia Montero se convierte en un quiero y no puedo entre necesidad de ecualización profesional y ensayos. Y a Manolo García, genio, no está de más recordarle que tirarse hacia el público es un clásico solo si tienes la garantía de que vaya a haber quién, en el cogerte en brazos, no vaya a acabar peor que tú. <strong>Que no, que no estamos tan mal. Pero para según qué cosas, sí, y para volver a volver, se queda uno donde está.</strong> Basta con leerse dos o tres periódicos, y entre juicio y juicio, comprobar que lo peor no es que Amaia Montero desafine. Es que no hay nadie que parezca entonar mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>UN ARMARIO LLENO DE EXTRATERRESTRES</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 May 2026 16:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>entre el armario empotrado de la clase de primaria donde me dejaron caer un día, y la biblioteca municipal con aroma a cloro de piscina y césped recién cortado, empecé a repartir mis secuestros de libros con cada vez menos ilustraciones. Los Pirata Garrapata, Fray Perico o Cucho solo aparecían en la portada, iba a ser yo quien ilustrara sus andanzas: los contientes, los hábitats y las costumbres  solo podían existir dentro de mi cabeza toda vez que decidiera montarme en el tren de aquellas páginas. Viajar así fue una experiencia maravillosa, pero como quien se traslada demasiadas veces al mismo sitio, acabé harto de los mismos lugares y de la sensación de decadencia que todo viajero intuye que se avecina, huyendo antes de que le atrape. Los piratas y los frailes aventureros solo pueden ser divertidos hasta el día que descubres que los piratas de verdad no tienen pata de palo y los frailes están muy lejos de ser tan aventureros como lo fue Perico. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Agarrado a un libro, con mi hermana colgando hasta cuando tenía que ir al baño, así me recuerdo hasta bien entrado los siete años, si no más.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img decoding="async" width="640" height="640" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004.jpg" alt="" class="wp-image-4670" style="width:740px;height:auto" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004.jpg 640w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004-300x300.jpg 300w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004-150x150.jpg 150w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004-140x140.jpg 140w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004-100x100.jpg 100w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004-500x500.jpg 500w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/img-20211206-wa0004-350x350.jpg 350w" sizes="(max-width: 640px) 100vw, 640px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En mi casa, supongo que como en todas, hay muchísimas fotos de cuando era pequeño. Ese es al menos el recuerdo que tengo, el de aquellos cajones del mueble de la entrada y del salón como pozos sin fondo albergando sonrisas vacacionales, momentos embarazosos y caras sonrientes. Pero hay una, solo una, que creo que resume muy bien mi infancia. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una foto maravillosa en la que estamos mi hermana y yo en el baño de mis abuelos. Yo estoy sentado en la taza haciendo mis cosas, con los pantalones bajados, sujetando un libro ilustrado de animales, con mi hermana al lado, sentada en una banqueta de esparto.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Agarrado a un libro, con mi hermana colgando hasta cuando tenía que ir al baño, así me recuerdo hasta bien entrado los siete años, si no más. Aquellos libros ilustrados de animales me hablaban de hábitats, costumbres y continentes muy lejanos que explicaba y descifraba para mi hermana. Así nos pasábamos las horas cuando no nos queríamos matar, cuando a ella no le daba por esconderse y desaparecer o cuando no nos perseguíamos o nos imítabamos, o cantábamos la canción del Cola Cao por trigésimo cuarta vez, siguiendo como buenamente podíamos los subtítulos de aquel vídeo promocional que mi madre seguramente anhelaba reventar a martillazos. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Crecimos claro, y los libros de animales se fueron a dormir a un armario para no despertar más, y dejamos de bailar el Cola Cao y de querer matarnos, como dejamos también de perseguirnos y de querernos como se quieren los hermanos pequeños, compartiendo guantazos y trastadas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entre el armario empotrado de la clase de primaria donde me dejaron caer un día, y la biblioteca municipal con aroma a cloro de piscina y césped recién cortado, empecé a repartir mis secuestros de libros con cada vez menos ilustraciones. Los Pirata Garrapata, Fray Perico o Cucho solo aparecían en la portada, iba a ser yo quien ilustrara sus andanzas: los continentes, los hábitats y las costumbres solo podían existir dentro de mi cabeza toda vez que decidiera montarme en el tren de aquellas páginas. <strong>Viajar así fue una experiencia maravillosa, pero como quien se traslada demasiadas veces al mismo sitio, acabé harto de los mismos lugares y de la sensación de decadencia que todo viajero intuye que se avecina, huyendo antes de que le atrape. </strong>Los piratas y los frailes aventureros solo pueden ser divertidos hasta el día que descubres que los piratas de verdad no tienen pata de palo y los frailes están muy lejos de ser tan aventureros como lo fue Perico. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni del armario empotrado de aquel aula de primaria ni de la estantería juvenil de la biblioteca municipal saldrían más conmigo aquellos libritos de lomo naranja o rojo. <strong>¿Dónde vivían los piratas y los frailes de verdad? Lejos de allí.</strong> Hasta el olor era diferente en aquellas baldas donde podía leerse ‘ficción’ y ‘ensayo’, tan opuestas a todo lo que hasta entonces había estado masticando que las sentía casi como parte de un territorio fronterizo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allí olía a pirata viajado y a fraile con muchos rosarios rezados. Allí, claro, vivían los piratas y frailes de verdad,  allí estaba la vida tal y como la contaban quienes la vivían y si tenían que imaginarla, la contaban muy parecida a como les hubiese tocado vivirla. <strong>Allí estaban Virginia Woolf, Hannah Arendt, Sartre y Camus, estaban Salinger y Emilia Pardo Bazán, y estaban también Hemingway, Carmen Martín Gaite y Delibes, y Víctor Chamorro, Dulce Chacón y cerca estaba también Landero. Y también estaba J. J. Benítez, porque la vida tambíen tiene sus bordes, y tambíen hay que palparlos. Y los palpé.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque mi profesora me recomendara, delante de toda la clase, dejar de leer aquellos disparates antes de que empezara a pensar que Dios era un extraterrestre, ya era demasiado tarde. Soñaba con que aquel armario empotrado estuviese lleno de extraterrestres con forma de ángel, y que saliesen en tropel a apagar las risas dislocadas de mis compañeros. Estaba a punto de acabar ‘Terror en la luna’, el primer libro suyo que leí. Acabaría con toda su bibliografía en unos años.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Soñaba con que aquellos ángeles existieran como lo contaba Benítez, con hábitat y continente propios, que pareciesen tan reales como reales creía que eran las sabanas donde pastaban las cebras y las girafas de los libros ilustrados, o las junglas donde reinaban los jaguares o los orangutanes.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las correrías tras los ovnis de Benítez descansan ahora en cajas de plástico junto con muchos otros libros, en una nave frigorífica donde en su día mis abuelos guardaban la carne. El libro que sujeto en la foto creo que sigue en mi cuarto. Ya no soy tan naturalista, <strong>he vuelto a la parte más alejada del borde, donde viven Delibes y Landero, y mi hermana sigue desapareciendo de cuando en cuando. Nos dejamos de querer como nos queríamos antes, pero nos seguimos queriendo de otra manera.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"> ¿Y el destino del próximo libro? Un misterio, pero tanto si acaba durmiendo en un armario lleno de extraterrestres, en un cajón de plástico o siendo el objeto central de una fotografía antediluviana, espero siempre que el viaje merezca la pena.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>ARGAMASA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 May 2026 16:24:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Queremos seguir pensando que si vamos en segunda mientras el resto va en quinta, llegará un momento en que, por arte de birlibirloque, acabaremos todos, con suerte, en tercera Hay...</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Queremos seguir pensando que si vamos en segunda mientras el resto va en quinta, llegará un momento en que, por arte de birlibirloque, acabaremos todos, con suerte, en tercera</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4615" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-768x1024.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-225x300.jpeg 225w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-1152x1536.jpeg 1152w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-450x600.jpeg 450w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-350x467.jpeg 350w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01-900x1200.jpeg 900w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-16-at-17.53.01.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una quedada familiar de la que no me importa convertirme en organizador, por agilizar. No tardo en arrepentirme cuando comienzan las complicaciones. Va uno mirando fechas para acoplarse a todas las posibilidades, al sitio, a los transportes, a las consecuencias de que alguien no pueda venir, a esto, a aquello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vas andando por la calle y te bajas de la acera para facilitar el paso al carro que viene, o al patinete. O en esa presentación en la que te quedas de pie y dejas la silla vacía, aunque te moleste un poco el pie izquierdo, porque seguro que hay alguien a quien le molestan los dos pies, o las dos caderas. Vas a la frutería y dejas tu turno a quien lleva dos ciruelas en una bolsa, o a la señora apurada que va a perder el autobús. Tienes mucho trabajo por delante, pero te llama una persona cuyo nombre no esperarías encontrar jamás a media mañana un lunes formando sin querer la silueta negra de la urgencia en el centro de la pantalla. <strong>Accedes a todo eso y más. Cedes. Entregas una parte de ti. Ceder, qué palabra, qué acto.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero pensar que en algún momento alguien se atreverá a considerar ese regalo como parte de la palabra solidaridad, o al menos, como una de sus acepciones. No está la suficientemente bien medido el valor que supone el de aceptar que sí, venga, no pasa nada, no tengo prisa, me da igual, no me importa, total, qué más da, no estoy tan ocupado, nada mujer, todo sea eso en esta vida. No sé qué sería del mundo sin esas personas que somos a veces, que deberíamos ser más. No digamos ya de quienes lo son siempre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay cierto vértigo en el momento en que se piensa en abandonar ese rito. Parar. Dejar de tragar. Que, toda vez que el resto de la existencia te considera el pegamento y la argamasa necesaria para que nada se derrumbe, decidas desistir. Pensarte más tú, que es lo que hace siempre el resto. Entonces el móvil deja de sonar, el del patinete te insulta, como el del carro. En la presentación oyes el murmullo de quienes se quejan de las pocas sillas libres. En la frutería, los bufidos ajenos se te acumulan en la nunca conforme pasan los minutos que un autobús no va a perdonar. Y el móvil, pasado un rato, deja en rojo la pantalla para marcar la perdida. <strong>No nos engañemos, lo hacemos por egoísmo.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quienes queremos seguir siendo parte de esa argamasa, vivimos más felices a menos marchas.<strong> Queremos seguir pensando que si vamos en segunda mientras el resto va en quinta, llegará un momento en que, por arte de birlibirloque, acabaremos todos, con suerte, en tercera.</strong> Decidiendo, quién sabe, que el mejor remedio es precisamente recordarle al resto que lo peor de ir tan rápido es que puede aparecer un obstáculo inesperado que no podrás esquivar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces cansa, por supuesto, pero es mejor así. <strong>Si el mundo no está ya en el suelo, es porque todavía estamos algunos aguantando los ladrillos</strong>. Aunque sea con un poquito de paciencia, de empatía, y de ganas porque todo salga bien. Aunque sea costa de nosotros mismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>LAS HOJAS DEL LIMONERO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 May 2026 08:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Lo bueno de ese espacio, aunque haya que escarbar mucho, es que siempre se acaba encontrando uno con uno mismo. </p>
<p>La entrada <a href="https://www.pagina72.es/2026/05/10/las-hojas-del-limonero/">LAS HOJAS DEL LIMONERO</a> se publicó primero en <a href="https://www.pagina72.es">Página 72 Tertulia literaria</a>.</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lo bueno de ese espacio, el de la feria del libro, es que siempre se acaba encontrando uno con uno mismo</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="797" height="1024" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-09-at-11.54.45-797x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4566" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-09-at-11.54.45-797x1024.jpeg 797w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-09-at-11.54.45-233x300.jpeg 233w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-09-at-11.54.45-768x987.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-09-at-11.54.45-1195x1536.jpeg 1195w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-09-at-11.54.45.jpeg 1220w" sizes="(max-width: 797px) 100vw, 797px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La primera vez que tuve conciencia de los cambios estacionales fue hace años, quizá siglos, y la culpa la tuvo el limonero que había en el patio de mis abuelos. Yo vivía con mi familia justo encima, en esa casa del pueblo, en pie todavía, que no conocía por entonces los límites legales de las viviendas independientes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde ahí, desde la terraza del piso, veía al limonero reverdecer, florecer, para luego cuajarse de esos perlones dorados y ácidos que convertíamos en parte imprescindible de merengues, bizcochos, o en secretos de buenas torrijas y magdalenas. A la vez que el limonero mudaba de piel, yo mudaba de página. Esa simbiosis crucial me ha acompañado toda la vida —quiero pensar que de algún modo todavía me acompaña— y viene lenta, como los correos importantes, otro mes de <strong>mayo que es, además de mes de romerías, inicio de festivales, primeras ferias y quedadas campestres y jardineras, el de las ferias de los libros.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Siempre he pensado que los que amamos las letras somos grupis silenciosos. Hay una espiritualidad serena y tranquila en la literatura que nos hace seres leves y relajados, o quizás sea precisamente el contexto el que nos baja la marcha. Nadie grita cuando ve llegar a la caseta de firmas a su autora favorita. Simplemente sonríe, mientras la ve caminar despacio hasta la silla desde donde dejará grabado en tinta un recuerdo frágil pero siempre potente en cada primera página. Es una escena muy diferente a la que podemos protagonizar en un festival o en un concierto. Por eso me gusta mayo, que aparte de ser <strong>el mes en que los limoneros me muestran desde bien temprano que la belleza necesita tiempo, es el mes de las ferias de la quietud, de la celebración de la intimidad, del sosiego. De los libros.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque no esté en esa racha lectora voraz que va y viene, como van y vienen los días en que se come helado, me gusta pasear los libros, caminarlos, moverme entre ellos y entre esas casetas donde se amontonan y se levantan formando paredes de imaginación ante un mundo que abomina de ella. Da igual si uno lee mucho, poco o nada. Sigue siendo un ejercicio interesante visitar las ferias de los libros y recorrerlas como quien recorre una playa buscando la relajación de los granos de arena entre los pies, o un casco histórico ávido de monumentos, porque ahí se siente lo que hay detrás de <strong>la sana costumbre de leer, que tiene mucho de meterse debajo de un paraguas cuando llueve ansiedad, prisa y necesidad de estar en todos lados todo el rato.</strong> Lo bueno de ese espacio, aunque haya que escarbar mucho, es que siempre se acaba encontrando uno con uno mismo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">No fue ni en la primera, ni en la segunda, ni en la tercera feria donde descubrí el primer libro que leía cuando reparé en los cambios que puede llegar a experimentar un limonero. Y yo mismo, claro, hasta la última hoja, y página. Fue hace relativamente poco cuando me reencontré con ese libro. Y lo primero que hice, antes que leer una frase o un párrafo, fue olerlo, como queriendo encontrar allí, entre las hojas amarillentas, el mismo aroma que me traje del colegio a casa, cuando lo robé sin que nadie se diese cuenta. <strong>Aquel perfume perdido no estaba, claro. Pero por un momento, yo sí. Leer también es eso. Y encontrarse entre las páginas, o perderse, pasa mucho ahí, en las ferias del libro.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>BLANDOS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 03 May 2026 08:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La salud mental, ese melón, cuya importancia entre todos estamos poniendo de manifiesto a la vez que la vilipendiamos con un absurdo individualismo, es otra herramienta como el deporte, el cine, o la gastronomía, al servicio de una idea y una filosofía, el poder blando, que no ha tenido que esforzarse mucho para convencernos de que solos somos más fuertes, y que no necesitamos a nadie más para cumplir con nuestras expectativas. Así se explica todo, desde que toleremos el expolio de la vivienda por parte de grandes grupos inversores internacionales, hasta la pirueta moral que supone rechazar la inmigración, pero celebrar goles extranjeros. </p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Desde el momento en que ponemos un pie en este mundo, el poder blando nos convierte en peones de una partida que se juega a muy alto nivel</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="880" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-01-at-13.49.22-1024x880.jpeg" alt="" class="wp-image-4552" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-01-at-13.49.22-1024x880.jpeg 1024w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-01-at-13.49.22-300x258.jpeg 300w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-01-at-13.49.22-768x660.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-01-at-13.49.22.jpeg 1220w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Hay en política un término preciso que define muy bien lo que de toda la vida se ha malentendido como diplomacia de segundo nivel o buenas relaciones, sin más. Puede que el invento, culpa de la situación geopolítica actual, esté ahora mucho más claro, pese a que todavía, con todas las herramientas con las que contamos, podamos ignorar mucho más de lo que nos podríamos atrever a conocer.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Es el poder blando. Explica, por ejemplo, que cada vez cueste más encontrar un ultramarinos que un bazar oriental. No, no es un alegato ultranacionalista. Es política, es diplomacia.</strong> Hasta hace no mucho nos hablaban de globalización. Hubo políticos con aroma carcelaria que lo redujeron al mercado, amigos. También puede ser. Pero hay más cosas ahí debajo. Como con todo, conviene rascar, porque si uno se queda en la superficie, con la cáscara, no hay fruta que guste.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El ejemplo del bazar se puede traspapelar fácil con un relato vacío y hasta políticamente hipócrita —sin ambages—. <strong>Nadie se rasga las vestiduras con el cine americano de superhéroes que se lleva por delante en taquilla a producciones independientes bastante dignas, ni nos ponemos exquisitos con la nacionalización ultrarrápida del último fichaje estrella del equipo.</strong> Sabemos muy bien elegir los sarpullidos. Pero convendría, a la vez, saber qué los producen. De la misma manera que nadie va a consulta directamente a culpar de las irritaciones al facultativo, es muy sano pararse a comprobar por qué hay sarnas que pican con más gusto que otras.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El poder blando no tiene nada que ver con las texturas. Es una mezcla de intereses compartidos, manejo funambulista del doble discurso y la hipocresía, y por qué no decirlo, tiene un poco de fatalismo psicopático.</strong> Explica también, por ejemplo, que empresas españolas en Arabia hayan metido millones para llenar el desierto de una alta velocidad de la que muchas regiones españolísimas, y orgullosas de serlo, todavía carecen. Explica también, conviene recordarlo, que seamos cómplices de holocaustos posmodernos mientras compartimos reels lacrimógenos desde campos de concentración reconvertidos en parques temáticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Oiremos cientos de veces que el paraíso occidental donde vivimos se está viniendo abajo, que nuestros valores están, o deben estarlo, más alineados con el mundo anglosajón de palomitas, hamburguesa, guerra justificada y centro comercial. Desde el momento en que ponemos un pie en este mundo, el poder blando nos convierte en peones de una partida que se juega a muy alto nivel, y que no somos conscientes de hasta qué punto se lleva por delante hasta nuestra propia percepción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal es así, que <strong>hemos aceptado, sin rechistar lo más mínimo, el mantra de los autocuidados y la autopercepción: la prioridad para con uno mismo. Solos, aislados en nuestras mínimas realidades. Una idea tramposa que no es más que el prólogo del manual del invento</strong>, un contrato que aún así, hemos firmado sin leer. Lo mismo para unas fotos, un reel, que para acatar que compartirnos, ser uno con cualquier otro, se considera una pérdida de libertad, un trasvase intolerable de límites que nos hace débiles, dependientes, emocionalmente inestables y esclavos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La salud mental, ese melón, cuya importancia entre todos estamos poniendo de manifiesto a la vez que la vilipendiamos con un absurdo individualismo y una estrategia medida de alienamiento, es otra herramienta como el deporte, el cine, o la gastronomía</strong>, al servicio de una idea y una filosofía, el poder blando, que no ha tenido que esforzarse mucho para convencernos de que solos somos más fuertes, y que no necesitamos a nadie más para cumplir con nuestras expectativas. Así se explica todo, desde que toleremos el expolio de la vivienda por parte de grandes grupos inversores internacionales, hasta la pirueta moral que supone rechazar la inmigración, pero celebrar goles extranjeros, por no hablar de la ceguera ante las causas que explican la violencia de género. Y nos quedamos tan panchos. Y blandos, como el poder nos quiere.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>LO QUE QUEDA DETRÁS DE LA PERSIANA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Apr 2026 16:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La mala noticia no es que un sitio cierre, es que se lleve todo consigo Algo se muere en el alma cuando cierran los sitios donde a la gente se...</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>La mala noticia no es que un sitio cierre, es que se lleve todo consigo</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/04/WhatsApp-Image-2026-04-26-at-17.22.18-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4547" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/04/WhatsApp-Image-2026-04-26-at-17.22.18-768x1024.jpeg 768w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/04/WhatsApp-Image-2026-04-26-at-17.22.18-225x300.jpeg 225w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/04/WhatsApp-Image-2026-04-26-at-17.22.18-1152x1536.jpeg 1152w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/04/WhatsApp-Image-2026-04-26-at-17.22.18-450x600.jpeg 450w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/04/WhatsApp-Image-2026-04-26-at-17.22.18-350x467.jpeg 350w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/04/WhatsApp-Image-2026-04-26-at-17.22.18-900x1200.jpeg 900w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/04/WhatsApp-Image-2026-04-26-at-17.22.18.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Algo se muere en el alma cuando cierran los sitios donde a la gente se le dice hola, adiós y hasta luego tantas veces que uno termina naturalizando que puede que no sea para siempre.</strong> No las personas especiales, que también. Si no el sitio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora que cuesta tanto sentirse bien incluso en casa —no digamos ya fuera de ella— duele saber que se caigan pedazos de otro hogar donde vive todavía algo de lo que se ha sido y se es, y se querría seguir siendo. <strong>Casa es donde uno se sabe con la única responsabilidad de estar a gusto. Cuando eso se acaba, cuesta hacer la mudanza.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese concepto tan quimérico que es la identidad, tan mal aprovechado, tan maltratado, sobrevive, al final, es espacios muy concretos. No suelen ser nunca sitios muy transitados, ni muy turísticos, porque esos sitios, los transitados y los turísticos, necesitan transformarse continuamente para que siga pareciendo que el mundo les tolera. Y aunque a quienes los regentan les gustaría que así fuese, es precisamente al contrario, porque la identidad no tiene nada que ver con los colores, las formas, las normas, ni ningún misterio insondable o ritual.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La identidad es eso que unos cuantos dejan a otros con el poco amor que les ha ido sobrando por el camino, y estos, a su vez, piensan en dejarle a los que vendrán después.</strong> No cabe entonces ningún odio ni ningún aparte. Es una operación de suma que no piensa en ningún cero, porque todo el mundo suele ganar más de lo que una vez pensó en jugarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando te cambia la cara, te salen canas, te duele la espalda, los pies, estás cansado otra semana y en el rostro se empiezan a anunciar las malas noticias, los lugares que no cambian salvo en lo importante están para recordarnos que el tiempo es eso que pasa solo cuando no prestamos atención a lo importante. Nosotros, y quienes nos lo hacen más fácil. Todo. Da igual que sea un bar, una pastelería, una mercería, una tienda de zapatos o un ultramarinos. Sí, hay sitios que si mueren se llevan con justicia todo lo que han sido, por supuesto. No todo el mundo se va sin merecerlo. Pero como todas las despedidas, las que duelen más son por supuesto, las inesperadas. <strong>Ahí se llevan, te dices sin decirte, porque no hace falta, otro lugar especial conmigo dentro. Y van tantos ya, que el día que quieras hacer el puzzle, claro, no te cabrán las piezas en ningún sitio.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La mala noticia no es que un sitio cierre, es que se lleve todo consigo. Queda la sensación que detrás de la persiana, aparte de los cubiertos, la caja registradora, los vasos, el mobiliario y la decoración, también están empaquetando a toda la gente que conociste, están metiendo en botes los recuerdos, y las risas se las llevan en tápers vete tú a saber dónde. Puede que a un sitio que poco a poco, según se van tirando tabiques, construyendo balcones y taladrando paredes donde se colgarán carteles nuevos, se queda uno solo consigo mismo, hasta que un día ya no eres capaz de recordar cuánto costaba aquella ración, si en el tirador tenían esta o aquella cerveza, o en la vinoteca había más vinos de la tierra que de la Rioja. O ya no recuerdas si fue allí o no donde, por primera vez, supiste que esa persona que fue capaz de aguantarte toda la noche, iba a ser capaz de aguantarte toda la vida. Cómo no va a doler.</p>
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		<title>ESPOSA AL TIEMPO</title>
		<link>https://www.pagina72.es/2026/04/19/esposas-al-tiempo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lázaro Caldera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Apr 2026 10:19:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[PAPELES EN LOS BOLSILLOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ahora que ya hace calor, y la piel del brazo se empieza a tostar, el reloj sigue ahí, aunque no esté, dejando su silueta blanca en la muñeca, como la marca de un mueble que se han llevado a otro lugar dentro de un hogar ya ruinoso que necesita reformas. Me recuerdo en un tiempo en que la muñeca y el resto del brazo tenían el mismo color, cuando todavía no sabía siquiera lo que era leer todas las horas desde una pantalla redonda en lugar de rectangular. Y es una sensación claustrofóbica.</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Hay una manera extraña en considerar al reloj como una herramienta necesaria, pero llega de repente una fase de la vida en la que el tiempo se aparece como una entidad que solo existe al nombrarla</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1536" height="864" src="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/04/WhatsApp-Image-2026-04-19-at-12.14.10-edited.jpeg" alt="" class="wp-image-4538" srcset="https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/04/WhatsApp-Image-2026-04-19-at-12.14.10-edited.jpeg 1536w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/04/WhatsApp-Image-2026-04-19-at-12.14.10-edited-300x169.jpeg 300w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/04/WhatsApp-Image-2026-04-19-at-12.14.10-edited-1024x576.jpeg 1024w, https://www.pagina72.es/wp-content/uploads/2026/04/WhatsApp-Image-2026-04-19-at-12.14.10-edited-768x432.jpeg 768w" sizes="(max-width: 1536px) 100vw, 1536px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Hubo una época que a mi familia le dio por regalarme relojes. Empecé a acumularlos, creo, allá por la comunión. Estrené esa rara colección con un Casio, que es el único que recuerdo, junto con otro que vino poco después, enorme, con la correa de cuero y una esfera inmensa que me sobresalía por la muñeca. Vinieron algunos más de los que me he olvidado.<strong> Nunca he sido muy de usar reloj. Hasta que me dio por correr.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Compré un reloj deportivo y ahí está, agarrado a la muñeca, marcándome datos de mi cuerpo que ni siquiera sabía que eran ponderables ni medibles. Es útil, sí. Pero me ha costado acostumbrarme.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Usar reloj es como usar una esposa al tiempo.</strong> Se ancla uno a ese sistema en el que no obedecer las reglas del número implica retrasos, posibles reprimendas, y ese pecado ateo que asusta tanto a unos y es casi un deporte para otros: llegar tarde. Aún así, pese a ser de los últimos en llegar al club, siempre he sido puntual, salvo rarísimas excepciones, y no me he visto en la obligación de anclar mi muñeca a esa esclavitud. Salvo el móvil, reloj de auxilio, el reloj nunca me ha acompañado. Hasta ahora.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Hay una manera extraña en considerar al reloj como una herramienta necesaria, pero llega de repente una fase de la vida en la que el tiempo se aparece como una entidad que solo existe al nombrarla.</strong> Ni siquiera es palpable, tangible, es una invención que nos ha ayudado a darle sentido matemático a los inicios, a los finales, a la inmensidad y a la finitud, pero que, llegado a ese punto en el que quedan menos vueltas de manecilla por detrás que por delante, empieza a pesar tan poco que casi puede salir volando, sin carga alguna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora que ya hace calor, y la piel del brazo se empieza a tostar, el reloj sigue ahí, aunque no esté, dejando su silueta blanca en la muñeca, como la marca de un mueble que se han llevado a otro lugar dentro de un hogar ya ruinoso que necesita reformas. Me recuerdo en un tiempo en que la muñeca y el resto del brazo tenían el mismo color, cuando todavía no sabía siquiera lo que era leer todas las horas desde una pantalla redonda en lugar de rectangular. Y es una sensación claustrofóbica.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sin reloj, qué tontería, uno puede pensar en una longitud mayor de los días. Con él, en cambio, siempre quedan horas hasta otro comienzo, y hay un final desde un principio.</strong> No, no me gustan los relojes, pero tengo que reconocer que nos hacen más fiables, aunque eso suponga, qué le vamos a hacer, esposarnos al tiempo del que nos permiten acordarnos, al que nos mantienen anclados, o del que huimos, pese a su omnipresencia desde una muñeca.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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